Revista Anestesia

𝙴𝚕 𝚍𝚘𝚕𝚘𝚛 𝚜𝚎 𝚚𝚞𝚒𝚝𝚊 𝚌𝚘𝚗 𝚕𝚎𝚝𝚛𝚊𝚜

ESCRITORAS EN REVISTA ANESTESIA

Días de muertos

Imagen: Verónica Fernández 

 

Noviembre 2022

Autora: Lorena Avelar 

 

 

Soy esqueleto ausente de este mundo

entre las tumbas flota mi torrente,

soy un espectro fétido de muerte

y no recuerdo con vida mi pasado.

Soy de este frío mármol inquilino

a la sobra de  todos los cipreses

del musgo verde que invade pequeñeces

y del gusano que devora mi destino.

Soy la quimera errante, la bazofia,

estrangulador silencio, polvo seco.

Soy las huellas borradas del camino,

soy ausencia enraizada  y peregrino

y en las mentes cesadas soy olvido.

 

Morir

 

Morir, morir un poco

musita la voz,

se cenceña la piel

lloran los ojos.

Morir, un día como hoy

o en primavera;

morir por morir

en donde quiera.

 

 

Dolor

 

Me duelen los brazos,

este día frio y calcinado;

Me duele la emoción,

el palpitar que corre sin respiro,

la huella dactilar y las pisadas.

Me duele el tiempo otoñal que ha llegado,

me duele su llorar

y hasta el reír de su tristeza…

Me duele el morir,

me duele todo:

El sueño

los párpados

y el ópalo quebranto de las quejas.

                                       

Rosa pálido

 

Lorena Avelar

Septiembre 2022

 

Otoños

 

Llueven otoños en estos roquedales de caminos y flores que se van marchitando de frío y gris oscuro. Sé que volverán los cucos a recoger sus alas en los campanarios prominentes del futuro, que las avutardas repicarán sus cantos de reencuentro, que se vestirá  de sombras la plaza del centro esperando el sueño de las procesiones convertidas en brotes de combustible y  concreto.

 

He intentado acercarme a un silencio ausente. Toqué las teclas negras del piano. Quise aproximarme al hueco impredecible de las ausencias, al dolor que intuyo en mis ojos cansados de tanto mirar misterios insolubles. Pero llueve, ya no hay más  semáforos en rojo, ni siquiera esta lluvia de otoño, monótona y necesaria, sirve ya para recorrer avenidas de sueños y nieblas.

 

Hay nuevas marchas en la faz inconclusa metropolitana, que van barriendo petitorias lejanas. Un epitafio dulce, que nadie escribió nunca, salpica la voz que nunca nadie dijo, vendrán otras luces a iluminar nuevas leyes y reservas. Se han acallado las aceras que predecían el caminar cotidiano. El negro ha revelado su tersura amarga arribando al amarillo en los márgenes de los senderos de piedra y arcilla. No hay más música que el sonido agónico de las campanas tocando a olvido, ni voces que susurren confidencias al otro lado de las tribunas políticas donde se deciden normas que habemos de seguir; porque la lluvia ha traicionado el despertar de las flores y el sueño de las culebras. Un hombre –boceto de pájaro y delfín- mira al infinito. No sabe para qué sirven los anzuelos, por qué el aire se ha vuelto turbio. Está observando cómo las nubes pasan húmedas, imprecisas y sin voces.

 

En las noches el silencio se hace confidencia de angustias y esperas, luz opaca para los ojos abiertos del hambre, tambor que retumba sortilegios imposibles para desperezar el ocaso. Nuevas peticiones, nuevas marchas que hacen la orbe más mítica mientras la tarde va cayendo lenta, quejumbrosa y triste, hasta el suelo. El viento no se lamenta ni padece: está tan insomne que espesa el corazón de estos duendes perdidos que marchan.

 

La fastuosa capital–bosquejo ahora de colibrí y ancla- no sabe llorar, pero siente que le resuman primaveras antiguas por los hombros. Y le pesan, le pesan tanto que se le rompen las plantas de los pies llagadas de hastíos. Busca un alivio para sus sangrantes grietas, busca aplacar la hoguera, busca soluciones y no las encuentra por la neblina Rosa pálido que se ha vuelto negra, con ribetes de marrón y violeta.

 

Rosa pálido

Por Lorena Avelar

Agosto 2022

 

 

El agua

                                                

Es de noche y el palacio se ilumina, los cantos brillan, el agua los acaricia por encima. La luz de la tarde pone herrumbre dorado en el paisaje que se contempla desde esta baranda ilusoria y mística. Suena alrededor una muchedumbre a voz baja y hojas sobadas por el viento. El lugar está lleno de leyenda y de historia, las paredes dicen algunas cosas guardadas en secreto y el vino nace de su entraña para que el paladar lo deguste con deleite y regodeo.

El agua se admira como manifiesto, desde aquí surge el rocío, el manantial pausado, el recreo; el agua se apresura por llegar hasta el acantilado, por chocar  contra el pétreo roquedal que lo limita con  el aliento del dios que habita en sus entrañas.

El agua mira la luna entre los muros y el suspiro interior de las almenas que se disponen a dormir estremecidos. Se tiende en los bordes de los caminos y,  la humedad de las orillas los refresca y los sosiega. La muralla araña a la luna y el río transcurre perfilando, sílabas sin sentido. El aire no pesa más, la luz extiende su película azulada; es solo una visión que perdura más allá de las piedras que brillan y remarcan 

El agua es seductora y hechicera, cierro los ojos y veo el efluvio que absorbe los reflejos, crepita entre formas de viento y piedra, sus paredes riman con el cielo, el cándido destello es hoguera, profundidad insondable que pliega su cresta en la  alhambreña pupila.

 

El agua, es luna y sol, horizonte de labios, sensual ondulación de estelas, moja la lengua de la tierra escondida, cuenco de piedras preciosas, fulgor de los colores del alba. Despliega la noche una sombra bruñida Rosa Pálido, hasta la espléndida colina donde el palacio resplandece.

 

 

Efemérides de Anestesia

Por Irene Morales Pagaza

 

En este espacio encontraras  a diversos autores dignos de admiración, personajes  de la literatura que debes conocer para descubrir que leer es otra  manera de vivir y puede llegar hacer una forma de ser.

Estimado lector, es de nuestro interés que en las efemérides encuentres autores que te permitas profundizar y apreciar como desde la creatividad, la identidad, reaccionaron y respondieron a los retos, preguntas del caos o a la claridad  de su época, cuestionamientos aún hoy vigentes en la sociedad, también cuestionamientos que te llevaran a encontrar respuestas, paradójicamente desde una crisis con sentido o aparentemente sin él, a través de las obras de los escritores que conforman el  largo y rico sendero de la literatura, en ellos se encuentra un mundo en el que los seres humanos gozaran lo extraordinario de zambullirse al mismo tiempo en el sueño y la verdad para recuperar la coherencia y su emancipación.

 

 

 

Rosa pálido

Lorena Avelar

Junio 2022

 

Otro  verano

 

Ya está aquí, en este matinal despertar que me sofoca. Los muslos se empiezan a pegar por la humedad del intenso calor que se dispersa por la ciudad mediterránea. Es agradable sentir el frenesí majestoso del verano. El mar que arremolina sus caderas y la diminuta ventisca que levanta la arena.

 

Otro verano, otro irrepetible y fascinante estío. El sol se cuela por la soledad de las ventanas y las sombras suspiran sobrevolando el alma. En las calles, portales y playas, reverberan las risas, los propósitos imposibles, las edulcoradas palabras y el eco de la realidad me devuelve, a jirones, la esperanza. En la cocina reposan los vasos, plenos de refrescantes bebidas y metáforas. Las sábanas sobran y se amontonan en un rincón de la cama.

Despliega su furia el verano, el sol achicharra la tierra en esta tarde que sangra y en su semblante el fulgor transforma en luna la palidez de su aura. Ante mi se abre un camino de amaneceres azules con blancos lunares. Crepúsculos que se alargan hasta elevar las lágrimas. Gaviotas que explayan su libertad, logrando que ambicionemos, como nunca, la alegre insurrección de unas alas.

 

Regresa junio perturbando mis sentidos, adormilados. Trae aromas de mar, murmullos de apacibles olas, suspiros de brisa jugando entre arenas y mareas… Retratos en sepia, que se despliegan en la memoria, soliviantando la paz de las pupilas. Nace y muere abril. Inicia y cancela hojas en el calendario, mientras una página perdura indeleble en su inmarcesible transitar.

Reminiscencias de otros veranos, sobrados de noches, que inevitablemente se conjugan con éste, tan lleno de estrellas. Ha llegado otro verano y se ilumina de Rosa pálido la plenitud del Mediterráneo.

 

 

Rosa pálido

Por Lorena Avelar

Mayo 2022

 

Cuando estás lejos

                                                                            Para todas las que son madres

 

Madre, estás lejos ahora, pero tu imagen flota en mis ojos, tu sonrisa se escucha agigantada y abraza cariñosa mis sentidos, me duermo, como niña en la corola de las rutas del sonido del río.

Cuando estás lejos, es cuando te descubro y, añoro tus manos entrañables de rocío, ese ademán que recuerdan los sentidos y el alba se siente extraña por no olvidar los grandes momentos contigo.

Cuando estás lejos el espacio se hace inmenso, se alarga el tiempo y se acorta el cerebro, cuya capacidad de concebir ya no se determina por  todo eso que constituye la memoria llena de vacíos y tristezas, que la compulsión  ha colocado en el camino.

Cuando estás lejos, el sepia de las pesadillas da toda su tinta, la que obstruye las salidas del espíritu; es una sangre que ha perdido hasta sus venas, una carne que ignora el filo del cuchillo. Pero de arriba a abajo de esta carne agrietada, de esta carne no compacta, circula siempre el fuego virtual. Una lucidez enciende de hora en hora sus ascuas que retornan a la vida  y sus flores.

Cuando estás lejos madre, la sospecha es el multiplicador de las ausencias. Todo lo que tiene un nudo, todo pasa en las rotaciones del mundo, las olas se asemejan a la carne misma, a esa carne que es tu sangre, a esa ternura descomunal que aprisionas en tu interior y que con Rosa pálido circula lentamente, en el vacío y en la distancia ignorante y voluntaria.

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Rosa Pálido

Por Lorena Avelar

Abril 2022

 

Primaveras

 

Aún hay primaveras que se esperan, que llegan con su historial lleno de pájaros, que brillan e iluminan. Hablan despacio a través del cristal de la ventana; algo líquido que cae como milagro del arco bronce que lo ata.

 

Primaveras que pasan bajo el agua como una llama; es el cielo verbal que ilumina la casa de híbridos esmaltes: Es el Sol anti verbal, Sol carnívoro, Sol tigre, enorme, inmenso, hermoso y encendido de púrpuras, bermejos, fucsias, naranjas y rosados; Sol granate, y granadino de emociones dispersas, Sol que quiere soltar toda su fiereza como regocijo.

 

Primaveras sin adjetivos de aves migratorias, de cielos transparentes y campos verdes, colores de las flores que florecen, de vientos suaves y plácida brisa, de tonalidad rosada que aparenta el cielo cuando miramos hacia el poniente.

 

Primaveras de ahora y de siempre, de atmósferas que se impregnan de olores, deleitando los sentidos y el espíritu; lo llenan de azahar suave y delicado anhelantes de algo claro, limpio, trasparente, alejado de este mundo.  Oigo correr el agua cristalina, fruto de los primeros deshielos; su sonido, la musicalidad de su cauce que inunda las tierras de Rosa Pálido, de vitalidad y frescura,  que en los remansos se percibe gozosa de sus riberas de brillantes tonalidades; primaveras que llegan prepotentes.

 

 

Rosa Pálido

La ciudad moderna

 

Por: Lorena Avelar

Marzo 2022

 

 En la ciudad sólo deben existir titanes exploradores para hurgar bosques, avenidas, callejones y plazuelas, que esperen la llegada de nuevos héroes; líderes especialistas en confeccionar brillantes imperios. Un sujeto moderno que cave y remueva rocas, taladre la tierra para hundir sus torres cada vez más altas, para izar sobre ellas los estandartes de orgullo. Pozos cada vez más profundos para allanar los cimientos del progreso.

 

Habría que perforar y atravesar las napas. Derramar la sangre. Mucho rojo líquido del milagroso cuerpo humano en los pozos para construir los fundamentos de las grandes torres. Habría que partir, golpear, entregar sangre al capital, y a los dueños del capital. El capital moderno de los pozos en la tierra callada y abandonada.

 

Rosa Pálido

Por: Lorena Avelar

Febrero 2022

 

Lo mejor

Quizá las palabras puedan abrirse paso con el tiempo, en poco espacio, en la sombra de una sonrisa,  duelen los pies si calzas y los olvidados versos que vuelan por mi estancia; hay luces que iluminan  las sombras y el vigor de mi alma iluminada, pese al frio.

Encuentro lo mejor, el mejor rincón, lo que hueles cuando respiras, la Sierra Nevada que se transfigura, el horizonte que no deja ver más allá que la elevadas montañas sin brotes en el camino. Mejor la luna que el sol aunque más arriesgada.

Lo mejor es lo que extraño a pesar del fracaso y lo que olvido, arriesgar el vocablo y la lengua para decir las ideas que nacieron conmigo, Arriesgada la punta de mis zapatos, la melodía más dulce con todos los silencios y sonidos.

Lo mejor de la vida, lo que encierran los ojos, las manos ardientes que compartes y el amor que llena el interior y el suspiro. Remendamos los trapos viejos y sucios que la edad va dejando roídos, renovamos la estela, las paredes marcadas con todos los signos, el beber de las aguas y los sorbos de vino.

Lo mejor es tenerte a mi lado dormido, arrullarte los sueños, hilvanar las historias que escriben mis dedos, admirar los luceros que arremeten los cielos y, encender los sudarios con caricias y besos que se guardan muy dentro del pecho y de los más feroces sentidos. Lo mejor es andar de tu mano, envejecer y morir o vivir por vivir iluminados de Rosa pálido, cuando se apagan las velas y se escucha el rio.

Sección Rosa Palido: Mi ciudad

Por: Lorena Avelar

Enero 2022

 

Mi ciudad

Entro en mi ciudad, la reconozco por una expectativa agazapada, sus grandes edificios, las largas avenidas conglomeradas de muchedumbre y los vagones del metro. Después el mercado con portales y con tiendas de frutas, los rieles relucientes de un tranvía que se pierde hacia un rumbo donde fui joven, un olor a colegio, paredones tranquilos, un blanco cenotafio, y mi barrio con su ahuehuete milenario que no termina de olvidarme.

 

Mi ciudad es olores, colores e historia en un sólo ambiente que reluce secretos y recuerdos condensados en el relente de un presagio indiferente. Todo es andén en los equivocados trenes, y las innumerables vías por donde bruscamente se desplazan los automóviles, los espíritus y el insalvable perdón de los perros que custodian sus calles; en ella nada es verdad y la esperanza es frágil, como el eco de sus habitantes.

 

Dos poemas de Norma Vázquez Sotelo

Marzo 2021

 

 

I

En  esta maldita incertidumbre

 ya no sé de qué lado sale el sol

o si veo en esta noche la luna

inmensa soledad en las montañas

cubre mis secretos nebulosos

el arcoíris me prometió siete colores