Revista Anestesia

ūĚôīūĚöē ūĚöćūĚöėūĚöēūĚöėūĚöõ ūĚöúūĚöé ūĚööūĚöěūĚöíūĚöĚūĚöä ūĚöĆūĚöėūĚöó ūĚöēūĚöéūĚöĚūĚöõūĚöäūĚöú

Los ladrones invisibles

IMG_2799

Por Cristian Romero 

16 Septiembre 2020

No les importó que junto a ella estuvieran sus padres. Se la habían llevado y con ella se llevaron a sus padres, también.

  • Casi no baja por estos rumbos, por ning√ļn rumbo, de hecho. Es raro verlo por ac√°. Voy a preguntarle qu√© quiere.

Lo reconoci√≥ de inmediato. Los pasos que se desprend√≠an del suelo pegajoso parecieron una eternidad. En la mente de Zacar√≠as no dejaba de aparecer la imagen de los peri√≥dicos de aquella ma√Īana. Record√≥ que ese d√≠a, antes de abrir el local, Juan (el voceador), pasar√≠a puntualmente (como todas las ma√Īanas) a entregarle un ejemplar de El Verbal. La rutina era simple, pero efectiva. Cual manecilla de reloj, la puesta en escena: Se levanta el tel√≥n. Alarma. Salto de cama. Cama tendida. Piel mojada. Dientes lustrados. Desayuno caliente. Dientes caf√©s. Espejo mir√≥n. Dientes lustrados. Perfume, siempre perfume. Escaleras hacia abajo. 7:00 am. Suena El Fon√≥grafo. Suenan Los Panchos. Toque de puerta. Vistazo a mu√Īeca. Diez han pasado. Voz. ¬°Buen d√≠a! Voz. ¬°Buenos d√≠as! Se levanta la cortina. Se inaugura el nuevo d√≠a. Se cierra el tel√≥n.

Por alguna raz√≥n, los pasos se le hac√≠an pesados. Era dif√≠cil llegar hasta la mesa donde Hern√°n hab√≠a decidido sentarse. No hab√≠a terminado de chocar la suela del zapato con el piso cuando la mente lo volv√≠a a sacar de contexto. Hac√≠a fr√≠o esa ma√Īana, recuerda. No, hac√≠a calor, era verano. Mentira, estaba terminando de llover y esa era la raz√≥n por la que Juan no hab√≠a llegado. O, ¬Ņhabr√° sido por lo que ocurri√≥? Juan nunca faltaba, cuando daban las 7:10 am, la mano del vocerito se balanceaba sobre la puerta del local y era el momento en que Zacar√≠as levantaba la cortina para dejar entrar la luz del amanecer y a los primeros clientes que despertaban en la banqueta. Un paso m√°s. ¬ŅQu√© querr√° el condenado cabr√≥n?

Hern√°n miraba hacia la puerta. Se hab√≠a percatado que el regordete de Zacar√≠as se acercaba hacia √©l. No le result√≥ extra√Īo. Tiene que atender a su clientela, se dijo.¬† Los ojos se le cerraban al tiempo que los pasos de Zacar√≠as avanzaban. Era el tic que desarroll√≥ de peque√Īo. ¬ŅPor qu√© camina tan r√°pido? (se apresuraba a cuestionarse). El tic no se iba. De la nada, el pasado se hab√≠a sentado frente a √©l. Record√≥ una monta√Īa de ropa arrugada que invad√≠a su cama y que ten√≠a que doblar antes de que su madre terminara de lavar m√°s ropa. Como siempre, no lo hizo y prefiri√≥ sentarse delante del televisor a ver el programa de terror para ni√Īos. ¬ŅCu√°ndo inici√≥ el tic? ¬ŅFue esa noche o la noche anterior o la noche despu√©s de esa? Escuch√≥ una suela de zapato acercarse y una silla chillar mientras era jalada por una mano. Mir√≥ de frente los ojos del regordete y el tic se fue. El pasado jalaba la silla y se hab√≠a sentado frente a √©l.

  • Cuando te vieron, todos se preguntaron por ti.
  • ¬ŅTodos los dos con los que estabas?
  • Todos esos. ¬ŅCu√°ndo regresaste y, lo que es m√°s importante, por qu√©?
  • No he regresado. Ninguno lo ha hecho.
  • Entonces no contestes como el insolente que siempre fuiste.
  • ¬ŅLas palabras pueden ser insolentes?
  • S√≥lo si son insolentes quienes las usan. ¬ŅA qu√© has venido, Hern√°n?
  • ¬ŅEs acaso que no puedo venir a tomar un trago?
  • Son las diez de la ma√Īana.
  • Eso no les impide a tus amigos estar aqu√≠.

Con una mirada completamente fija en el rostro del invasor, Zacar√≠as empu√Ī√≥ las manos y recorri√≥ con los pulgares sus propias huellas dactilares. Ni si quiera se percat√≥ cuando dej√≥ la franela gris en la mesa. Un momento despu√©s, se hab√≠a quitado la mugre de todos los dedos. Fue hasta ese entonces que se atrevi√≥ a preguntar: ¬Ņqu√© quieres tomar?

La respuesta apareció de golpe. La cerveza tardaría un poco más. Zacarías se levantó de la silla sin dejar de mirar el rostro nebuloso de su infame visitante. Se apartó de la mesa, viró el cuello hacia los dos borrachos de la barra y regresó la vista hacia Hernán. Suspiró quedo y le regaló una sonrisa hipócrita. Entonces, se alejó en busca de esa cerveza.

Un pasado se alejaba de su mesa, pero, inmediatamente, aparec√≠a otro. El pensamiento lejano le obligaba a recrear aquella noche y esa noche lo redirig√≠a a aquella vez. ¬ŅCu√°ndo comenz√≥ el tic? ¬ŅSi hubiese terminado con la monta√Īa de ropa, ella seguir√≠a aqu√≠? ¬ŅYo seguir√≠a aqu√≠? ¬ŅSeguir√≠a en alg√ļn lugar? ¬ŅSeguir√≠a? Vaya que son insolentes las palabras. ¬ŅPor qu√© ten√≠a que llevar a su mesa el maldito tic? El programa, le gustaba mucho el programa de terror para ni√Īos. ¬ŅC√≥mo se llamaba? Espasmos en la noche. No, Escalofr√≠os en la oscuridad. Falso, Terrores nocturnos. Lo que s√≠ recordaba era lo que ocurrir√≠a despu√©s. Es m√°s, recordaba el sonido diab√≥lico de la lavadora vieja de su mam√°. Cu√°nta ropa ten√≠a que lavar su mam√°. ¬ŅPorqu√©? S√≥lo eran tres y casi no usaban otro atuendo que el que siempre vest√≠an. La memoria tambi√©n es insolente. Encuentra absurdo que no logre recordar el simple nombre de un programa de televisi√≥n, pero aquel sonido estrujante y chill√≥n de la lavadora vieja aparece con cada destello memorial dentro de su cabeza, dentro de sus o√≠dos. Maldita noche. Despu√©s de la velada sacada del infierno, los llantos no se hicieron esperar. Hay una parte en su recuerdo que est√° borroso, casi todo, de hecho. Tal vez, lo borr√≥ el rastro de sangre que hab√≠a en la cocina. Tal vez, lo borr√≥ el chirriante esc√°ndalo que segu√≠a produciendo la sat√°nica lavadora. No cesaba. No se callaba nunca. Nunca se cay√≥. Sigue sonando. Cada vez que su mam√° sub√≠a con una tanda de ropa, √©l se levantaba del suelo, apagaba el televisor y tomaba entre sus manos alg√ļn pantal√≥n que deb√≠a estar doblando. Pero esa rutina no hubiera sido posible sin la peque√Īa chispa de complicidad de su madre. Ella sab√≠a que Hern√°n no estaba doblando ropa. Por eso, cada vez que sub√≠a, sus pisadas en la escalera eran m√°s fuertes y pesadas. El sonido de la chancla subiendo escaleras tampoco es f√°cil de olvidar. La intenci√≥n era avisarle al o√≠do de su hijo que estaba por aparecer en el cuarto. De esta manera, el ni√Īo pod√≠a tener un tiempo para preparar el set y comenzar a montar la escena de la ropa doblada. Al final, la ropa la doblaban juntos.

Todas las noches era lo mismo y ninguno de los dos se perjudicaba con el otro. Pero repito, esa noche fue sacada del infierno. Su madre ten√≠a una prisa de los mil demonios. Ir√≥nicamente, fue la prisa la causante de la demora en su recurrente actividad. Esa noche, las bolsas de ropa eran muchas m√°s de lo com√ļn. Para las nueve, la cama ya ten√≠a que estar vac√≠a, limpia, lista para usarse. Esa vez, no. Su padre hab√≠a entrado a la casa. Su padre. El espejo le dice que se parece a su padre. √Čl se repite la falsedad de esa versi√≥n. ¬ŅCu√°ntas veces habr√° visitado (su padre) esos lugares para perder los sentidos? Lo m√°s extra√Īo. ¬ŅPorqu√©, (√©l) est√° en uno de esos lugares, esperando una cerveza?

La noche estaba alcoh√≥lica. El engendro de Sat√°n hab√≠a entrado en su casa, horas antes se encontraba en el cabaret que su padre visitaba. Bailando con √©l, bebiendo con √©l, ahora, habitando en √©l. Los pasos tambaleantes y violentos que su pap√° daba, lo sucumbieron. El padre los mir√≥ con desagrado, con indiferencia, con odio. Se dirigi√≥ al cuarto. ¬°No vayas al cuarto! ¬°No vayas al cuarto! Demasiado tarde. ¬ŅEstaba so√Īando? Eran m√°s de las once de la noche y la ropa segu√≠a ah√≠, en la cama. Quer√≠a descansar del baile con el diablo y la monta√Īa de trapos se lo imped√≠a. Busc√≥ su reloj de pulsera en una de las bolsas de su pantal√≥n. Cartera. Llaves. Tres monedas. ¬ŅServilleta? ¬°Por fin! Reloj… Su mirada inestable no lo enga√Īaba, era media noche. De pronto, la indiferencia de su mirada se convirti√≥ en el acto de mayor cuidado, de mayor atenci√≥n. Ten√≠a que regresar a mirar a su familia. Ten√≠a que regresar a golpear a su familia. Ten√≠a que regresar a matar a su familia.

El peque√Īo Hern√°n miraba. La boca seca, abierta. Los ojos aterrados, llorosos. La cara punzante, roja. El cuerpo r√≠gido, caliente. La mente distante, rota. ¬°Fue ah√≠! ¬°Fue ah√≠! ¬°Ah√≠ comenz√≥ el tic! S√≠. La sangre de su madre le ocasion√≥ el tic. El tic que lo acompa√Īa (tic, tic). El tic que no lo deja (tic, tic). Fue una plancha (tic, tic). Es el programa de terror para los ni√Īos (tic, tic). Pero √©l acababa de poner esa plancha en la mesa (tic, tic). Su madre apenas la hab√≠a prendido (tic, tic). A√ļn no deb√≠a estar caliente (tic, tic, tic). Entonces, ¬Ņpor qu√© quem√≥ todo el rostro de su madre? (tic, tic, tic). Sangre, mucha sangre (tic, tic, tic). Dolor, demasiado dolor (tic, tic, tic). Llanto, incontable llanto (tic, tic, tic, tic). ¬ŅSirenas? (tic, tic, tic, tic). ¬ŅLuces, personas? (tic, tic, tic, tic). Pasos. (tic, tic, tic, tic). Se escuchan pasos (tic, tic, tic, tic). S√≠, son pasos (tic, tic, tic, tic) ‚Ķ

  • S√≥lo quedan oscuras.

Una cerveza chocó con la madera de la mesa y lo sacó de su letargo mental. El tic se fue. Un suspiro hondo, profundo. Su rostro sudaba. Miró la botella de cebada líquida y recogió la franela gris que Zacarías había dejado hace un instante. Se secó el sudor.

  • Est√° bien. No me gustan las claras.

Zacarías volvió a sentarse frente a él. Le quitó de un golpe la franela de sus manos, la dobló como se dobla la ropa y la metió en una de sus bolsas del pantalón. Hernán lo observó todo con detalle. El regordete metió la mano al delantal que llevaba puesto y sacó un destapador. Tomó la Victoria en sus manos y la destapó. Segundos más tarde, la Victoria era de Hernán.

Sorbo. Miradas. Un sorbo más. La bebida gasificaba su garganta y al tiempo, le producía una sensación de alivio, de bienestar. Pareció una eternidad. Tan sólo se quedaron mirándose uno al otro, como esperando que alguno se atreviera a romper el silencio que se había formado desde el regreso de Zacarías a la mesa.

  • Ahora, me vas a contar qu√© es lo que buscas.

Hernán se mordió los labios y regresó la botella a su boca. Terminó el trago, bajó la botella y agachó la mirada.

  • Un poco de tranquilidad.

Zacar√≠as lo escuch√≥ y sonri√≥ sin vehemencia. Francamente, la sonrisa hab√≠a sido producto de un nerviosismo espontaneo propulsado por aquella respuesta. El due√Īo del local recost√≥ la espalda en la silla y sac√≥ un paquete de cigarros a la mitad. En la cajita arrugada guardaba un encendedor rojo, tambi√©n a la mitad. Tom√≥ un tabaco, se lo llev√≥ a la boca y antes de que girara el rodillo del mechero‚Ķ

  • ¬ŅSigues fumando Delicados?

Zacarías apartó la vista del cigarrillo y la dirigió a Hernán. Con el filtro en la boca, repuso…

  • S√≠. A√ļn fumo Delincuentes‚Ķ

Fue esa palabra la que los paralizó de un tajo. Ambos quedaron con las pupilas puestas en el otro. No hubo movimientos. No hubo dicciones ni sonidos externos que impidieran el atroz sentimiento de culpabilidad que experimentaron al escuchar esa palabra. Al fin y al cabo, ellos eran parte esencial del componente definitorio de aquel vocablo.

El suplicio termin√≥ cuando el ta√Īido de los engranes de una vieja sinfonola comenz√≥ a envolver el ambiente. Sus cabezas giraron de manera paralela hacia el origen del ruido. Su atenci√≥n hab√≠a encontrado a los causantes de dicho sonido. Eran los borrachos de la barra. Se dispon√≠an a buscar en el aparato musical un disco que amenizara el espacio y que terminara con los bloques inc√≥modos de la llegada de aquel visitante. Sin perder de vista los movimientos alcoh√≥licos de ese par, Zacar√≠as se dijo en voz baja: – ¬°est√ļpidos borrachos! Los dos regresaron a esa pl√°tica que no hab√≠a empezado.

El cigarro estaba prendido. Un humo blanco y ligero comenzaba a tornarse gris y espeso.

  • No dejo de pensar en ese d√≠a. Siento que mi cabeza va explotar si no lo cuento.

El cigarro se pint√≥ de un rojo b√°ratro y la mirada de Zacar√≠as, a√ļn m√°s. Hab√≠a llamas desprendidas de su iris. ¬†La bocanada dur√≥ hasta que su boca se amarg√≥ con el sabor del tabaco enfurecido. El humo sali√≥ expulsado de sus pulmones como el disparo que se realiz√≥ aquella vez. De pronto, el silencio del cuarto se apag√≥ con la llegada de las primeras notas musicales, inducidas por el par de borrachos.

  • Que no se te ocurra volver a plantear esa posibilidad.

Los acordes emitidos por las antiguas bocinas de la sinfonola repicaban en sus tímpanos y se escuchaba la introducción en voz de Eydie Gormé. Sonaban Los Panchos.

Tanto tiempo disfrutamos de este amor,
nuestras almas se acercaron tanto, así
que yo guardo tu sabor,
pero t√ļ llevas, tambi√©n,
sabor a mí.

El recuerdo de aquella ma√Īana y la inasistencia de Juan (el diariero), llegaron a su cabeza como rayo. Era como si todas las personas involucradas ese d√≠a, regresaran veinte a√Īos despu√©s a su local para recordarle que no deb√≠a intentar olvidarse de ellos.

Hernán en silencio. Una tensión se interpuso entre el par de cabezas y se balanceaba; un columpio en su memoria. Otra vez, su madre. Su madre abrazadora.

  • ¬ŅQu√© es lo que tienes en mente? ‚Äď por fin, continu√≥ Zacar√≠as.

El bolero del trío de cuatro (cual novela de Dumas), se mezclaba en su pensamiento.

Si negaras mi presencia en tu vivir,
bastaría con abrazarte y conversar,
tanta vida yo te di
que por fuerza tienes ya,
sabor a mí.
  • ¬ŅRecuerdas aquella ma√Īana?

El cigarro se terminaba. Para las manos de Zacarías, la cajetilla se vaciaría pronto. Sacó otro. Con el tabaco apagado entre sus dedos y el tabaco prendido entre sus labios, se animó a contestar tan horrorosa cuestión.

  • Lo importante no es aquella ma√Īana, sino lo que hicimos al anochecer.

Con el filtro medio encendido de lo que había sido un cigarro, le dio vida al tabaco nuevo. El papel lleno de nicotina emerge de sus propias cenizas, como el fénix, como la memoria. Maldita memoria.

  • Nos volvimos c√≥mplices desde la ma√Īana (Hern√°n interrump√≠a sus cuadros memor√≠sticos).
  • Pero ladrones al anochecer (Zacar√≠as no se dejar√≠a convencer).
  • ¬ŅSimples ladrones?
  • No es simple‚Ķ y es lo que somos.
  • Robar personas no es de ladrones‚Ķ
  • Te repito que‚Ķ
  • ¬°Y yo te repito que lo que hicimos no fue un robo!

Zacarías se encontró sorprendido cuando el grito se desbordó de la comisura labial de su interlocutor. Los borrachos de la sinfonola se pasmaron con el alarido y, por un instante, los cuatro se quedaron observando entre ellos. Instante después, todo se había normalizado. El regordete lo miró con un destello violento y le tomó, bruscamente, el brazo. Lo apretó sin darse cuenta de la fuerza que estaba utilizando.

  • ¬°Debes ser m√°s cuidadoso!

Sus dientes ni se despegaron al pronunciar la frase y sus ojos parecían que iban a desprenderse de los agujeros oculares. Un dolor entumecedor comenzó a manifestarse en el brazo estrujado de Hernán. El invasor de la cerveza realizó un movimiento rápido y efectivo que separó la mano que lo oprimía. Los dos quedaron quietos y callados…

  • Esp√©rame aqu√≠.

El tipo al que le gustaban los programas de terror para ni√Īos termin√≥ la cerveza y, sin apartar la mirada del cara hinchada, acentu√≥ con la cabeza.¬† Zacar√≠as se levant√≥ de la silla y camin√≥ hacia el par alcoh√≥lico.

 

¬°No! ¬°C√≥mo crees! ¬°Es muy temprano! ¬°Todo por ese que lleg√≥! ¬°Una canci√≥n m√°s! ¬°Una y nos vamos! ¬°Ha de ser tu novio! ¬°No! ¬°D√©janos! ¬°No hacemos ruido! ¬°Quitamos la m√ļsica! ¬°Bueno, una canci√≥n y ya! ¬°No! ¬°Te pasas! ¬°Pinche Zaca! ¬°Est√°s jugando! ¬°No mames, cabr√≥n!

La cortina del local recorri√≥ un trayecto vertical. Una sombra cubri√≥ de oscuridad la luz de los hilos solares. La sinfonola se hab√≠a cayado. Ya no sonaban Los Panchos. El pinche Zaca regresaba a la mesa de su antiguo c√≥mplice. ¬ŅSu actual c√≥mplice?

  • Hoy cerramos temprano.
  • Nunca entend√≠ por qu√© una pulquer√≠a abre a las siete de la ma√Īana.
  • 7:10 am, puntualmente, desde hace treinta a√Īos.
  • Tanta puntualidad es enfermiza, ¬Ņno te parece?
  • ¬ŅTan enfermizo como una violaci√≥n o menos?

Ya no ten√≠a cerveza, pero en ese momento, sinti√≥ que necesitaba tomarse un barril completo para olvidar las dolorosas letras de esa palabra. V-I-O-L-A-C-I-√ď-N. M√°s miradas.

  • Ven, quiero mostrarte algo.

Hern√°n dej√≥ la silla y sigui√≥ los pasos de Zacar√≠as. Dejaron atr√°s las mesas, la barra, la fermentaci√≥n, los curados, el aguamiel, los chivatos, los tornillos, las macetas, las cacarizas, los torreones, las j√≠caras, las tripas y los ba√Īos o, mejor dicho, el orinal. Se encontraron con una reja que divid√≠a el acceso hacia la planta alta del inmueble. Con una llave antigua, Zacar√≠as la abri√≥. Atravesaron la rejita negra y se toparon con una escalera de cemento pintada de un verde carcomido por la humedad. El √ļltimo escal√≥n. Pareci√≥ una eternidad. Ahora, hab√≠a un l√ļgubre pasillo. El pasillo conoci√≥ la luz gracias a unas l√°mparas en forma de candelabro encendidas por unas manos regordetas. Los focos alimentaban la imagen de unos cuadros grandes que acompa√Īaban el recorrido. Hab√≠a muchos cuadros, demasiados cuadros. Muchos ojos, demasiados ojos. Muchas miradas, demasiadas miradas. M√°s recuerdos, demasiados recuerdos. El pasillo no se acababa nunca. ¬ŅCu√°ntos cuadros habr√° aqu√≠? Grandes, peque√Īos, medianos. Hab√≠a unos de medidas exorbitantes. Al fondo, se ve√≠a una puerta de madera. La puerta se hab√≠a apiadado de ellos y se acerc√≥ o al fin hab√≠an llegado. La manija gir√≥. Hern√°n no dejaba de preguntarse qu√© era lo que Zacar√≠as quer√≠a mostrarle. La puerta estaba abierta. El cuarto de Zacar√≠as. Una cama tendida. Un foco rojo. Una ventana tapada con ladrillos. El olor a humedad aument√≥. En una de las esquinas de la habitaci√≥n, una mesita con un caj√≥n. Los pies se dirigieron a la mesita. Es incre√≠ble cu√°ntas llaves carga Zacar√≠as. Busc√≥, entre todas, una muy peque√Īita. La insert√≥ en el caj√≥n de la mesita y le dio vuelta. El sonido de la llave fue todo lo que se escuch√≥ en el sombr√≠o ambiente. Bastante sufrible era la lent√≠sima velocidad que tom√≥ abrir el desdichado caj√≥n. ¬°No era posible! ¬°Cu√°nta probabilidad hay de que sea la misma! ¬°Tantos a√Īos y se le ve intacta! ¬°El arma de su crimen! La garganta se le cerr√≥ por completo. Un nudo le oprim√≠a la voz y el coraz√≥n. De repente, las pulsiones. Los latidos intensos. Sudor fr√≠o, sudor caliente, sudor confundido. La dilataci√≥n en las pupilas. Un trago amargo de saliva lleg√≥ a su est√≥mago provoc√°ndole un ardor incesante. Regres√≥ la mirada a Zacar√≠as que no dejaba de verlo desde hace un buen rato.

  • Aqu√≠ est√°. M√≠rala bien.

Quiso gritarle en ese instante, pero la boca lenta y opaca. El tic de la infancia había regresado y no se había percatado. El sonido tartamudo de su voz lo interrumpía cuando quiso responderle.

  • ¬ŅC√≥mo (tic, tic, tic) est√°s (tic, tic, tic) tan (tic, tic, tic) tranquilo (tic, tic, tic) guardando (tic, tic, tic) eso (tic, tic, tic) aqu√≠ (tic, tic, tic)?

Un suspiro y después…

  • ¬ŅQui√©n dijo que estoy tranquilo? Nunca duermo tranquilo. No he vuelto a dormir tranquilo desde aquella

No se escuchaba nada, pero en los o√≠dos de Hern√°n apareci√≥ el chirriante sonido de una lavadora infernal. Un zumbido para Zacar√≠as. El cuarto oscuro los invad√≠a con terror. Hern√°n volvi√≥ la mirada al caj√≥n y toc√≥ su contenido con la punta de los dedos. ¬°El tic se fue! ¬°El sonido se fue! El suceso de aquella noche estaba m√°s limpio de su mente. Era claro. Entonces, record√≥ todo y a todos. El vestido. Las bebidas. El sal√≥n. El baile. El juego de botella en su mesa. El √°ngel de √Āngela. As√≠ se llamaba. Invitaciones fechadas. Sirvieron cordero. Rosa, era rosa el vestido. Hab√≠a muchos tragos. Ron, Wiski, Tequila, mucho tequila. La noche estaba alcoh√≥lica. ¬ŅVerdad o reto? Eligi√≥ reto. Tengo que besarla, es el reto. Quiero besarla, es el reto. Tengo que tenerla. Quiero tenerla. Necesito ayuda. Zacar√≠as sabe c√≥mo. ¬°Claro que te ayudo! Apareci√≥ el arma. ¬°Vamos! El alcohol en las cabezas. Nada importa, sigue caminando. ¬°Pero est√° con sus pap√°s! Nada importa, sigue con el plan. ¬°R√≥batela! ¬°Pero est√° con sus pap√°s! ¬°Ll√©vatelos tambi√©n! Los miramos. Nos observan y sonr√≠en. ¬ŅSe r√≠en de nosotros? ¬°R√≠anse de esto! Arma levantada. ¬°R√≠anse de esto! Apuntando. ¬°R√≠anse de esto! Un dedo se acciona. ¬°R√≠anse de esto!

No les importó que junto a ella estuvieran sus padres. Se la habían llevado y con ella se llevaron a sus padres, también.

Sus dedos soltaron el arma y su mente regres√≥ al cuarto en penumbras. ¬ŅCu√°nto tiempo pas√≥? Pareci√≥ una eternidad. En ese momento, las l√°mparas con forma de candelabro comenzaron a hacer parpadear las luces que de ellas emanaban. El zumbido hab√≠a regresado. La penumbra se hizo m√°s negra. Parec√≠a que el piso temblaba. ¬°Eso tampoco era posible! ¬ŅQu√© estaba pasando con sus sentidos? Inm√≥viles. Pasmados por lo que estaban viendo. ¬°Era de locos! ¬°Era del diablo! Las bocas secas, abiertas. Los ojos aterrados, llorosos. Las caras punzantes, rojas. Los cuerpos r√≠gidos, calientes. Las mentes distantes, rotas. ¬°No era posible lo que ve√≠an! Los muchos cuadros, los muchos ojos y las muchas miradas comenzaron a desprenderse de las paredes del escabroso pasillo. Nadie puede imaginarse la terror√≠fica emisi√≥n auditiva que sal√≠a de esos cuadros. ¬°Qu√© est√° pasando! Unos segundos antes, s√≥lo eran ellos dos en la inmensidad del inmueble, ahora, los ojos de los cuadros los miraban con desagrado, con indiferencia, con odio. Si hubiesen podido gritar nadie los hubiera escuchado. De cualquier forma, no pudieron en ese momento. Los cuadros rotos dejaban salir a sus habitantes. S√ļbitamente, el pasillo hab√≠a quedado invadido de personas, invadido de terror. Las personas de los cuadros eran enormes e imponentes. Sus caras, p√°lidas. Se les ve√≠a el espanto de toda una eternidad. Aquellas miradas avanzaron hacia ellos y s√≥lo cuando √©stas estuvieron a un paso de distancia fue que se escucharon dos gritos, los dos se hicieron uno, un intenso grito, un grito avasallador, un grito desesperado, un grito de horror, apagado de golpe por las animadas circunstancias. ¬°Qu√© horror! ¬°Qu√© horror! ¬°Qu√© horror! Las gentes de los cuadros los cubrieron con su cuerpo fantasmag√≥rico hasta que el par de ladrones desapareci√≥. Las gigantescas sombras mironas los hab√≠an devorado vivos. ¬†Nadie los extra√Īar√≠a despu√©s.

***

La lluvia de la tarde hab√≠a dejado un aroma a tierra mojada en la calle. √Āngela amaba ese olor. Dicen que se llama petricor. Esa noche sus nietos estaban de visita. Se le dibujaba una sonrisa genuina cuando ellos la visitaban. Su casa se llenaba de sonrisas. Esa noche, no sabe por qu√©, quiso mirar su √°lbum. Se escucha m√ļsica. Suenan Los Panchos.

Pasar√°n m√°s de mil a√Īos, muchos m√°s,
yo no sé si tenga amor la eternidad,
pero allá, tal como aquí,
en la boca llevar√°s
sabor a mí.

Vaya, ¬Ņcu√°nto tiempo habr√° pasado? Parece una eternidad. Imagen tras imagen. Recuerdo tras recuerdo. Una le llama la atenci√≥n. ¬°Cu√°nta gente! Eso era vestir elegantemente. Las personas ya no se procuran, se dijo. ¬°Esos ojos! ¬ŅC√≥mo se llamaban esos ojos? De repente, record√≥ todo y a todos. Su vestido rosa. El cordero asado que se sirvi√≥. El vals √≠ntimo y hermoso que bail√≥ con su pap√°. Las bebidas. Hermosa noche. Hern√°n y Zacar√≠as, pens√≥. Siempre estaban juntos. Otra sonrisa. Despu√©s qued√≥ pensativa un instante, pues se dio cuenta de que, en su √°lbum, nunca hab√≠a estado el tiro de los dos amigos‚Ķ

***

El padre con su traje gris; la corbata rosa hace juego con el vestido de √Āngela. Sostiene en su mano derecha una botella de Cuervo, con la izquierda abraza la espalda de su hija. La madre con su vestido entallado rosa, obviamente. No deja de mirar al frente y est√° inclinada a la altura de la mirada de √Āngela. Con su mano derecha toca la espalda de su hija y con la izquierda su cintura. √Āngela, por su parte, est√° en medio de sus padres y lleva en sus manos un arreglo florar hermoso, lleno de rosas rosas. Los tres est√°n sonriendo, siempre sonriendo.

***

  • ¬ŅQu√© vas a hacer con ella?

Hernán no dejaba de mirar la imagen y regresó la vista hacia Zacarías. Dio una sonrisa sacada del infierno como respuesta. Inmediatamente, ambos echaron a reír a carcajadas. El viento les rosó la cara y se sintieron felices.

  • Dije que ser√≠a m√≠a y ahora lo es y lo ser√°‚Ķ

Continuaron su camino por la calle vac√≠a. La noche los acompa√Īaba y la luna se volv√≠a su c√≥mplice eterna.

***

En alguna pulquería de la ciudad, en un cuarto oscuro, lleno de penumbras; un cajón resguarda la soledad de una cámara fotográfica.