Junio 2026
Autor: Víctor Munita
ZURDOS
A: Rocky Balboa y los poetas de los pueblos olvidados.
Ambos somos puño sur
en el país de las oportunidades.
Los extranjeros
que no descubrimos América.
Ambos fuimos poetas,
gracias al entrenamiento
en los frigoríficos de la academia inconclusa.
Swing.
Jab.
Uppercut.
Directo.
Hook sobre los cuadernos.
Corría todos los días hasta la universidad.
El microbús era caro para un boxeador de la palabra.
Aun cuando ya estaba todo abandonado,
imaginaba ilusamente,
que un día en la cima más arcillosa de la ciudad,
erigirían una estatua con mi rostro
por el simple hecho de boxear con las vocales.
Mientras tanto en la espera,
usaba un pantaloncillo con la bandera de mi país,
creyendo que los compatriotas de mi país poema,
me salvarían del knock out y la miseria
tira la toalla compañero,
no vuelvas al cuadrilátero me decía.
Pero entrené
como un toro en un armario chino,
retando a los rusos,
a los gringos
y al sol.
TARDES DE CINE
En medio de los buitres de la televisión,
en el Philadelphia Museum of Art,
Rocky nos regaló el fuego por las tardes.
Escalón a peldaño,
peldaño a escalón.
Peldaño.
Trotando las calles,
saltando la baranda de los infortunios.
Saludando a los vecinos,
espantando palomas y gorriones,
cruzando parque, avenidas y plazas.
Corriendo a toda velocidad y detrás
de él no venía nadie, absolutamente nadie,
ni la sombra de lo que será.
Balboa fue Prometeo, con un guante
incendiando la pantalla de nuestras tardes
como si estas fueran
un lienzo de Rubens que se reproduce
de lunes a domingo.
GUANTE DORADO EN LA MANZANA DE ADÁN
Ambos cuando nos vemos de frente,
nos hallamos parecidos a Rocky Marciano.
¡Vamos, poeta! ¡Micky te ama!
Y ponemos una invisible gargantilla de oro
sobre nuestros cuellos y
hablamos en tonos más bajos,
acariciando el pescuezo en una foto familiar.
Sintiendo la vida en un paneo,
atravesando con saliva una casa que se pudre
y nos miramos de frente como dos púgiles poetas
que ya no riñen
y solo ruedan su película inmutable.
HUEVOS CRUDOS
Todos los días a las 5 de la mañana
el hambre nos llama
y la pobreza nos hace el desayuno:
5 huevos en un vaso a la boca,
nos chorrea y al estómago.
Tenemos la esperanza de alcanzar los sueños
y corremos por el barrio a ellos.
La gente nos saluda, nos da la bendición.
A mí me dice el poeta
y a ti el semental de Italia Balboa.
Yo no creo en Dios y
tú sonríes con el Padre Carmine,
con la cruz de aire en la cabeza,
corriendo como un enfermo de objetivos.
Al final de todas las cosas,
no somos más
que el loquito del pueblo,
ese que baila
en medio de las plazas de provincia
y la gente ríe,
tirando unas monedas.
MINUTO 1
¿En Kiev pensará Iván Drago?
en Kiev.
En la posibilidad de dar en Moscú
un testerónico testamento
frente a la calva manchada
como un planisferio café
de su presidente,
para probarle que la historia
la crean los pueblos
pero la publica el Estado.
Y él no es nada
sin las políticas públicas Soviéticas,
no es la máquina
de aniquilar capitalistas.
Este pálido ruso no sospecha,
que una noche de 1985,
una Nación, el respeto,
y Ludmilla Vobet Drago
la mismísima Brigitte Nielsen,
lo abandonarán y
no le quedarán más que los puños
para pelear la comida
con los callejero perros de Ucrania.
MINUTO 2
Romper
desde adentro
el capitalismo.
Tal como Drago destruyó
irreparablemente
el interior de Rocky.
Solo los recuerdos alumbran
sus tiempos buenos.
El flashback del planeta entero
sigue siendo
la gran manzana neoyorkina
y todo se arregla en la vida
como una gran pelea
por el título mundial.
NADIE HUBIERA PODIDO SUPONER RAMBO
No era mi guerra.
Me llamaron ustedes a mí,
no yo a ustedes.
Que para el jueves estaría escapando
de la Guardia Nacional de Kentucky,
de la policía de seis condados
y de un buen número de civiles
amantes de las armas de fuego.
Nadie podría imaginar,
que ese muchachito de barba sin cortar,
de pie al lado del surtidor de gasolina,
con el pelo que le cubría las orejas,
que intentaba hacer dedo
para trasladarse a Portland,
haría volar la estación de servicios
y la oficina de policía local.
Solo el fuego supo leer en su mirada
que el mundo que él traía de vuelta,
no cabía en el silencio de aquel pueblo.
Nadie vio que bajo el pelo sucio
ya no habitaba un hombre,
sino un eco buscando un hogar
que solo halló en la pólvora.
Dejó una estela de humo como firma
para que todos recordarán, por fin,
que a los fantasmas no se les niega el paso
por el guión de su propia guerra.
VENADO CHILENO
Teasle nunca comprenderá
que los cuchillos son para cazar comida.
Y los animalistas
no podrían aceptar jamás
la muerte de un venado
y un charco de sangre
en una pantalla de CinePlanet,
porque los venados en Kentucky
se parecen a los perros vagos chilenos,
esos cientos parados en una esquina,
ladrando o en los cruces de carreteras
aventurados al desierto
como venados en corral ajeno
más de alguno responderá
si lo llamas por su nombre
porque curiosamente “Rambo”
es un nombre común para mascotas
abandonadas al confín de los días.
Y uno transita por ahí,
en las autopistas,
cinematográficamente y ve
como hacen de un perro muerto las jaurías,
un venado cualquiera en Kentucky,
sobreviviendo como John Rambo
en una pantalla de CinePlanet.
Víctor Munita-Fritis, Copiapó, Atacama, Chile. Ha participado en ferias y encuentros literarios en España, México, Bélgica, Francia y Perú. Es autor de “México, Paisaje de Copiapó” (TC,2021), el poemario “Libro de Asistencia” (UANL, Mx, 2024) y “Yo, entre todas las Mujeres” “Zona de Sacrificios” (Mano Falsa, Mx, 2025) Ha recibido dos veces la Beca de Creación Literaria de Chile, Premio al Mejor Libro de Poesía de Fútbol Chileno Fund. IHE (2018) y la Medalla Pedro León Gallo del Gob. Reg.(2023), Premio Trayectoria Artística de Atacama (2025).
