La rinoceronta

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Por Svetlana Garza 

16 Mayo 2020

Pregunta retórica

Qué te da valor
para pedirme
que las cosas con calma
que tiempo al tiempo

No sabes que mi útero
es un reloj de arena
que sangra en vez de enarenar

 

Qué el mes de amarte
se me escurre entre las piernas
y las ganas de tenerte
se me encajan en la válvula mitral

las ganas como manecillas
de mi reloj corazón

corazón bomba de tiempo
que se autodestruirá
en cualquier momento

 

Homo machinus / Hombre máquina

Quiero que me atropelles
que me pases por encima
que seas como un tren cargado
de material de construcción

Quiero sentir mis flancos
en tu engranaje
su corona de metal
allanándome la piel

Los engranes tienen dientes
que bien encajados
pueden mostrarme
el camino de regreso

Más que gemir
hazme que cruja
que truene
y chisporrotee
bajo tus ruedas

Quiero que me embarres en las vías
que me adhieras a los rieles
que solo puedan arrancarme
usando picos y palas
o como sea que se arranque
la piel del suelo
en esos casos

Quiero mojar la grava de mí
para que mi rocío en la tierra
brille como mi sangre
brille como luciérnagas.

 

Homo carduelis / Hombre jilguero

Hombre pájaro,
falso jilguero,
cantante de poca monta:
Quiero sentarme en tu voz

Quiero me anclada
en-garza-da en ella
hasta de tanto aferrarme
desprenderla

Tu voz animalia
tu voz chordata
vertebrata y tetrapoda
tu tarareo en tenor

La necesito, paseriforme
y fringilidae
escurriendo en vertical

La quiero de tu garganta
más derramada que vertida
más aleteo que vibración

Para que me broten arias
cuando abro la boca
no estos graznidos guturales
que espantan a los vecinos
para que ya no nos odien
los vecinos

Pájaro enjaulado
Hombre volátil
cantante de bajos vuelos
quiero sentarme en tu voz

Y así,
tarareada de ti
trinada de ti
trizada de ti
Con tu voz dentro
seré caja de música
nunca una jaula

 

El Alce

Cérvido ungulado
y tu huella ungulada en mí
¿Si no me dejas marcas
en la piel
cómo voy a saber
de dónde vengo?

¿Si no me embistes
con tus astas
cómo vas a saber
quién es el hombre?

Nunca aprendiste a hablar
pero te oía
tu balido,
berrido,
ronquido,
bramido,
como un tañer de campanas
interrumpiendo
la madrugada
ofreciendo su badajo

Rumiabas las palabras,

maltratador pasivo,
en vez de a mí…
Todo armazón y espinazo
para mis dientes

 

Su corteza helada
sus botas vaqueras
a sus pies mi piel
de cera hundida,
deliciosamente hundida
de pezuñas y cornamenta

Cuando el alce me dio la espalda
me puse a lamerla
a escribirle
“no te vayas”
con la lengua

Su piel dura  y fría
por más que mi saliva
quiso ablandarla
Su espalda escarpada
su espalda litosfera
su espalda relieve terrestre
su espalda
el sello de mi mordida
donde nunca puede verlo.