Revista Anestesia

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CUENTO INTERNACIONAL

Autora: Adriana E. Gaona

Julio 2022

 

Sinti√≥ sus manos acariciarle las piernas. Una l√ļbrica respiraci√≥n le eriz√≥ los vellos de los muslos y crey√≥ que su boca se abalanzaba para chuparle el pito.¬† La punta, su Vesubio.¬† Una erupci√≥n lechosa fluy√≥ conquistando aquella alfombra turca que tanto cuidaba su madre.¬† Ah√≠ tirado en el piso, al centro de la sala, Alfredo se dej√≥ envolver en la m√°gica sensaci√≥n de ser el pr√≠ncipe Hussein.

Abri√≥ los ojos con la mente a√ļn diluida en dopamina y sin lograr enfocar nada concreto pero, en su mente rezumb√≥ el grito de su madre diciendo, no dejes que Santo (el ovejero de 10 meses que come casi un kilo de pollo al d√≠a) est√© chingando en la sala, si ensucia mi alfombra turca, los mando al jard√≠n a los dos.

Intent√≥ incorporarse, cuando su mano derecha se hundi√≥ en el semen a√ļn fresco que por descuido cay√≥ sobre los pelillos te√Īidos de caf√©.¬† Se estir√≥ la playera que ya de por s√≠ le quedaba grande para ensayar una suerte de limpieza superficial.¬† In√ļtil, embarr√≥ a√ļn m√°s el accidente del gozo.

Jueves de dominó

 

Autor: Mauricio Y√°√Īez

Julio 2022

 

Fue un jueves de dominó cuando decidí matar a Leonardo Escorza, mi némesis. Los jueves por la noche celebraba juegos de dominó con un grupo de amigos.

                        Leonardo Escorza fue mi subordinado en la institución donde laboraba. Desde su ingreso me provocó un ahogado desasosiego. Su mirada estrambótica y su mofletuda voz me crispaban los nervios. Nunca sabía con exactitud qué pensaba, ni sus motivaciones interiores. Leonardo me resultaba un enigma. Llegó por una recomendación del director, como muchos de los que ahí nos empleábamos.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Era eficiente con sus funciones, en ocasiones hac√≠a m√°s de lo solicitado. En sus primeros d√≠as, se manej√≥ con una sobrada docilidad para evitar que yo decidiera ponerlo a disposici√≥n de otra √°rea. Silencioso y servicial hasta el hartazgo. Con su facha ratonera se gan√≥ la tolerancia, incluso la simpat√≠a, de algunos de sus compa√Īeros de trabajo. Cultiv√≥ muy pocos amigos o, mejor dicho, ning√ļn amigo, quien le hablaba pretend√≠a sacar algo de provecho. Al tiempo, pude reconocer la mano de Leonardo en el trabajo entregado por otros miembros del equipo. Silenciosa como todo √©l, pero exacta, con la precisi√≥n milim√©trica de un experimentado artesano.

El retrato de pap√°

 

Por Felipe Díaz

Julio 2022 

Imagen: Norma Ascencio

 

Ese retrato que tantos a√Īos mir√© con cari√Īo, que iluminaba la cabecera de mi cama, ahora est√° confinado en el fondo de una caja de cart√≥n ajado, junto con otros dolorosos recuerdos que est√°n vetados. En la fotograf√≠a se ve el perfil y los brazos de mi padre, alz√°ndome al aire. Yo, riendo con ganas, con la brisa de la playa paseando entre mi generoso y libre pelo crespo. Ten√≠a seis o siete a√Īos.

 

Mi madre, mi resignada viejita, aislada en la soledad de su cocina, empez√≥ a cosechar canas cuando mi padre se fue. Al inicio del abandono, pap√° hac√≠a una que otra visita espor√°dica. Yo me alegraba. Me llevaba a jugar al parque y a comprarme ropa y juguetes, luego me le√≠a alguna historia. Pero la felicidad duraba solo unos d√≠as. Cuando la sombra de la ausencia apagaba los obsequios y los libros de cuentos, yo le lloraba con un silencio enfermizo, ahogando los sonidos para que mam√° no se diera cuenta. Ella, por su lado, estiraba los pesos hasta la siguiente visita, o compraba harina, nueces, az√ļcar, y dem√°s ingredientes para hacer pasteles que vend√≠amos en el bazar.

Defección

Autora:  Rocío García Rey

Julio 2022

 

 

Mis verdaderos documentos eran falsos.

H .CIXOUS

 

I

La necesidad de recrear la historia me hac√≠a buscar hombres que en clave llam√© EGL (exguerrilleros latinoamericanos) y ECL (excombatientes latinoamericanos). Era la historia particular la que deseaba escuchar de G, F, J, daba igual el nombre. Se trataba de seres que en alg√ļn tiempo hab√≠an cre√≠do en el significado de la palabra insurrecci√≥n. Sab√≠a c√≥mo detectarlos, lo aprend√≠, debo reconocerlo, lentamente. Observaba, escuchaba cuando disfrazada estaba de profesora de literatura. Sus rostros sombr√≠os me daban la primera se√Īal, pero la particularidad estaba en la mirada, esa mirada que expresa que el cuerpo est√° anclado a un espacio f√≠sico, pero la memoria, el desdoblamiento de lo acontecido era en realidad lo que estaba impregnado en ellos. Algunos segu√≠an usando una boina; otros simple y sencillamente usaban un modesto saco de pana.

 

Superpoderes

Autora: Astrid Velasco

Junio 2022

 

El poema que no digo,
el que no merezco.
Miedo de ser dos
camino del espejo:
alguien en mí dormido
me come y me bebe
.

Alejandra Pizarnik

 

 

‚ÄĒA veces, me gustar√≠a ser invisible ‚ÄĒme dijo‚ÄĒ, para escuchar todo lo que los dem√°s dicen.

‚ÄĒYo ‚ÄĒle contest√©‚ÄĒ, si tuviera superpoderes, desear√≠a algo m√°s letal, la invisibilidad me resulta detestable. O√≠r las ajenas conversaciones no, porque si a√ļn no he llegado a desear asesinar a alguien, es posible que entonces¬†tenga¬†que hacerlo‚Ķ los poderes hay que desplegarlos con el cuerpo presente y, si es posible, con estilo, y como matar a alguien est√° fuera de discusi√≥n, quisiera poder teletransportar a unos cuantos a un lugar lejano, a otro continente.

Nos reímos y repasamos a quiénes extraeríamos de sus lugares para llevarlos a otros, de preferencia recónditos y fríos. Tengo una lista no muy grande, pero lo suficientemente cuantiosa para anhelarlo.

Luego, recordamos otras fantas√≠as: que los extraterrestres abdujeran a tal o cual persona, pero, como en la televisi√≥n, succion√°ndolos dram√°ticamente por los aires, lentamente, hasta que su silueta empeque√Īecida se perdiera en el luminoso hueco de la nave o, incluso, una m√°s pedestre: tener una cerbatana de tranquilizantes, como las que usan en los zool√≥gicos, y as√≠ callar con el solo impulso de los pulmones a quienes merecen m√°s dormir que hablar. ¬°Y vaya que los hay! Nos volvimos a re√≠r.

Hacer lo inexplicable

 

Autor: Alejandro Serna

Mayo 2022

 

 

Muchos se preguntan por qu√© despu√©s de haber matado a sus padres a√ļn me sigue visitando en la c√°rcel. El amor. No hay otra respuesta. No hay otro motivo para hacer lo inexplicable.

La historia comenz√≥ cuando llegu√© a trabajar en la finca de los Alzate gracias a la recomendaci√≥n de un primo. Era una finca ganadera en la que siempre manten√≠an entre ochocientas y mil reses, por fortuna hab√≠a seguridad privada y algunos empleados por temporadas, yo √ļnicamente me encargaba de la administraci√≥n. Ten√≠a una amplia casa en la que viv√≠a con mi mujer y mis dos hijos que a√ļn no ten√≠an edad para ir a la escuela; sin duda el mejor trabajo que he tenido, porque antes s√≠ tuve que comer mucha mierda en otras partes, cogiendo caf√©, desyerbando y todo lo dem√°s. Esa finca, El Descanso, era un para√≠so, un sue√Īo.

 

El Chivo Lector

 

Autora: Kyra Galv√°n Haro

Mayo 2022

 

 

Deambulaba en las inmediaciones de las ruinas de la Hacienda de San Juan Bautista, que actualmente pertenece a la Universidad del Estado. La propiedad se encontraba muy deteriorada porque la instituci√≥n no ten√≠a recursos para reconstruirla, mucho menos para mantener los terrenos adyacentes en buena condici√≥n. La tierra era dura y seca y llena de hierbajos que crec√≠an desordenadamente por todos lados y cubierta, en gran parte, por los excrementos del ganado vacuno y los perros sin due√Īo que merodeaban por ah√≠. Aunque eso era algo que a √©l no le preocupaba en lo m√°s m√≠nimo.

Mir√≥ con detalle los brotes de hierba fresca que se esparc√≠an por aqu√≠ y por all√°. Dud√≥. En alg√ļn otro momento los hubiera preferido, pero habiendo probado por primera vez las delicias de la lectura, una tarde rojiza y olvidada, ya nada le sab√≠a igual desde entonces. Por esta raz√≥n dio una vuelta de ciento ochenta grados en busca de una comida m√°s sustanciosa desde el punto de vista intelectual.

 

Hora Pico

Autor: Jaime Martínez   

Imagen: José Luis Pescador 

Un mar de gente lo remolina hacia el vagón. Todos quieren llegar puntuales al inicio de sus labores. El andén no es suficiente para albergar a tanta gente. Carlos es empujado poco a poco hacia la línea de seguridad, parece un muerto sostenido por algo milagroso mientras espera el tren que lo reciba y lo traslade a su empleo. Su pensamiento está en otro lugar. Alguien dice que tomen su sana distancia. Varios usuarios le contestan mentándole la madre. Por fin llega el tren. Es adentrado por la gente que antes lo sostenía. Parado lo acomodan hasta el rincón del vagón ya sin tapabocas

Arenga contra un autor

 

Por Ulises Paniagua

Abril 2022

 

Quiero ejercer este texto a modo de denuncia contra quien mal me escribe, un tal Ulises Paniagua. Acudo a la garantía de mis derechos literarios, si tal categoría existe, porque no me hallo satisfecho ya no digamos de existir, sino de sobrevivir en estas líneas prontas a publicarse. Deben saber que convertirse en protagonista de un relato es una tarea ardua, muchas veces injusta. Cuando eres un tipo creado por otro no tienes oportunidad de defender los pensamientos propios, las convicciones, de externar las contradicciones internas. Una o uno se convierte en la víctima de un oráculo que se va gestando, de manera ineludible, en la libreta o la pantalla de laptop de un autor con una vida miserable, mediocre, sin que se logre detener la catástrofe que se avecina. Un personaje se halla indefenso ante tales excentricidades y exploraciones. Es humillante. Puedo garantizarlo: un narrador de ninguna forma se aproxima a la idea de un Zeus o una deidad digna de registrarse en el Chilam Balam

Autora: Maria Graciela Guzmán Perera. 

Abril 2022

 

“Cuitas amorosas entre Diego y Paquita “

¬°Shiiiiip! ¬°Jarooooocha!- gritaba la vocecilla. ‚ÄĒ¬°Jarochaaaaa! ¬ŅEst√°s ah√≠? ¬ŅVives en la repisa de arriba?

La jarocha despertó con dificultad.  ¡Ahhhhhhhhhh!  Bostezó largamente, con gran pereza abrió sus ojos y afinó el oído.

-¬ŅQui√©n eres? ¬ŅPorqu√© me despiertas a las tres de la ma√Īana?¬† Yo por la ma√Īana tengo que estar lista para lucir mi belleza, en mi traje blanco como la espuma del mar, mi falda amplia para bailar, mi quexquemetl de encaje y delantal de sat√≠n negro bordado con flores rojas, me colocar√© mis aretes, mis medallas y retocar√© mi peinado recogido de lado con un cachirulo adornado de claveles, siempre del lado izquierdo. Acu√©rdate que yo soy soltera.

-¬°Hay Jarocha! ¬°Cu√°nto rollo! Tu bien sabes que ya est√°s vestida y peinada, alguien vendr√° a quitarte el polvo, pero no lo puedes hacer tu. El tiempo te sobra y no te ha deteriorado.¬† Dime, ¬ŅMe recuerdas?¬† Yo me acuerdo perfecto de tu traje y de tu tocado aunque la verdad, no me fij√© de qu√© lado estaban tus flores y qu√© significado ten√≠a tenerlas a la derecha o a la izquierda.¬†

Mujer de humo

 

Autor: Oliet Rodríguez Moreno

Abril 2022

 

 

Todos los viernes terminaba las clases en la universidad al mediod√≠a e invariablemente me asaltaba la necesidad de conquista. Algo dentro de m√≠ se activaba y me convert√≠a en un cazador, ¬Ņo acaso alguna vez dej√© de serlo? Hered√© la costumbre de un familiar lejano que le toc√≥ vivir en las cavernas y que de tanto cazar, trastoc√≥ su necesidad en placer y m√°s tarde en adicci√≥n. Tengo la misma gen√©tica, √©l buscaba la carne de animales que mataba para sobrevivir y yo carne viva que aliviara mi hambre de mujer. En las noches se exacerbaban mis instintos y cualquier reuni√≥n familiar o de amigos resultaba el pretexto perfecto para buscar una v√≠ctima que terminase conmigo en la cama.

 El Dragón de oro

Autor: Arturo Galàn de la Barreda.

Marzo 2022

 

 

Eugenio Santib√°√Īez miraba absorto las fauces abiertas y los ojos oscuros y penetrantes que parec√≠an dirigirse hacia √©l. Si no fuera por el vidrio que los separaba, habr√≠a retrocedido unos pasos para tratar de protegerse de ese hermoso y aterrador drag√≥n que lo estudiaba a √©l igual que¬† lo hac√≠a Eugenio con ese monstruo en aquel momento. ¬°Es enorme y parece real! Pens√≥ Eugenio,¬† admirando una de sus garras que se lanzaba hacia adelante y la perfecta brillantez de su cuerpo dorado como el oro. Nunca hab√≠a visto una figura similar de tal finura, detalle, fuerza y majestuosidad. Le extra√Īaba adem√°s la vitrina que exhib√≠a esa magn√≠fica figura, pues no conten√≠a ninguna otra cosa m√°s que ese gran drag√≥n iluminado por una extra√Īa luz mortecina y junto a la vidriera una √ļnica puerta de madera antigua labrada con unos signos chinos y con unos herrajes de metal dorado y en el centro una aldaba redonda de grandes proporciones.

Pinome xoxome

 

Autora: Rocío García Rey

Marzo 2022

 

Nunca imagin√≥ que el verde, el color que sosten√≠a su vida, pudiera tomar otro sentido. Fue aquel d√≠a en que no hicieron falta l√°tigos para que su cuerpo sintiera todo el dolor emergido de la tierra. Ni siquiera los sonidos de afuera parec√≠an ser los mismos, porque los escuchaba lentos, muy lentos, como si llegaran de un sue√Īo lejano y √°rido. Mejor aferrarse a la imagen que desde ni√Īa qued√≥ grabada en su memoria: aquel abrazo que le obsequi√≥ su abuela, luego de que la ni√Īa aprendiera a curar el metate.

Ahora el verde la ahogaba hasta sentirse muda por la extendida pesadumbre. Entraron rápido. Los de verde pronunciaron algo que ella no entendió,. Miradas de aviso, los ojos de los hombres pronunciaban hambre, pero no la de la tortilla y los frijoles. Su hambre era la de los que caminan por los desiertos, aquellos que pronto aprenden que la rebeldía es la prohibición sagrada para, acaso, rebelarse contra aquellos que se habían apropiado de las tierras; aquellos que fueron multiplicandose como las balaceras que se convirtieron en parte del paisaje cotidiano.

Susurros

 

Autora: Lizeth Jacqueline Gutiérrez Pérez

Febrero 2022

 

√Čl movi√≥ un poco los hombros y estir√≥ la espalda, esper√≥ unos momentos por si ella se mov√≠a, pero se mantuvo quieta, derrumbada. Se sent√≥, apart√≥ las s√°banas de su cuerpo con un movimiento controlado, se levant√≥. Pase√≥ unos segundos por la habitaci√≥n por si ella notaba su ausencia y se despertaba. Tom√≥ la silla que estaba en la esquina y la coloc√≥ frente a su esposa. Se sent√≥, puso los codos en sus rodillas y recarg√≥ la barbilla en sus manos. Comenz√≥ a susurrar.

‚Äď ¬ŅRecuerdas cuando fuimos a aquella exposici√≥n hace unas semanas? Te dije que era una exhibici√≥n de arte moderno de un nuevo artista independiente, no puedo creer que lo creyeras, aunque yo tambi√©n lo hubiera cre√≠do, los estropajos que ten√≠an esas mu√Īecas eran‚Ķ ya sabes, interesantes, coloridos y eso. El punto es que no solo es un artista, tambi√©n es alguna clase de inventor-comerciante, que hace no tanto vend√≠a mu√Īecas extra√Īas, bastante realistas, pero algo escalofriantes.

 

Oliet Rodríguez Moreno


LA RATA

Mi hermano es una rata. A veces quisiera arrancarle su cabeza con mis dientes y escupirla después de masticarla hasta hacerla una masa a punto de tragar, pero no puedo porque su cráneo no cabe dentro de mi boca. Si no se pareciera a mí, dudaría de que fuese mi sangre. A su lado yo soy transparente, me vuelvo insignificante mientras él habla y todos le ríen sus ocurrencias. Lo hacen porque no lo conocen como yo, que bien sé que es una rata.

Dame un like

Por Jorge Negrete Casta√Īeda

 

En el metro muchos j√≥venes y viejos van con los aud√≠fonos conectados al celular; escuchan m√ļsica, chatean o juegan con las aplicaciones de moda. Aislados del mundo. Tambi√©n se ven personas que paran las orejas para escuchar las conversaciones ajenas, pelan los ojos para ver lo que se escribe o s√≥lo observan en silencio a los que los rodean, pero s√≥lo son unos pocos minutos, el viaje es tan fugaz como parpadear. A esa profundidad y gran velocidad de estaci√≥n a estaci√≥n suceden cosas, igual que en la superficie.

Vértigo

Fernando Yacam√°n

 

La transición es siempre un alivio. Destino significa muerte para mí.

Si pudiera encontrar una manera de permanecer para siempre en transición,

desconectado y desconocido, podría permanecer en un estado de libertad perpetua.

Las cuidadoras

Autora: Sara Schmidt

Enero 2022

                          

Mam√° contrat√≥ a un par de j√≥venes para que la ayuden con las labores de la casa. Una se encarga de la cocina y la otra de la limpieza y cuando sale, nos cuidan, a mis hermanos y a m√≠, qu√© ya no somos peque√Īos. Clara y Benita, Benita y Clara; dicen que son primas, pero no se parecen en nada. Clara es gordita, labios gruesos, pelo corto, ojos oscuros, sonr√≠e y me habla como si me quisiera. Benita es flaca, chaparra, labios delgados; una larga trenza cae sobre su espalda, tiene el ce√Īo fruncido y me rega√Īa a diario.

Presentación del libro

Marcelo Pereira Rodrigues

Diciembre 2021

 

Una lluvia torrencial cae sobre Belo Horizonte. Estacionado en frente del Palacio de las Artes, un taxi espera impaciente la bajada del pasajero, que, aun llevando un paraguas, tiene en el maletero dos cajas pesadas de libros para cargar. El taxista no parece dispuesto a ayudar. Por lo menos, apaga el taxímetro. En el asiento de atrás, Gregório, incomodado, intenta entablar una conversación, pero nada más allá del tiempo.

‚ÄĒ No quiero hacerle perder su tiempo. En cuanto pare un poco, prometo bajar. Mira, parece que est√° menguando‚Ķ

El taxista sonr√≠e y comprende la situaci√≥n. Greg√≥rio contin√ļa:

‚ÄĒ Adem√°s, dentro de quince minutos comienza el evento. Necesito llegar unos diez minutos antes para exponer los libros. De cualquier forma, de aqu√≠ a cinco minutos salgo.

Anticoagulante

Autora: Teresa Constanza Rodríguez Roca

Diciembre 2021

Imagen: Verónica Fernández

Mart√≠n deb√≠a morir como una rata, el maldito Mart√≠n. Imag√≠nense ustedes, qui√©n hubiera cre√≠do que ese mamarracho fuera un d√≠ler disfrazado de simple cuidante nocturno en el conventillo donde Silena termin√≥, mi ni√Īa bonita, de cabello casta√Īo claro y ojos como la miel; era talentosa, buena en los estudios, sus maestros y compa√Īeros la admiraban, tal vez por cre√≠da tom√≥ el camino chueco; de a poco se volvi√≥ nerviosa, huidiza, se ocultaba sin motivo bajo la cama donde ten√≠a un mont√≥n de botellas vac√≠as de pisco. Es que la droga no se presenta sola, viene con el trago y la prostituci√≥n, como le toc√≥ a mi adorada hija.

El invento de millones 

Autor: Abraham García Alvarado

Diciembre 2021.

para Alfredo

El invierno de mil novecientos noventa y siete fue uno extra√Īo y triste para Livia Martina Malinak. Ella siempre hab√≠a querido pasar una blanca navidad en¬†New York City, pero en su primer viaje a la Gran Manzana el clima le dio una sorpresa. Durante esa estaci√≥n no nev√≥ y seguro fue por un estornudo del calentamiento global y la fiebre de los cambios clim√°ticos. Por ocho semanas el √°rea¬†tri-estatal¬†de New York, New Jersey y Connecticut, en la costa noroeste de los Estados Unidos, experiment√≥ un invierno corto de lloviznas espor√°dicas. Y Martina no cumpli√≥ el sue√Īo de ver nevar sobre¬†42nd¬†Street. Aquel esperado momento que la joven y rom√°ntica Martina quer√≠a presenciar cuando la nieve cae sobre la bola de Times Square en el a√Īo nuevo, no pas√≥. En segundo plano exist√≠a el sue√Īo cursi de visitar el paisaje del Verrazano Bridge porque su pel√≠cula favorita es¬†Saturday Night Fever, y esto s√≠ lo cumpli√≥.

Chicago

 

Autor: Luis Felipe Lomelí 

Noviembre 2021

41¬į53‚Äô55.9‚ÄĚ Norte

87¬į37‚Äô24.3‚ÄĚ Oeste

Entramos al John Hancock Center después de estar en la playa y recorrer el centro de la ciudad. A cada cosa que veíamos, lo que me preguntaba Andrew era alguna variación de lo mismo:

‚ÄĒ ¬ŅHab√≠as visto un lago tan grande?

‚ÄĒ ¬ŅHab√≠as visto edificios tan grandes?

‚ÄĒ ¬ŅHab√≠as visto calles tan grandes?

            Incluso me preguntó, cuando nos detuvimos para comer el luch de mediodía, si había visto hamburguesas TAN grandes como la Grande Mac.

Monólogo interior de un e-book

Autor: Umberto Eco

Noviembre 2021

 

Hasta hace poco yo no sab√≠a qu√© era. He nacido vac√≠o, si puedo expresarme de este modo. Ni siquiera era capaz de decir ‚Äúyo‚ÄĚ. Luego algo ha entrado en m√≠, un flujo de letras, me he sentido lleno y he empezado a pensar.

Naturalmente, he empezado a pensar lo que me hab√≠a entrado. Una magn√≠fica sensaci√≥n, porque pod√≠a sentir en bloque lo que ten√≠a en mi memoria, o recorrerlo l√≠nea a l√≠nea, o saltar de una p√°gina a otra.El texto que yo era se llamaba ‚ÄúDel libro al e-book‚ÄĚ. Es un golpe de suerte que alguien, creo que debo llamarlo mi usuario o mi amo, me haya metido ese texto, del cual he aprendido mucho sobre qu√© es un texto.

Paseo nocturno

Autor: R√ļbem Fonseca

Noviembre 2021

Llegu√© a casa con la carpeta repleta de papeles, relator√≠as, estudios, investigaciones, propuestas, contratos. Mi mujer, quien jugaba solitario en la cama, vaso de whisky en mano dijo sin apartar los ojos de las cartas, ‚Äúse te ve un aire cansado‚ÄĚ. Escuch√© los sonidos de la casa: mi hija en su dormitorio practicaba la impostaci√≥n de la voz; hab√≠a m√ļsica cuadraf√≥nica en el dormitorio de mi hijo. ‚Äú¬ŅNo vas a dejar ese malet√≠n?‚ÄĚ, pregunt√≥ mi esposa, ‚Äúqu√≠tate esa ropa, bebe un whisky, necesitas relajarte‚ÄĚ.

Me dirig√≠ a la biblioteca, el lugar de la casa donde gusto de aislarme. Como siempre, no hice nada. Abr√≠ el volumen de pesquisas sobre la mesa, no ve√≠a las letras ni los n√ļmeros; s√≥lo esperaba. ‚ÄúNo paras de trabajar, apuesto a que tus socios no trabajan ni la mitad y ganan lo mismo‚ÄĚ, dijo mi mujer mientras entraba en la sala con el vaso en la mano, ‚Äú¬ŅYa puedo mandar a servir la comida?‚ÄĚ

El melómano

Noviembre 2021

Autor:Víctor Cuchí Espada

Con dedos temblorosos guard√© el disco en su car√°tula y de inmediato pens√© que en la historia de la m√ļsica n√≥rdica tan s√≥lo ha habido cuatro genios: Edvard Grieg, Wilhelm Stenhammar, Carl Nielsen y Jean Sibelius. Me pregunto si Charles Ives pens√≥ alguna vez que nos ofend√≠a cuando opin√≥ que la m√ļsica de Sibelius era ‚Äúafeminada‚ÄĚ. Respeto a Ives; esta apreciaci√≥n me duele y creo que hablaba por envidia, porque en vida √©l nunca disfrut√≥ de la estimaci√≥n de un p√ļblico como lo hizo el maestro finland√©s; por el contrario, fue su testigo o, m√°s bien, su oyente. Estados Unidos ten√≠a entonces pocos pr√≥ceres musicales. Finlandia s√≥lo uno. Uno. Gran fardo que un pueblo te elija como su vocero.¬†

Nunca regresó a casa

 

Noviembre 2021

 

Taller Luxindra (cuento colectivo)

El siguiente relato breve es resultado del Taller de Creaci√≥n Literaria ‚ÄúC√≥mo escribir un cuento de terror contempor√°neo‚ÄĚ (Taller Luxindra), impartido por Ulises Paniagua. Se escribi√≥ a doce manos, bajo el entendimiento de que la Literatura es creaci√≥n colectiva. Esperamos les guste.

No puedo recordar c√≥mo era la vida antes, porque he vivido siempre con miedo. Hoy en d√≠a, salir no es una opci√≥n. Este b√ļnker lo construy√≥ mi madre para mantenernos a salvo una vez que comenzaron los ataques. Han pasado a√Īos; apenas he podido asomarme, de vez en cuando, a contemplar la luz del sol.

Vienen principalmente por las noches, cuando la obscuridad cobija sus actos. Pero pueden aparecer a cualquier hora. El nivel de su salvajismo es sabido por nosotras. Degollan, descuartizan, persiguen.

La hija boba

Autor: David Kolkrabe

Octubre 2021

1.

Como todos los d√≠as desde que aprendi√≥ a valerse por s√≠ misma, Teresa prepar√≥ el almuerzo para su madre luego de limpiar la casa. Era la hija boba y √ļnica de un matrimonio que empez√≥ a desmoronarse por culpa de los temores que significaban enfrentarse a la crianza inusual de una persona que requer√≠a m√°s cuidados de lo normal. Aquella tarde, Remedios invit√≥ a Rosario, una de sus amigas m√°s cercanas, a comer con ellas. Le ten√≠a gran afecto porque fue la √ļnica que le ayud√≥ en la crianza de Teresa cuando deb√≠a irse a trabajar o cuando necesitaba dinero para sus gastos.

La alarma son√≥ y despert√≥ a la ni√Īa, que pronto cumplir√≠a dos d√©cadas de vida, de su siesta matutina. Ten√≠a la costumbre de sentarse en su cama, con la espalda corva y la mand√≠bula desencajada, mientras miraba hacia la pared y algunas gotas de saliva ca√≠an por las comisuras de sus labios. Luego, una segunda alarma la despertaba de su letargo, se levantaba y mec√≠a a su mu√Īeca como beb√© hasta que el sonido cesaba. Le gustaba el rosa y sol√≠a vestir con pintorescas faldas de tut√ļ y un camis√≥n. Se puso sus zapatillas y fue a la cocina a servir el plato de su mam√°.

Orfandad

Autora: Rocío García Rey

Octubre 2021

Sientes la noche como un oleaje inesperado. Mar inexistente dentro de tu peque√Īo departamento, aunque las olas imaginarias hacen que tu coraz√≥n se acelere d√°ndole forma en tu cuerpo a la ansiedad. Hay una mirada que quisieras que desapareciera instant√°neamente. No es que ignorares los cambios, no es que no sepas c√≥mo inici√≥ aquella transformaci√≥n. Lo sabes, han pasado dos a√Īos ¬Ņtres?¬† Pero ese cambio, te das cuenta, no deja de conmoverte, de hacerte sentir atrapada dentro de la derrota. La propia mirada se une al conocimiento de que has llegado a la madurez. Quedan en el pasado aquellos domingos en que junto con aquel joven que estudiaba literatura, te sumerg√≠as completamente desnuda en tu tina de ba√Īo. La memoria te abrasa el cuerpo, y es entonces que la inmovilidad te atrapa. Es con la ausencia de movimiento que s√≥lo en la memoria reconoces la impronta que ha quedado en tus letras, en tus sue√Īos, incluso en la maravilla de que ella haya partido.

Alguien m√°s tomar√° este asiento

Septiembre 2021

Autor: Octavio Ollin

Durante todo el trayecto estuve callado detr√°s de ustedes. Acu√©rdate. No me hagas enfurecer otra vez. Tu pap√° conversaba contigo de manera discreta, pausada y distante. Para m√≠ solo hubo una m√≠nima muestra de atenci√≥n. Pocas palabras nada m√°s. Yo quise alargar un poco la conversaci√≥n, pero no pude porque a cada latido los nervios me brotaban de la piel, como ahora mismo. Y t√ļ te mantuviste todo el tiempo silenciosa, perdida en la indiferencia, con ese rostro inexpresivo al lado de tu padre. ¬ŅMe presentaste con √©l? Esfu√©rzate en acordarte. Las mujeres son como un cofre de memorias.

As√≠ como est√°s sentada, as√≠ estuve esa tarde que √≠bamos a la fiesta. ¬ŅTe acuerdas? ¬ŅAl menos volteaste a mirarme? Estuve en el asiento trasero, reclinado, pensativo, mirando por la ventana. Por momentos, tu pap√° me miraba disimuladamente a trav√©s del retrovisor, con esos ojos negros y saltones como los de un pescado.

Un completo despropósito

Septiembre 2021

Autor:Alex Reyes

‚ÄĒ¬ŅNo se pudo hacer algo por ella?

‚ÄĒLamento decirle que no.

Y es que el destino solo podría traicionar a Carol.

La casa de Juli√°n era a√ļn m√°s ajada que la de ella, y no por eso menos hermosa. Podr√≠a decirse, claro, que la precariedad no se trataba de un gusto y mucho menos de un asunto de voluntad, pero acaso ten√≠a que ver ‚ÄĒy solo tal vez‚ÄĒ, con una cuesti√≥n de suerte, una suerte mala, p√©sima, la suerte que lo demuele todo. A pesar de los muebles ro√≠dos y las tablas rechinantes, un domingo por la ma√Īana, cuando el alba se extend√≠a c√°lida y delicada, Juli√°n compr√≥ una pareja de periquitos que supo acomodar en un rinc√≥n de la sala.

El miedo a la m√ļsica

Autor: Miguel Tonhatiu

Agosto 2021

¬† ¬† ¬† ¬†Un d√≠a hall√© esta f√°bula en un cuadernillo antiguo. La historia estaba articulada en lengua galaico portugu√©s; las hojas de un papel amarillo ol√≠an a humedad y parec√≠an disolverse por el movimiento. Alg√ļn coleccionista me dijo que el viejo libro de notaciones ten√≠a una fecha en la parte posterior. Dec√≠a 15 de marzo de 162- (incompleta). Yo hice el esfuerzo por traducirla. Esto descubr√≠:

(‚Ķ) dicen que la gente mor√≠a por acercarse a la m√ļsica.

Un d√≠a, cerca de una fuente considerada m√°gica, un hombre encontr√≥ cierto instrumento de viento, lo tocaba todas las noches para mitigar la pena que sent√≠a por su esposa muerta. Cuando la luna llena lo acech√≥, un caballo sali√≥ desde atr√°s de la cerca peque√Īa que divid√≠a su jard√≠n del camino de terracer√≠a del exterior. No lo identific√≥. Cuando vio la haza√Īa del animal, el hombre dej√≥ de tocar. Poco a poco supo que era una yegua, se ve√≠a tierna con su coleta larga en trenza. Ella era retinta y briosa; ten√≠a un porte magn√≠fico. Pose√≠a una cualidad que la hac√≠a √ļnica: la yegua hablaba con una ret√≥rica asombrosa; era tan l√ļcida que sab√≠a que la gente no la quer√≠a por su habilidad. Daba miedo. Esa noche, la flauta interpretaba una canci√≥n de lluvia.¬†

En las catacumbas no se baila tango

 

Autor: Ulises Paniagua
Agosto 2021

 

La sentencia cay√≥ sobre m√≠, como cae una bestia sobre la carro√Īa:

-Sabes bien, te lo he recordado muchas veces, que la Empresa se rige bajo pol√≠ticas estrictas. Para la corporaci√≥n la puntualidad es imprescindible. T√ļ, en cambio, llegas tarde a diario y no parece importarte. He intercedido ante el Supremo hasta donde mi cargo lo ha permitido; he sido atento, comprensivo con tu defecto. Pero no te quieres ayudar.¬†No puedo hacer m√°s. Debo anunciarte, contra mi voluntad, que est√°s despedido.

El Jefe cerr√≥ el gigantesco libro de registros ‚Äďlegajo de pergaminos amarillentos, gastados- con una rabia inc√≥moda para ambos. Las √ļltimas inflexiones de su voz, parca y amarga, permanecieron en el aire durante algunos segundos, atrapadas en la desnudez de las paredes de la oficina. La hipocres√≠a en el discurso de El Jefe, aun cuando el propio vigilante de la Empresa me hab√≠a advertido de su lengua b√≠fida, me provoc√≥ n√°useas. Sab√≠a que √©l disfrutaba el momento.

El dedo desnudo

Por Octavio Ollin

Agosto 2021

I

¬†‚ÄĒCas√©monos cuanto antes ‚ÄĒdijo Elba con excitaci√≥n. Ella llevaba tiempo atr√°s insisti√©ndole lo mismo a Gonzalo. ¬ęEsta mano est√°¬†vac√≠a.¬Ľ¬†¬ęDebes demostrar que me amas.¬Ľ

‚ÄĒEs muy precipitado, amor.

‚ÄĒ¬ŅPrecipitado? ¬ŅAcaso no me amas?

‚ÄĒTe adoro, Elba. Pero, ¬Ņqu√© suceder√° con nuestros estudios?

‚ÄĒYo no pienso ser enfermera. Me da fatiga ‚ÄĒElba rezong√≥‚ÄĒ. T√ļ puedes concluir tu carrera de m√©dico en otro lugar.

‚ÄĒLo pensar√©. Dame estos d√≠as, ¬Ņde acuerdo?

‚ÄĒEst√° bien ‚ÄĒElba levant√≥ la mano y sacudi√≥ los dedos‚ÄĒ. Tambi√©n¬† te encargo‚Ķ

El Rencuentro

Autor: Jaime Martínez

Julio 2021

Como en los √ļltimos a√Īos se sent√≥ en la banca derecha, de la entrada oriental del parque. Incrust√≥ su d√©bil y encorvada espalda en el metal de la banca. Sentado, hizo un inventario mental de todos los cuadros que hab√≠a creado. Una sensaci√≥n de nostalgia vino con el recuerdo de su primera exposici√≥n. De repente la banca ya no era tan c√≥moda. Al recorrer el parque con la mirada, algo le llam√≥ la atenci√≥n, fij√≥ su vista en un anuncio de fotocopia pegado en el poste. Sinti√≥ que los recuerdos se bajaban como uno solo al est√≥mago, para despu√©s sentirlos subir al cerebro mientras le√≠a: ‚ÄúSe vende pintura en √≥leo‚ÄĚ, ‚Äús√≥lo se dar√°n informes personalmente‚ÄĚ.¬†

Metraje encontrado

 

Por Gerardo Lima

Junio 2021

En sus ojos encuentro el tono profundo de un lago a mitad del invierno, y a√ļn en aguas asediadas por las algas el resplandor se ha mantenido hasta alcanzar mis propios ojos, y algo m√°s abajo, localizado tal vez en el hipot√°lamo, en la angina. S√© que estoy enamorado porque en el guion de nuestro proyecto he puesto su nombre en lugar del personaje. S√≥lo yo soy capaz de mezclar una historia de terror con la mujer que me hace sudar las manos.

La perversidad del sue√Īo

 

Por David Kolkrabe

Junio 2021

Hace algunos a√Īos adquir√≠ la capacidad de controlar, casi ilimitadamente, mis sue√Īos. En realidad no es dif√≠cil y creo que cualquiera que ponga el empe√Īo suficiente puede lograrlo. Es cuesti√≥n de perseverar y tener paciencia, como con todo lo valioso de la vida. El m√©todo para controlar los sue√Īos lo aprend√≠ gracias a una¬†v√∂lva¬†que conoc√≠ en una feria n√≥rdica. La mujer era una especie de pitonisa del demonio de la perversidad, al que se le conoce como Akera. A ella acud√≠a cuando quer√≠a conocer mi futuro, pero ese d√≠a, en medio de nuestra conversaci√≥n, me cont√≥ el secreto para controlar los sue√Īos propios. El truco consiste en beber un brebaje de chicha, hiel y paico caliente todas las noches antes de dormir.

Maya

Autor: Juan Razo

Mayo 2021

Algo no andaba bien, parec√≠a que no encajaban las piezas de este maldito rompecabezas, percib√≠a un olor raro en el ambiente, mejor dicho, una ausencia de este, de textura y sabor en la vida. √öltimamente nada marchaba a mi favor, mi novia me hab√≠a abandonado, mis padres fallecido, el banco estaba a punto de embargar mis pocas posesiones y me hab√≠an detectado una enfermedad terminal. No pude recordar la √ļltima vez que hab√≠a experimentado un momento de alegr√≠a. Trat√© de hacer memoria indagando en busca de recuerdos alegres, pero fue in√ļtil. Buscaba un sentido a todo esto, una raz√≥n, un motivo para seguir viviendo. Sin embargo, no parec√≠a haberlo: Dios, el diablo, el big bang, Darwin, ning√ļn asunto dotaba de sentido a la vida, era como si de pronto hubiera sido arrojado a una existencia vac√≠a.

Los juerguistas

Por Manuel Sauceverde

Mayo 2021

Tomado del libro Universos Perpendiculares de Editorial Lectio (2021)

No recuerdo cu√°ndo fue la primera vez que los vi, pero s√≠ s√© que todas sus peleas son por las mismas razones. Como de costumbre,¬†el¬†G√≥ngora est√° borracho e imagina que todos se lo quieren follar. Sin duda, un extra√Īo espect√°culo que divierte a los otros juerguistas de la Casona. Sobre todo, cuando¬†el¬†Cervantes y¬†el¬†Quevedo, intoxicados con aerosol, simplemente creen que es una idea estupenda.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† ‚ÄĒJoder, Luis ‚ÄĒexclama el Cervantes mientras se desabrocha el cintur√≥n‚ÄĒ. Esto te va a gustar‚Ķ

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† ‚ÄĒNo seas un gilipollas. S√≥lo es cuesti√≥n de aflojar el cuerpo y acostumbrarse a la puntita ‚ÄĒa√Īade el Quevedo, quien ya se ha quitado el pantal√≥n y los calzones‚ÄĒ.¬†Este es el culo, en G√≥ngora y en culto, que un bujarr√≥n le conociera apenas‚Ķ

Diccionario de la vida

Por Homero Carvalho Oliva

Para Christina Ramalho, María Alicia Pino y Luis Weinstein, con amistosofía

Mayo 2021

(Atención: se recomienda leer escuchando una pieza musical de su preferencia)

AMOR:¬†m. Principio y fin de la vida. Es la √ļnica palabra que, para cobrar sentido, necesita ser invocada por dos personas. El poeta √ďscar Cerruto nos aclara: ‚ÄúEres esa palabra no gastada:/ amor; una mitad, como la aurora, / en sombra. Otra mitad deslumbramientos‚ÄĚ; Alfonsina Storni nos propone una adivinanza: ‚ÄúEsta noche al o√≠do me has dicho dos palabras/ Comunes. Dos palabras cansadas/ De ser dichas. Palabras/ Que de viejas son nuevas‚ÄĚ.

Retrato post-mortem

Autor: David Kolkrabe

Abril 2021

Eleonora muri√≥ cuando par√≠a a mi abuela. Nunca la conoc√≠, pero hab√≠a una gran fotograf√≠a suya enmarcada y exhibida en la sala que me recordaba que hab√≠a existido. Desde ni√Īo me interes√≥ esa foto. Mi bisabuelo y los que la conocieron en vida ‚ÄĒtodos ancianos‚ÄĒ la describ√≠an como una mujer hermosa de piel tersa y suave, con una mirada llena de bondad. Odiaba las injusticias, dec√≠an, y era incapaz de matar una mosca. A pesar de llevar m√°s de 70 a√Īos muerta, dentro de la familia gozaba con la reputaci√≥n de ser la m√°s hermosa de la familia. Su retrato, sin embargo, mostraba a una mujer grotesca, de aspecto sombr√≠o y mirada perversa.

La Prensa

Rito Sat√°nico en Tepito

Por Jaime Mtz Aguilar

Marzo 2021

La conoció en redes sociales. Unas cuantas palabras y visualizaciones en la red fueron suficiente para gestar la primera cita. Una carga de procedimientos, y un extraordinario banco de ideas para la automutilación   se presentaron ante ellos.

En la madrugada del 12 de diciembre, d√≠a de la ‚ÄúGuadalupana‚ÄĚ, en la calle Aztecas en el centro del barrio bravo de Tepito. La Patrulla con n√ļmero SSP-1345 acudi√≥ al llamado de emergencia en el que vecinos quejosos relataban c√≥mo un individuo trastabillando caminaba sobre el Eje uno Alzate tras salir desangr√°ndose de la vecindad denominada ‚ÄúLa Fortaleza‚ÄĚ perturbando la paz p√ļblica.