Revista Anestesia

𝙴𝚕 𝚍𝚘𝚕𝚘𝚛 𝚜𝚎 𝚚𝚞𝚒𝚝𝚊 𝚌𝚘𝚗 𝚕𝚎𝚝𝚛𝚊𝚜

GATOS EN EL TEJADO

Migrar para salvarse: un poco de Samovar

 

Por Ethel Krauze

Octubre 2022

 

Yásnaya Elena Aguilar Gil es lingüista, escritora, traductora, activista de derechos lingüísticos e investigadora mexicana. Sus lenguas de trabajo son ayuujk (mixe), español e inglés. Ha realizado proyectos que atienden a las necesidades de los hablantes cuya lengua corre el riesgo de desaparecer. De ella he aprendido que la reivindicación de las lenguas maternas es un derecho humano, y las comunidades de las lenguas originarias de México, especialmente sus escritoras contemporáneas, me han mostrado el camino para reencontrarme con mis propias lenguas maternas, porque a veces se nace en un enjambre de lenguas que, lejos de esconderse deben ser legitimadas en su capacidad de construir identidades más complejas, más humanas, hoy, como nunca, necesarias.

Las guerras también producen migraciones lingüísticas que se imponen en la huida, la sobrevivencia y la adaptación. Las guerras provocan la muerte no sólo de personas, sino de lenguas, y esto es otra forma de matar toda una cultura. Sin embargo, también renacen de la hibernación y pueden florecer compartiendo la tierra con otras. Esta es una tarea que le falta al mundo.

Acá, algunos párrafos de Samovar, que lo explican:

 

Cómo digo tu nombre

Por Ethel Krauze

Septiembre 2022

 

 

En todo poema primero se nombra lo que es y luego se pregunta por su nombre. Es lo que he aprendido y lo que aquí pongo en la mesa de nuestros septiembres.

 

Cómo digo tu nombre

 

gallo de ira

remolino de grises

y camiones

de última parada,

agridulce

dulce

pardo

 

 

Tres Relámpagos de Ethel Krauze

 

Por Ethel Krauze

Agosto 2022

(Próxima nueva edición)

 

MENTIRA OPTIMISTA

   Regina viene haciendo una encuesta entre sus conocidas, y ha sacado algunas conclusiones. Una, soporta a un hombre depresivo que no gana dinero. Otra, soporta a un borracho agresivo. Otra más, a un colérico mezquino que la culpa de sus frustraciones. ¿Por qué las mujeres no se quieren? Con tal de tener a un hombre al lado que ni si quiera las mantiene, las mujeres de hoy son capaces de tolerar cualquier cosa y hasta les dan el dinero que ellas ganan.

   Eso de que la opresión femenina ha sido resultado de la dependencia económica es la gran mentira del feminismo. La dulce y buena mentira optimista que va haciéndose añicos conforme las nuevas mujeres vienen demostrando que la dependencia es muy otra y tan profunda que hay que comenzar a pensar de

 El fragmento impertinente, Ethel Krauze, Paraíso Perdido

 

Ethel Krauze

Julio 2022

 

La pregunta de M

Me pregunta M quién era yo cuando no era yo. Tengo que pensarlo detenidamente.

            A veces me vislumbro como una lagartija, espiando el descuido para colarse por el entresuelo, camuflada en la pared de la cocina. O como las tortugas caseras que atisban silenciosas, inmóviles en su caparazón, el advenimiento de las cosas. Tratan de entender, en el minúsculo mundo de su estanque de hule, por qué hay día y hay noche arriba de sus cabezas, y luego otra vez día, mientras sólo esperan el puñado de croquetas diminutas que les caerá como maná tras la voz de su dueña.

            Tratan de entender. Lo percibo en sus ojos inquietos, en sus patas pesadas, urgentes, en su actitud invencible de querer salir del recipiente, encaramándose una sobre otra para construir efímeras Torres de Babel que se desmoronarán en el último peldaño. No cejan. Van creciendo. Pero apenas están a punto de alcanzar la meta, es decir, el borde, su dueña se anticipa mudándolas a una tina más grande. Así, sin tregua. Y sin tregua ellas siguen tratando de entender. Y no dejan de intentar su escapatoria.

 

 

 

 

Ethel Krauze, El fragmento impertinente

 

Por Victoria Dana

Mayo 2022

 

            La época de la pandemia y el confinamiento ha dejado muchas cosas. En medio de la desolación y la muerte,  en momentos terminales, es cuando aflora la esencia de cada uno y en esta época terrible y terminal para la humanidad entera, salió a luz también la hermandad. Es lo que sucedió con Ethel y conmigo. Una buena noche, encendimos la pantalla y como lo describe Ethel:   “Se hizo la luz en zoom y un montón de cuadritos aparecieron ante mis ojos en la pantalla. Nuestros rostros sonrientes, sin cubrebocas; nuestras exclamaciones de júbilo, la copa alzada”.  

            Segmentadas en pequeños cuadros, empezamos a conocernos. En un acto lúdico, esa noche memorable, nos nombramos Hijas de la pandemia, sin entender aun lo que hacíamos y el alcance que podría tener esta amalgama de mujeres escritoras. Y aquí seguimos, juntas, de la mano, unas con otras. Gracias, querida Ethel, por permitirme estar aquí contigo, como una hija más.

            Durante la pandemia, los escritores hicimos lo que hacemos siempre: escribir. Desde el confinamiento describimos la soledad, el miedo a la muerte, la incomunicación, la indefensión… pero también escribieron aquéllos cuya palabra es un bálsamo, una tabla de salvación. Es el caso de Ethel Krauze, quien ha sido, durante años, cantora de la vida:

GATOS EN EL TEJADO

Por Ethel Krauze

En el tejado de mi cabeza hay muchos gatos sueltos haciendo de las suyas. Algunos maúllan permanentemente; otros, ronronean a deshoras y clavan sus uñas en mis estambres mentales hasta desbaratarlos. A veces se aparean en orgías indecentísimas de alto impacto en mis oídos, liándose entre todos hasta enredarme por completo. Ninguno ha aprendido buenos modales ni conoce la corrección política.

Es momento de soltarlos para que invadan otros tejados, al menos por unas horas. No es el mío un afán altruista por compartir ideas y prodigar licencias literarias. Más bien, hay un instinto de maldad que me empuja a incitar a estos gatos a entrar en anestesia, a ver si hay lectores que los quieran atender.

Entro en este espacio, pues, con los ojos abiertos, dispuesta al descalabro y no sin un vuelco anticipado en el corazón.

Contraviento

¿Otraaa antologíaaa de poesíaaa?

FEBRERO 2022

Por Ethel Krauze

 

Así, con el viento en contra, nos arrojamos al mar de las palabras. ¿Quién puede detener a una mujer cuando se lanza a escribir con la urgencia de la respiración?

Atravesamos olas de oscuridad, pesadillas de muerte, soledades tras las puertas cerradas. Nos volvimos más fuertes, más unidas, más seguras, mirándonos de frente en los cuadritos de la pantalla que se multiplicaron cada jueves, cada martes, dos años casi, dos barcas, dos talleres.

Infestados en el aroma de los anhelos

 

  1. INFESTADOS, de Cristina Liceaga

Ese personaje siempre risueño, en las presentaciones de las autoras mexicanas, en ferias del libro por todo el país, entrevistando, grabando, subiendo a redes los carteles, las reseñas… en fin… la presencia impostergable de las cada vez más numerosas mujeres entrando con el pie derecho por la puerta de la literatura en nuestro país. Tres años de andar arriba y abajo, Cristina empezó a volverse imprescindible, ubicua, refulgente, en la trayectoria de escritoras jóvenes y no tan jóvenes que no contaban con las oportunidades de tener espacios de proyección en medio de la competencia de un mercado editorial tan reñido y comercializado

En Carretera

 

Primicia para Anestesia: el sábado 27 de noviembre a las 6 pm, se presenta El fragmento impertinente, Paraíso Perdido/Typotaller, en la Fil de Guadalajara, Salón 7, Área nacional. 
Tengan una probada del primero de estos cuentos…
Siempre quise morder un melocotón maduro entre las piernas de una mujer. Suavecito, con los labios, y empaparme en su pulpa jugosa. Recuerdo que las canastas del mercado se llenaban de melocotones coloreados en medio de los racimos de perejiles y cilantros. Un aroma a perdición que me sigue acompañando desde la infancia. Así la carretera, que me pone a soñar, por eso me encanta y por eso le guardo respeto y manejo poco a solas. A veces me pierdo en estos cielos que parecen tener muchas dimensiones, una dentro de la otra, con sus nubes como pasadizos.
 
 
 
Por Ethel Krauze
Noviembre 2021
(Fragmento)

 

Ethel Krauze

Octubre 2021

Mamá

Estábamos mirando a mi hija que jugaba a sus pies. Había venido a visitarnos y a traer unos regalos.

            -Tuve cita con el ginecólogo -dijo así, de pronto. Alcé la vista, me di cuenta de que buscaba cómo decirme algo-. Es que tengo una bolita. Mira, toca. Me van a hacer estudios.

            Para mi escándalo, llevó mi mano a su pecho y me hizo tocar la bolita. Sentí que me caía un rayo en el cerebro.

    

 

Inevitable

 

Septiembre 2021

No solo es inevitable sino también desconcertante y conturbador . Podría ser equivalente a una superficie brillante que –dependiendo de la luz y la postura del objeto- muestra primeramente un viso anaranjado y deslumbrante y, si lo mueves un poco aparece un reflejo iridiscente de color más oscuro, que refulge y ondula tornasolado como cualquier objeto metálico que reverbera titilante.

 

Primero, en este libro se me aparece lo negro, lo valiente, lo inusitado, lo heroico, lo atrevido.

He aquí algunos versos que iluminan lo oscuro de este reflejo:

 

— Ya se murió la mariposa negra / –¡qué triste estoy!—

 

— ¿Eres […] / como un veneno? / ¿Un brebaje de lluvias y de fuegos / que no conoce piedad?

— los dedos de las uñas […] / tu rojo coral / tu rojo punta de lanza / el rojo atroz de tu beso de lava.

Balada contra el tiempo

 

A punto de presentarse el próximo septiembre en México (FERIA NACIONAL DE ESCRITORAS MEXICANAS) y España (FERIA DEL LIBRO DE MADRID) esta apuesta que transgrede el poder del tiempo.
Hoy, que el tiempo se ha vuelto una pesadilla, un laberinto, un abismo, un paréntesis, una forma de locura, me planto a la mitad de la poesía para cantar esta Balada contra el tiempo.
 
He aquí una muestra:
 
Balada contra el tiempo, Ediciones Torremozas, 2021, Madrid
 

Vamos

la puerta está entreabierta

nuestras manos atentas

Por Ethel Krauze

Plegaria

Por Ethel Krauze

Julio 2021

-¡No! ¡No hagas eso, no otra vez, por favor!

          La voz era una forma de mandato, con un temblor de súplica. Los ojos, como girando en una interrogación, cuya respuesta se tenía por imposible. ¿En qué me había metido? ¿Por qué no podía aprender la lección?

          Mi marido no quiso que volviera a caer en la misma espiral: un proyecto de mujeres. Primero, el entusiasmo, la amistad firmada con sangre hasta la eternidad; la pasión echada por delante, sin límites, entregando horas de trabajo, de negociaciones, de acuerdos, de promesas. Más pronto que tarde, las nubes en el horizonte, las primeras recriminaciones porque una no entendió a la otra, no adivinó las necesidades de la otra, no se sensibilizó con la situación de la otra. Luego de las reiteradas disculpas, nuevas acusaciones.

Cuando llega el café de la mañana

 

Por  Ethel Krauze

Junio 2021

 

Cuando llega el café de la mañana

ya he paladeado tu cuerpo

he tenido en mis manos tus cabellos alborotados

he besado tu nombre sobre tus párpados quietos

Las hijas de la pandemia

Abril 2021

Un nuevo rancho

Sonó el Messenger y apareció una invitación:

Querida Ethel: Espero que estés bien. Como mañana celebramos el día de la escritora, y para no pasarlo en blanco, un grupo de escritoras organizamos una reunión por zoom para brindar y saludarnos. Ojalá nos puedas acompañar.

Salté como trampolín, con manos temblorosas escribí la respuesta:

¡¡¡Ay, qué bonito, claro!!!

            Hete aquí, a las nueve en punto de la noche del 19 de octubre de 2020, se hizo la luz en zoom y un montón de cuadritos aparecieron ante mis ojos en la pantalla. Nuestros rostros sonrientes, sin cubrebocas; nuestras exclamaciones de júbilo, la copa alzada. 

Bienvenida a una Balada contra el tiempo

 

Por Ethel Krauze

Marzo 2021

 

Vamos,

respira lento

suave

adentro

cierra los ojos

clávate las uñas en las palmas

gira de un lado al otro,



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Por Ethel Krauze                                               Imagen: Luis Alanís 

16 Enero 2021

 

Hemos vuelto a lo sustancial. Y no hay más sustancia que el propio cuerpo. Es lo que hay y es lo que somos. Simplemente, respirar, se ha convertido en esperanza, plegaria, bendición, felicidad, milagro. Nada puede igualar la sensación de la salud que corre por el cuerpo y lo hace habitable y dichoso. Seguir leyendo…

 

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Por Ethel Krauze

16 Diciembre 2020

Largo ha sido el camino, pero ha valido la pena para llegar acá.

Desde La Respuesta a Sor Filotea de la Cruz, Sor Juana se proclama escritora en una irrefutable defensa de su derecho a serlo inaugurando la era moderna. En su obra paradigmática, El cuarto propio, Virginia Woolf, inaugura el siglo XX visibilizando a las escritoras inglesas que la preceden, en defensa de la legitimidad de la literatura escrita por mujeres en el concierto del mundo. Seguir leyendo…

 

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Poeminas para Adelina

Por Ethel Krauze

16 Noviembre 2020

 

Poeminas son las palabras perfectas para describir a Adelina.

Palabras que nacen de la alegría compartida cuando la madre y la hija descubren juntas la vida.

Son saltos y vuelos, tesoros y misterios. Tan grandes como los versos y tan breves como los cuentos de oro que se esconden en los ratos que todos tenemos para mirar el cielo. Seguir leyendo…

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Gatos en mi cabeza: Qué horrible

Por Ethel Krauze

16 Octubre 2020

Qué horrible es ser un comprador de libros, un consumidor de la industria editorial. Qué horrible es la rivalidad por premios, becas, publicaciones, ferias, likes y otras imposiciones de la industria tecnológica.

Qué horrible es ser un engranaje de una industria que quiere ganancias económicas como objetivo principal.

Qué horrible es tener que plegarse a las modas y los convenios comerciales a la hora de ponerse a escribir. Seguir leyendo…

 

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Notas a fuego lento para esta época novonormal

Gatos en mi cabeza                                                                              Imagen: Pedro Ocaña

Por Ethel Krauze

16 Septiembre 2020

Andan los gatos en mi cabeza haciendo de las suyas por estos días. Me han dictado estas notas que aquí comparto, a ver si no se les enredan como a mí, ¿me avisan?

Notas a fuego lento para esta época novonormal:

1

Como si nada, el perchero se disfraza de señora loca Seguir leyendo….

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Por Ethel Krauze

16 Agosto 2020

Éste es un canto de islas flotantes que no existen. Las he creado para viajar con ellas, como si fueran barcos permanentes en un globo terráqueo que tengo en la mesita de mi estudio. Anclada en su eje de metal oro oscuro, la tierra gira en diagonal y hasta se inclina para recibir el aplauso, bailarina en sepia, gasas las nubes entre carabelas pintadas con tinta china. Seguir leyendo…

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Por Angelina Muñiz-Huberman

16 Julio 2020

Hoy los gatos en el tejado de mi cabeza me recuerdan los modos de desobedecer aquellas consignas que tanto bien nos hacen. Especialmente al recordar a las mujeres. Por eso, honro aquí la presencia de la grandísima escritora Angelina Muñiz-Huberman; y lo hago por medio de la joya de la corona que yo también le coloco, porque su crítica no sólo me ha fascinado, sino que me ha abierto los ojos hacia mi propia escritura, a través de una mirada nueva Seguir leyendo…

 

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Hoy los gatos no me dejan en paz, se asoman por la pantalla en forma de cuadritos zoombientes. Me obligan a poner ante el público esta confesión que la propia Literatura, así, con la mayúscula que merece, me ha revelado para todos aquellos que dan clases y talleres.

 

En el rincón más lóbrego de un salón de clases… (también virtual)

Por Ethel Krauze

16 Junio 2020

 

Se reunieron. Había que preparar los exámenes del ciclo escolar. Los de primaria estaban indecisos:

-¿Los denominaremos “enclíticos” o “grafemas”?

Un suspiro salió del más alejado rincón. Pero nadie pareció escucharlo.

Los de secundaria tenían que elaborar el grupo de preguntas sobre los Siglos de Oro Seguir leyendo…

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El paciente inglés

Por Ethel Krauze

16 Mayo 2020

10 de mayo 2020 – COVID-19

Hay un abismo, una cascada. Manos frías. Sonoridad de gruta que se abre hacia adentro.

Estoy en los laberintos de una tierra que conozco, la tierra donde yace mi madre. La tierra siempre húmeda, sus gotas ciegas.

La música de El paciente inglés, que no me había atrevido a oír desde el inevitable día en que le puse fin a tu duelo, en el libro que escribí para depositarlo en tu lápida, un año después. Seguir leyendo…

 

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Dos maestras y dos virus entre “zoombis”

Por Ethel Krauze

16 Abril 2020

Hoy, convertida en maestra zoombi para la sana distancia, como muchos de nosotros, me pregunto frente a los cuadritos donde los rostros de mis alumnos están encerrados en la pantalla de la computadora, qué tanto estamos conectados alma adentro. Seguir leyendo…

 

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Por Marisol Vera Guerra

Marzo 2020

Imagino a Ethel sentada en un jardín, en el albor de una mañana blanca, con Francisco de Quevedo y Xavier Villaurrutia, escribiendo presta este soneto: “Se llama, llama, amor esta dulzura”. Son claras sus resonancias, claro el gusto por leer a los poetas del siglo de oro español y a los Contemporáneos Seguir leyendo…

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Por Ethel Krauze

¿Por qué leer a las mujeres?

16 Febrero 2020

¿Por qué creer en la palabra de las mujeres?

Vaya frases, vaya preguntas. Como sociedad, no hemos cobrado conciencia de la relevancia de estas preguntas que lanzamos aquí y allá cada vez que está de por medio la participación de las mujeres en la vida pública.

 

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Por Ethel Krauze

16 Enero 2020

Siempre he sentido que la poesía es un regalo de los dioses. Es el instrumento con el cual la naturaleza humana expresa el milagro, escudriña el secreto, avizora más allá del tiempo, profundiza en lo recóndito de todas las preguntas que nos vamos haciendo los que hemos transitado por la vida.

Por eso mismo, la poesía se regala, regándola por el mundo, como quien deshoja pétalos a la redonda, para que todos tiendan las manos, los ojos, los sentidos, al permanente encantamiento de su perfume…

 

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Por Victoria Dana*

            La época de la pandemia y el confinamiento ha dejado muchas cosas. En medio de la desolación y la muerte,  en momentos terminales, es cuando aflora la esencia de cada uno y en esta época terrible y terminal para la humanidad entera, salió a luz también la hermandad. Es lo que sucedió con Ethel y conmigo. Una buena noche, encendimos la pantalla y como lo describe Ethel:   “Se hizo la luz en zoom y un montón de cuadritos aparecieron ante mis ojos en la pantalla. Nuestros rostros sonrientes, sin cubrebocas; nuestras exclamaciones de júbilo, la copa alzada”.  

            Segmentadas en pequeños cuadros, empezamos a conocernos. En un acto lúdico, esa noche memorable, nos nombramos Hijas de la pandemia, sin entender aun lo que hacíamos y el alcance que podría tener esta amalgama de mujeres escritoras. Y aquí seguimos, juntas, de la mano, unas con otras. Gracias, querida Ethel, por permitirme estar aquí contigo, como una hija más.

            Durante la pandemia, los escritores hicimos lo que hacemos siempre: escribir. Desde el confinamiento describimos la soledad, el miedo a la muerte, la incomunicación, la indefensión… pero también escribieron aquéllos cuya palabra es un bálsamo, una tabla de salvación. Es el caso de Ethel Krauze, quien ha sido, durante años, cantora de la vida:

            La loba que en mí habita

            es una enferma de voz,

            una sed de lengua que palpita

            repitiendo el poema de la vida.

                       

            Y este libro de relatos, El fragmento impertinente, que nace encerrado, limitado a un entorno, no claudica, no acepta dejar de imaginar y  soñar, no le da la gana dejar de vivir. Es decisión de su autora: Cada uno de nosotros está destinado a vivir su propia prisión o a salir de ella con gracia. Ethel lo hace escribiendo, regalándonos unos relatos que dejan escapar a la imaginación:

“…Qué hacemos tú y yo aquí, yaciendo en este amanecer pandémico? El mundo está de luto y los muertos se acumulan en la morgue con el horror de la asfixia… Y tú has venido hoy a visitarme, Ele, en este sueño en el que casi muero, a recordarme a qué sabe el elixir de la vida.”

            Hay libros que se sostienen entre las palmas y otros entre las piernas.  Algunos nacen para ser leídos en mesas o escritorios, subrayando y tomando notas. Otros, en cambio, se disfrutan en la cama, antes de dormir o al despertarse… durante las caricias o después de ellas.

            El fragmento impertinente es un sí rotundo a la vida, repleto de imágenes abiertas a los sentidos, donde se mira, se toca, se degusta, se huele. Y así empieza:

“Siempre quise morder un melocotón maduro entre las piernas de una mujer. Suavecito, con los labios, y empaparme en su pulpa jugosa…”

Y sigue deleitándonos con imágenes que evocan los sentidos, nuestros sentidos: “…nada como tus labios entreabriéndose en la brevedad de un pájaro en la medianoche. No puedes verlo, sólo percibes su aleteo fugaz. Y eso basta para que no lo olvides”.

¿Y cómo huele el deseo, según Ethel?: “Algo como el olor de las mujeres. Las mujeres tienen un olor antiguo, vegetal, animal, en sus andares. Arrojan arroces impalpables de especias, como si llevaran un huerto por dentro”

            Hay que dejar abierta la ventana de nuestros sentidos: “Aspiro los efluvios de romero que lleva el vientecillo. Me recorre un temblor de felicidad. Tengo fe, mucha, toda la fe del mundo la tengo puesta en un solo pensamiento: que nunca deje de desear a Ada. ¡Dios, que jamás me abandone esta bendita tortura!”

            Eso le pedimos a Dios todos los días: Que, a pesar de la enfermedad y la muerte, de la guerra y la destrucción amenazante y cada vez más cotidiana, nunca dejemos de desear, de amar, de vivir.

            Hay otra vertiente en estos relatos que me parece muy importante mencionar. Es la eterna búsqueda, la búsqueda constante de sí misma. Esa mujer que se mira al espejo y solo ve en él, pequeños fragmentos, esa otra que se mira al espejo y ya no se reconoce, ese hombre que se pierde en la veleidad de sus deseos. El ser humano alejado de sí mismo, ¿quién es realmente? O el ser humano que, en el confinamiento, fue prácticamente obligado a ver en su interior, ¿se reconoce?:

            “Ilma comenzó a contar los años que se le habían perdido en esos parpadeos. De pronto, un rostro desconocido se le presentaba al espejo. El corazón de Ilma se había partido en dos y luego en cuatro y había terminado hecho añicos, a lo largo de innumerables lágrimas”.

            ¿Y cómo recuperar esos años perdidos? ¿Cómo asir la palabra fugaz, lo que no se ha dicho o no ha sido escuchada? A través de la escritura, nos recuerda Ethel: “Por eso el autor está escribiéndome. Traslada la dimensión de la realidad a la dimensión literaria, cambiando algunas circunstancias, embelleciendo, con su emblemática sintaxis, la rispidez de mi mundanidad”

            Escribir en soledad para reunirse con los otros, escribir es una forma especial y bella de darse a uno mismo, de regalarse al otro. Ethel decide contarnos un cuento: “Un cuento desgajándose por la montaña que nos hable de países bajos y de puentes con caballos desbocados. Un cuento de peregrinos que cantan la bienvenida del año nuevo y un cuento con una estola de mink en los albores del siglo XX, antes de la revolución Rusa y en medio de la nevada cristalina.

            El cuento que nos permita reunirnos de nuevo en la cueva, en esos primeros tiempos donde el hombre se hizo hombre y todo comenzó.

            El fragmento impertinente de Ethel Krauze me hizo vibrar, despertó mis sentidos; me hizo reflexionar y volver a mirarme, me hizo despertar al deseo, ése que nunca quisiera perder. ¿Cómo puede una autora dar tanto en tan pocas páginas? Descúbranlo por sí mismos y guarden el fragmento cerca de la cama, como libro de cabecera, en el buró, esperando ser abierto cada noche o cada amanecer.

*Victoria Dana ha publicado las novelas Las palabras perdidas (2012)  y A dónde tú vayas, iré (2016)

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