UMBRAL HACIA LA LUZ
Enero 2026
por Samuel Ronzón
El cambio de año es, en apariencia, un simple ritual: las doce uvas, el reloj que marca la medianoche, los buenos deseos compartidos. Sin embargo, detrás de estos gestos cotidianos se esconde un símbolo más profundo: el umbral. Cada transición temporal nos recuerda que la vida no es mera sucesión de días, sino la posibilidad de atravesar fronteras interiores.
El 2026 se presenta como una puerta. No una continuidad mecánica del calendario, sino un espacio de decisión: dejar atrás los baúles de recuerdos, poner límite a la sombra y reconocer que la claridad no depende de fuerzas externas. “Ningún dios, sino nosotros” —la frase resuena como un manifiesto existencial. La responsabilidad de navegar mares de zozobra recae en nuestra conciencia, no en entidades superiores.
La metáfora del magma que engendra una flor ardiente revela que la luz no surge negando la oscuridad, sino atravesándola. La vida, como un teatro que comienza cuando el telón se baja, nos recuerda que lo que llamamos final es también inicio. El miedo impuesto por quienes buscan control es la estrategia para impedir que descubramos nuestra condición de seres luminosos.
El umbral hacia la luz es, entonces, un acto de conciencia. No basta con esperar que la montaña llegue a nosotros: debemos caminar hacia ella. El viaje es interior, pero también compartido. Al tocar el corazón comprendemos que la claridad no es individual, sino común; que la luz habita en nosotros y nos sostiene en el tránsito.
Así, el año nuevo no es solo un calendario renovado, sino la oportunidad de asumir nuestra libertad y de recordar que cada instante puede ser un umbral hacia la luz.
