Revista Anestesia

𝙴𝚕 𝚍𝚘𝚕𝚘𝚛 𝚜𝚎 𝚚𝚞𝚒𝚝𝚊 𝚌𝚘𝚗 𝚕𝚎𝚝𝚛𝚊𝚜

Para leer en cuarentena

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Por José Antonio Lugo
16 Abril 2020
Durante cuarenta días compartiré con mis amigos textos y reflexiones, no solamente literarios. Lo haré con la convicción de que la literatura y el debate inteligente son antídotos contra el tedio, la ansiedad y el catastrofismo. Viajemos hacia adentro en estos días, sí, impidamos el contagio, sí, pero sin abandonar la lectura, que nos permite ver y entender el mundo.
XXXIV de XL. Literatura rusa (25 de abril).
Aprovecho el comentario de mi querido amigo Salvador Olvera para recordar libros y autores de la literatura rusa, tan querida para mí como lector.
Pienso en las obras satíricas de Saltykov-Schhedrin, antecesor literario de Nikolái Gógol, autor de _Almas muertas_ y del _Diario de un loco,_ que durante años protagonizó Carlos Ancira los lunes en el Polyforum Cultural Siqueiros. Carlos, tío de mi querido colega escritor Ricardo Ancira y padre de la extraordinaria traductora del ruso y del griego Selma Ancira.
Pienso en Lev Tolstoi y _La guerra y la paz,_ que he estado viendo en _Film & arts_ en una estupenda producción de la BBC... No se la pierdan para ver al conde Pierre Besukhov sobrevivir -¿cómo sobrevive un hombre bueno, en medio de la maldad del mundo?
Recuerdo _El Don apacible_ de Mijaíl Shólojov, que a pesar de ser una novela socialista -publicada por editorial Progreso, que con esas obras mandaba mensajes ideológicos a todo el mundo- era una buena novela.
Pienso, por supuesto, en Pushkin, el extraordinario poeta, el autor de _Eugenio Onegin,_ que luego Tchaikovsky convirtió en ballet. Pushkin escribió: "La luna, lámpara del cielo". Un trío de grandes poetas: Anna Ajmátova, que retrató el horror, Marina Tsvetáyeva, que se suicidó en 1941 y Joseph Brodsky, que vino a México a los encuentros que organizó en los años noventa Octavio Paz.
Recuerdo también a Iván Bunin y sus novelas costumbristas que le hicieron ganar el Premio Nobel de Literatura en 1933 y a Iván Turgueniev, que vivió muchos años en París y fue amigo de Flaubert.
Por supuesto, a Vladimir Nabokov, que empezó escribiendo en ruso y terminó siendo un estilista en inglés, con sus incomparables novelas _Lolita_ y _Ada y el ardor._
No podemos dejar pasar a Fiódor Dostoyevsky. ¡Nadie como él para retratar las profundidades del alma humana! Obras como _Crimen y castigo, Los hermanos Karamázov_ y _Los demonios_ forman parte del patrimonio literario de la humanidad.
Andréi Platónov, de quien conozco un par de libros, me parece un cuentista que combina lo mejor de la tradición realista con una ternura conmovedora.
Boris Pasternak ganó el Premio Nobel de LIteratura -y lo rechazó-. Escribió _El doctor Zhivago,_ que protagonizaron Omar Sharif y Julie Christie.
Mijaíl Bulgákov escribió una obra extraordinaria, _El maestro y Margarita,_ que narra la llegada del diablo a Moscú y la historia del Maestro, que está escribiendo una novela sobre Joshua-Ga-Nozri y Poncio Pilatos.
Isák Bábel, su contemporáneo, escribió el libro de cuentos _Cosecha Roja_ y se dice que escribió una novela, que aparentemente se perdió. Murió en un campo de concentración a donde lo mandó Stalin.
Alexander Solyenitzin nos habló de esos horrores en _Archipiélago Gulag._
Falta mencionar a uno de los mejores cuentistas de todos los tiempos: Antón Chéjov. (A Elena Titova, quien me dio algunas clases de ruso).
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