Revista Anestesia

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La noche en el umbral

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Por Homero Carvalho Oliva聽 聽 聽 聽 聽 聽 聽 聽 聽 聽 聽 聽 聽 聽 聽 聽 聽 聽 聽 聽 聽 聽 聽聽Imagen: Luis Alan铆s聽

16 Enero 2021

Mar铆a Julia sali贸 al umbral del edificio en donde viv铆a segura de que el mundo ya no le importaba, aunque fuera su cumplea帽os. En la ma帽ana, se hab铆a levantado muy temprano, tom贸 un ba帽o de tina y empez贸 a leer un libro titulado Cuentos de mujeres solas, el cual ven铆a postergando desde hac铆a varios meses. Al medio d铆a almorz贸 en la casa de Carlos Federico, su 煤nico hijo. Mar铆a Julia acept贸 la invitaci贸n, pese a no llevarse bien con su nuera, porque quer铆a ver a su nieto de seis a帽os, a quien adoraba. Su nuera no aceptaba su pasado izquierdista ni su actual militancia feminista, especialmente que apoyara el derecho al aborto y la libertad de opciones sexuales.

Abigail, su nuera, al contrario de ella, era una tenaz activista cat贸lica; nunca entendi贸 c贸mo fue que su hijo se enamor贸 de una mujer tan conservadora si ella lo hab铆a criado como un revolucionario, 鈥渃osas del amor鈥, se justificaba su hijo. Se hab铆an encontrado varias veces en trincheras opuestas, disimulando no conocerse; sin embargo, en las pocas ocasiones familiares, cumplea帽os y fiestas, se mostraban muy civilizadas. Al encontrarse, simulaban saludarse con besos en las dos mejillas, sin rozarse la piel siquiera. Ese mediod铆a solo se escuch贸: 芦Muack, muack, hola suegrita querida禄, 芦Hola querida Abigail, qu茅 linda est谩s禄.

Terminado el almuerzo, jug贸 con su nieto, le cont贸 un par de cuentos y se fue a hacer hora en casa para ir a celebrar su cumplea帽os con las amigas.

Desde antes de salir bachiller, durante la d茅cada de los sesenta, Mar铆a Julia hab铆a militado en la juventud del Partido Comunista de Bolivia. All铆 hab铆a conocido a muchachos internacionalistas que ven铆an de otros pa铆ses para trabajar por la revoluci贸n en una permanente reciprocidad de experiencias y sue帽os, como lo hubiese hecho el propio Le贸n Trotski. A帽os anteriores, ella misma hab铆a sido becada, primero en una escuela de cuadros pol铆ticos en Berl铆n y luego en Mosc煤. Se hab铆a esmerado en su formaci贸n pol铆tica leyendo a los cl谩sicos del marxismo y entren谩ndose f铆sicamente para un eventual enfrentamiento armado con la oligarqu铆a enquistada en el pa铆s, 芦lacaya del imperialismo yanqui禄, como le gustaba decir en esos a帽os. Se form贸 pol铆ticamente con la idea de la perfecci贸n, creada por el dogmatismo que sembraba exigencias imposibles en la mente de los j贸venes.

En el a帽o1968, ya ten铆a una formaci贸n pol铆tica s贸lida a toda prueba, incluso a los reparos de su familia conservadora con sobrevalorados apellidos de la mejor estirpe de Espa帽a. Ese a帽o se enamor贸 de Juan Pablo, un argentino que integraba una compa帽铆a de teatro y recorr铆a Sudam茅rica con obras de tendencia revolucionaria. El joven, de rostro tierno, alegre y franco, era un ser humano sin dobleces, con una gran convicci贸n en lo que dec铆a. Logr贸 que Mar铆a Julia se enamorara tanto de 茅l, que lo hubiese seguido hasta el fin del mundo, convencida de que nunca le iba a fallar.

El amor hizo que el artista trotamundos se quedara en La Paz haciendo t铆teres y panfletos. A los pocos meses, ella qued贸 embarazada y tuvieron un hijo, al cual ambos convinieron llamar Carlos Federico en homenaje a Marx y Engels.

Para Mar铆a Julia, los meses que vivieron juntos fueron los m谩s intensos de su vida; pr谩cticamente dej贸 de estudiar y ambos se dedicaron a visitar los barrios pobres con sus t铆teres cuestionadores y sus hojas volantes que anunciaban que la revoluci贸n merodeaba ya todas las esquinas de la ciudad. Mientras Juan Pablo llevaba adelante el espect谩culo de sus mu帽ecos en un teatrito port谩til, presentando obras con grandes contenidos sociales y de denuncia (previamente adaptadas para ni帽os), ella repart铆a el bolet铆n de la Juventud Comunista y hablaba con los padres de los chiquillos o con quien quisiera o铆rla. Para ellos eso era 芦trabajar por y para la revoluci贸n禄. La felicidad ser铆a eterna, como la revoluci贸n que se avecinaba. No cont贸 con los imponderables. El titiritero, un artista militante org谩nico, tuvo que volver a la Argentina al a帽o siguiente de haber conocido a Mar铆a Julia, convocado por su partido; en la estaci贸n de buses le jur贸 regresar.

Mar铆a Julia no volvi贸 a saber de 茅l y decidi贸 criar sola al hijo de ambos. El artista se hab铆a esfumado entre bambalinas. A帽os m谩s tarde, en la d茅cada de los setenta, cuando ella se encontraba en M茅xico exiliada por el gobierno de Hugo Banzer, supo por unos amigos comunes, tambi茅n desterrados, que la dictadura de Videla lo hab铆a hecho esfumarse y su nombre figuraba en las listas de los miles de desaparecidos. Le doli贸 enterarse de la verdad.聽 Carlos Federico crecer铆a con la figura del h茅roe ausente.

Nunca le ocult贸 su origen a Carlos Federico, porque para ella era motivo de orgullo. A帽os m谩s tarde, cuando se recuper贸 la democracia y ella pudo retornar a Bolivia, llev贸 a su hijo ya adolescente a Buenos Aires para buscar a la familia de su pap谩. A trav茅s de la organizaci贸n Madres de Plaza de Mayo, pudo dar con algunos parientes. Un t铆o, que no quer铆a saber nada del pasado, se neg贸 a recibirlos, y la abuela con Alzheimer, cuando los vio, no supo qui茅nes eran. Permanecieron unos d铆as m谩s para conocer la gran ciudad de la que Juan Pablo le hab铆a hablado a Mar铆a Julia con fervor. Tuvieron la oportunidad de recorrer los sitios que, este le hab铆a prometido, visitar铆an alguna vez, tomados de la mano. En las grandes librer铆as compraron unos cuantos libros para su peque帽a biblioteca.

El ni帽o creci贸 cobijado por su madre y sus abuelos maternos. Se educ贸 en un buen colegio privado, porque, pese a su militancia, Mar铆a Julia quer铆a una buena educaci贸n para su hijo y sab铆a que la de los colegios del Estado era mediocre. Educ贸 a Carlos Federico bajo los principios en los que ella cre铆a. Desde ni帽o le hizo saber que todos los seres humanos eran iguales y le ense帽贸 que era un deber luchar contra las injusticias, pues era la obligaci贸n mayor de todo revolucionario, y lo correcto era ser revolucionario.

Los contactos pol铆ticos que Mar铆a Julia mantuvo con algunos l铆deres del Partido Comunista beneficiaron a su hijo con una beca en Cuba, donde estudi贸 Econom铆a. Por eso no le extra帽贸 que, cuando Carlos Federico regres贸 con el t铆tulo entre las manos, se negara a trabajar para los gobiernos 芦neoliberales禄 鈥揷omo su madre y los amigos de esta los denominaban鈥, pese a que los comunistas bolivianos, tanto los de tendencia sovi茅tica como mao铆sta, hubieran apoyado a partidos pol铆ticos contra los cuales antes combat铆an por considerarlos de derecha, como el MNR.

Todos esos partidos, durante treinta a帽os, desde que se inaugur贸 la democracia del pa铆s en 1982, se pasaron el poder en una especie de pasanaku pol铆tico, pas谩ndose el poder refrendados con una serie de oscuros pactos, en los cuales se repart铆an el aparato gubernamental, adem谩s de sus 贸rganos ejecutivo, legislativo y judicial. El pueblo votaba, pero no eleg铆a presidentes. Estos eran elegidos en el parlamento, entre gallos y medianoche, haciendo eco de un art铆culo de la Constituci贸n Pol铆tica del Estado, el cual aviesamente establec铆a que: 芦…el pueblo no gobierna, sino a trav茅s de sus representantes elegidos democr谩ticamente禄. 芦Mientras no cambiemos esta pinche Constituci贸n burguesa, nada cambiar谩 en el pa铆s禄, afirmaba Mar铆a Julia, y por eso apoy贸 a los ind铆genas moxe帽os, quienes en el a帽o 1990 pidieron asamblea constituyente para reformarla total y esencialmente.

La mujer apoy贸 a su hijo econ贸micamente mientras este hac铆a sus correr铆as pol铆ticas en la izquierda nacional. Se sent铆a reflejada en 茅l. Adem谩s, como ella todav铆a trabajaba y ten铆a algo de dinero ahorrado, lo sigui贸 manteniendo sin mayores problemas, hasta que 茅l se cas贸 y se traslad贸 a otra vivienda con su joven esposa.

Carlos Federico despreciaba al Partido Comunista 鈥揳s铆 como su madre hab铆a criticado el indigno papel de los comunistas durante la guerrilla del Che Guevara, pues cre铆a que no debieron abandonarlo a su suerte y, buscando su propio camino, milit贸 en diferentes organizaciones de izquierda, que durante los a帽os de democracia aparec铆an y desaparec铆an鈥. A veces, consegu铆a trabajo en algunas organizaciones no gubernamentales, dirigidas por cuadros de la izquierda boliviana, mientras que otras, apoyaba a algunos frentes en las elecciones municipales y nacionales. Deploraba la traici贸n del Movimiento de Izquierda Revolucionaria a sus principios socialdem贸cratas y les reprochaba la espuria alianza con el dictador Banzer. Para 茅l, nada, mucho menos la angurria de poder, justificaba cruzar los r铆os de sangre. A veces era tan duro en sus cr铆ticas que, m谩s de una vez, se agarr贸 a golpes con excompa帽eros de colegio o de universidad defendiendo su posici贸n.

Como militante del Movimiento al Socialismo, trabaj贸 en todas las campa帽as para que Evo Morales alcanzara la presidencia y, cuando el a帽o 2006 esto se hizo realidad, 茅l y su madre lloraron de emoci贸n. 隆Por fin un ind铆gena presidente! Aunque para muchos de sus conocidos 鈥攊ncluso de izquierda鈥, esto fuera solamente un accidente de la historia, era la gloria para ellos. Ahora s铆 las cosas iban a cambiar.

Tanto 茅l como su madre ten铆an una bien cimentada fama de honestos y consecuentes con la revoluci贸n. Por eso les pareci贸 una l贸gica consecuencia que le dieran a Carlos Federico cargos en la administraci贸n p煤blica. A 茅l no le import贸 que se tratara de jefaturas de administraci贸n ni recibir sueldos menores; acept贸 aquellos cargos sin quejarse, porque sab铆a que se trataba de un compromiso con el proceso de cambio que se iniciaba. El sacrificio val铆a la pena. 脡l cre铆a que este proceso llevar铆a adelante todo aquello por lo que hab铆an luchado su padre asesinado y su madre: la inclusi贸n de los ind铆genas, la reforma total del Estado, la transparencia institucional, la lucha frontal contra la corrupci贸n, as铆 como contra el imperialismo yanqui, y tantas otras cosas que muchos de sus amigos no aprobaban, pues consideraban que ellos deb铆an haber organizado la fiesta y se sent铆an molestos porque les hab铆an arrebatado la utop铆a, 芦…propiedad de la clase media, llamada a hacer la Revoluci贸n禄.

La fiesta de la revoluci贸n hab铆a abierto sus puertas y 茅l era uno de los invitados. Un humilde invitado seg煤n Abigail, que se mofaba de su conformismo y le reprochaba no exigir mejores cargos como lo hac铆an compa帽eros suyos, quienes ni siquiera ten铆an profesi贸n.

Pasaron algunos a帽os y finalmente Carlos Federico, por su lealtad al proceso revolucionario, fue recomendado para un puesto en la Aduana Nacional, una instituci贸n que ten铆a fama de ser la m谩s corrupta de todo el aparato estatal y a la cual el gobierno de Evo Morales destin贸 a algunos de sus mejores cuadros con el prop贸sito de limpiarla.

Sin embargo, a los dos a帽os de ser posesionado como responsable de una direcci贸n, fue destituido del cargo bajo graves denuncias de corrupci贸n. Se lo acusaba, entre otras cosas, de tr谩fico de influencias para liberar mercader铆a guardada en los almacenes aduaneros y se rumoreaba que era el recaudador de dinero de un sector de l铆deres influyentes del Movimiento al Socialismo.

Mar铆a Julia ech贸 por tierra las acusaciones y lo defendi贸 en m谩s de una oportunidad, enemist谩ndose con amigas y amigos de toda una vida. Uno de ellos, leal y afectuoso, hab铆a callado por un tiempo eludiendo hablar del tema por la admiraci贸n que le profesaba. Hasta que un d铆a no pudo m谩s y, creyendo que la fatalidad sufrida por su amiga merec铆a compasi贸n, le dijo: 芦Pobrecita, justo a ti te tiene que salir un hijo as铆禄. Para ella esas palabras, aunque piadosas, fueron dolorosas y lapidarias, pues defin铆an con precisi贸n quir煤rgica el malestar interior que sent铆a, pero se negaba a reconocer. 芦Hay cosas que no han salido a los medios de comunicaci贸n, cosas feas, oscuras, que, poco a poco, van filtrando los compa帽eros y funcionarios de la aduana al Ministerio de Transparencia, y lo peor鈥 Se dice que lo van a usar como cabeza de turco para salvar a algunos de los capos del Movimiento al Socialismo. Va a ser el chivo expiatorio禄, le dijo el amigo. 芦Es mejor que me vaya禄, le respondi贸 Mar铆a Julia con voz fingidamente tranquila y sali贸 del caf茅 en el cual cada semana se ve铆an.

Mar铆a Julia, entristecida y enfurecida a la vez, habl贸 con su hijo, no tanto porque los amigos hubiesen insistido en el tema, sino porque ella quer铆a saber la verdad. Carlos Federico neg贸 las acusaciones. 芦Mam谩, tu indignaci贸n es espont谩nea y sincera, lo s茅, pero nada de lo que dicen contra m铆 es cierto; se trata de infamias de 鈥渕iristas鈥, 鈥渁denistas鈥 y 鈥渕ovimientistas鈥 pol铆ticos de derecha que se han infiltrado en el gobierno, son adulones y se tienden al paso de Evo como si fueran aguayo禄. Puso como ejemplo el caso de un exministro de Desarrollo Agropecuario, a quien, entre otras cosas, se sindicaba de haber negociado con los tractores donados por Venezuela, los cuales eran para los campesinos y fueron vendidos a menonitas. 芦Esc煤chame, mami, 驴t煤 crees que un hombre como 茅l, quien ha dedicado su vida a la revoluci贸n, se ha vuelto corrupto de la noche a la ma帽ana? No, no es cierto. Pues en mi caso es lo mismo, son esos carajos ex neoliberales y ahora pseudo indigenistas que se han apoderado del Palacio de Gobierno y quieren ser los 煤nicos en manejar la cosa p煤blica. Le est谩n haciendo un corralito al Evo, no lo dejan conversar con nadie. Han echado a andar la maquinaria de la glorificaci贸n, del mito. Es m谩s, ellos siempre me han odiado por mi posici贸n procubana禄, enfatiz贸 Carlos Federico y Mar铆a Julia quiso creerle. Ella hab铆a criado a un hombre nuevo, como propon铆a el Che Guevara y en eso no pod铆a equivocarse.

Esa ma帽ana, antes de salir de su departamento, Mar铆a Julia mir贸 su extra帽o bons谩i y se rio de s铆 misma al imaginar lo que les iba a contar a sus amigas en el restaurante donde la esperaban para celebrar su cumplea帽os. Luego de la p茅rdida de su mascota, les dir铆a, compr贸 un 谩rbol liliputiense. Presumi贸 que alguna le reprochar铆a haber comprado una planta cuya existencia estaba marcada por el sufrimiento, pues a esos 谩rboles los deformaban volvi茅ndolos enanos, trasplant谩ndolos de su h谩bitat a una maceta; otra m谩s comprensiva le advertir铆a de lo dif铆cil que le ser铆a cuidarlo. Y entonces Mar铆a Julia les contar铆a haberlo comprado en una tienda de regalos de la zona sur, 芦…es un bons谩i silvestre, un arbolito en miniatura que existe en el norte argentino conocido como cachi khora; sobrevive con poca agua, en un suelo escaso en nutrientes, a temperaturas bajas y fuertes vientos, por lo mismo, posee ra铆ces muy desarrolladas, peque帽as hojas y tallos cortos y gruesos禄, explicar铆a. Les dir铆a que este ya hab铆a nacido enano, nadie lo hab铆a hecho contra natura y, pertenec铆a a una variedad tan hermosa, que incluso disecados eran mucho m谩s bonitos. Reci茅n entonces les revelar铆a haberlo adquirido porque parec铆a estar inmerso en un oto帽o eterno y no necesitaba de ning煤n cuidado, pues era un 谩rbol difunto. Sin embargo, se cuidar铆a de confesarles que lo hab铆a conseguido porque ya no quer铆a sufrir nunca m谩s la perdida de nadie, ni siquiera la p茅rdida de un vegetal.

Desde que asumi贸 la militancia, su vida se hizo previsible. Se alej贸 de sus amigos peque帽oburgueses y de las diversiones banales del capitalismo. Adem谩s, se volvi贸 ordenada, porque de joven iba por las tardes a reuniones con el partido; por las noches, a pintar paredes contra las diferentes dictaduras de turno y, despu茅s del asesinato del Che Guevara, tuvo que hundirse en la clandestinidad 鈥損ues ella form贸 parte del grupo de comunistas que decidi贸 apoyar la guerrilla鈥 aunque sin romper con el partido.

La traici贸n del Partido Comunista al Comandante de Am茅rica le sal贸 el alma.

En los a帽os sesenta, aun militando en el PCB, su c茅lula fue disuelta cuando el Politbur贸 sovi茅tico se enter贸 que muchos de sus integrantes estaban alentando la v铆a armada. Los obligaron a estudiar en las escuelas de cuadros de los pa铆ses socialistas para enderezarlos pol铆ticamente.

A su retorno, durante el a帽o de la guerrilla misma del Che Guevara, logr贸 reunir a algunos militantes de su partido quienes, como ella, cre铆an que hab铆a que apoyarlo y organizaron una precaria c茅lula urbana, la cual luego servir铆a de base para que el sobreviviente Inti Peredo reorganizara el Ej茅rcito de Liberaci贸n Nacional.

Se dec铆a que hab铆a sido muy amiga de Inti Peredo y en cierta ocasi贸n este le encarg贸 ejecutar a un traidor, el cual hab铆a delatado el paradero clandestino de la poeta Rita Valdivia y dos de sus compa帽eros de armas, en la ciudad de Cochabamba 鈥揺n esa masacre, Rita y sus compa帽eros elenos cayeron acribillados luego de un desigual combate con decenas de militares y polic铆as, luego se supo que Rita estaba embarazada cuando muri贸 鈥. Se afirmaba que ella hab铆a disparado el arma con el cual se dio fin a la vida del delator, ella guardaba silencio sobre el tema.

Incluso hab铆a apoyado con todos sus ahorros la posterior guerrilla de Teoponte, aunque m谩s de una vez les hab铆a reprochado a los amigos que partir铆an al sacrificio, que era una aventura, hija de la demencia guevarista, la cual se hab铆a posesionado de los idealistas j贸venes. Ninguno oy贸 sus consejos y se fueron al monte a morir. El darse cuenta de que la sociedad boliviana nunca se sinti贸 culpable por permitir la inmolaci贸n de esos muchachos por lograr un mundo mejor, hizo que Mar铆a Julia se radicalizara m谩s a煤n.

Despu茅s del asesinato de Inti y del fracaso de la Guerrilla de Teoponte, la mayor铆a de los que quedaba de ese grupo, integrado por algunos de sus mejores amigos y hasta algunos amantes secretos, fueron eliminados por la intensa represi贸n desatada por el gobierno militar de Banzer en Bolivia y el de otros pa铆ses vecinos con el famoso Plan C贸ndor.

Despu茅s de esas experiencias no quiso sufrir m谩s perdidas. Tanta era su pena que lleg贸 a pensar que la verdadera revoluci贸n era la de crear un mundo sin dolor. Abandon贸 la militancia activa y se dedic贸 por completo a criar y educar a su hijo pretendiendo olvidarse de sus ideas.

Sus mejores amigos y amigas eran los sobrevivientes de esos terribles a帽os, todos ellos le ten铆an un cari帽o devoto y la admiraban de manera sincera. A veces, alguno de ellos se alejaba porque hab铆a logrado un buen puesto en el gobierno de turno, pero luego volv铆a arrepentido de haber colaborado con la derecha. Ten铆a tambi茅n conocidos de otras partes, a quienes hasta pod铆a llamar amigos.

A las ocho de la noche, iba al encuentro de su grupo de amistades de los 煤ltimos a帽os.

Mientras recorr铆a el trayecto en un radiotaxi desde Irpavi al centro pace帽o, pens贸 en las mujeres que la esperaban en el restaurante. A algunas de ellas las conoc铆a desde hac铆a una d茅cada, desde que decidi贸 volver a la pol铆tica sobreponi茅ndose a su radical desencanto, pero no para volver a la vida partidaria, sino para luchar desde su propia condici贸n de g茅nero porque cre铆a que la sociedad ten铆a muchas asignaturas pendientes con las mujeres. Una ma帽ana se hab铆a despertado d谩ndose cuenta de que ya no pod铆a soportarse a s铆 misma, tan resignada, tan desilusionada… 隆Volvi贸 a la vida! Ese d铆a, acept贸 que el Muro de Berl铆n hab铆a ca铆do definitivamente, que otras batallas la esperaban y decidi贸 ser feminista: el cuerpo y las reivindicaciones propias de la mujer ser铆an la nueva guerra.聽 Como ya estaba jubilada, pudo asistir a las reuniones, m铆tines y manifestaciones realizados a lo largo de los a帽os noventa organizados por las diferentes agrupaciones feministas que hab铆an surgido en Bolivia. En dichos encuentros se fue reconociendo con antiguas camaradas y fue conociendo a j贸venes que la consideraban un ejemplo a seguir.

As铆 hab铆a sido la vida de ella, Mar铆a Julia, la vieja revolucionaria, la guerrillera urbana, la consecuente, la que nunca se volc贸, la que prefiri贸 la clandestinidad antes que doblegarse.

A la mayor铆a de este grupo de mujeres las hab铆a conocido el a帽o 2006, durante las interminables jornadas de validaci贸n de la propuesta de g茅nero que el Movimiento Mujeres Presentes en la historia llev贸 a la Asamblea Constituyente realizada en Sucre. El prop贸sito era incorporar algunas de las reivindicaciones en la nueva Constituci贸n Pol铆tica del Estado. Mar铆a Julia no estaba de acuerdo con las posiciones radicales de algunas de ellas, pero las quer铆a a todas, porque sab铆a que el amor es cuesti贸n de voluntad y desde que volvi贸 al activismo opt贸 por aceptar a sus compa帽eras, tal cual eran.

Cuando lleg贸 al restaurante, las amigas le agradecieron que haya decidido ir, la abrazaron y le entregaron una inmensa tarjeta, la cual mostraba en la tapa: 芦Vida eterna a la abuela de la revoluci贸n feminista禄, y ten铆a escritas dedicatorias de cada una de ellas; le aclararon que no hab铆a torta ni el canto de Feliz cumplea帽os porque eran costumbres burguesas e imperialistas. Rieron juntas, luego llenaron los vasos de cerveza y brindaron por ella. Mar铆a Julia sab铆a que lo de Abuela de la revoluci贸n no era solamente una frase cari帽osa, era parte de la historia que guardaba para los 铆ntimos y ese apodo se lo hab铆a ganado en las batallas contra las dictaduras. 芦Gracias amigas m铆as, muchas gracias… Sin embargo, quiero aclararles que la revoluci贸n no es vieja ni joven, es eterna, porque siempre habr谩 causas por las que luchar禄.

La Abuela mir贸 a su entorno, la mujer a su lado se帽al贸 que no le gustaba el boliche donde estaban celebrando y se disculp贸, ech谩ndole la culpa de la elecci贸n a otra compa帽era. Al sentirse aludida, la otra respondi贸: 芦Miren, miren por todos lados, la mayor铆a son hombres, hay pocas mujeres. Este es un local donde los hombres vienen a celebrar la sublimaci贸n del machismo boliviano: el viernes de soltero. Lo eleg铆 porque as铆 estamos en el coraz贸n de la masculinidad. Vean c贸mo nos miran, somos las extra帽as, se deben estar preguntado qu茅 hacemos aqu铆 y de seguro han llegado a la conclusi贸n de que hemos venido a buscar hombres. Cada vez que nos miran eligen a una de nosotras para llev谩rsela a la cama禄. 芦L谩stima que ya no est茅 para esos trotes禄, se lament贸 Mar铆a Julia, 芦porque hay un par de espec铆menes que no est谩n nada mal, a los que me coger铆a con mucho gusto y, luego, si te he visto no me acuerdo禄. Todas rieron a carcajadas y una que otra mir贸 de reojo a los parroquianos, intentando no hacerse notar.

Despu茅s de tomar unos tragos, Mar铆a Julia se levant贸 para ir al ba帽o, camin贸 entre las mesas, amagando borrachos y logr贸 llegar sana y salva. La taza estaba tan sucia que prefiri贸 aguantarse. Se dirigi贸 al lavamanos, se mir贸 en la carcomida luna del espejo de la pared: 驴Era ella o lo que cre铆a ser? Se arregl贸 el pelo con las manos; el mundo hab铆a cambiado y ella tambi茅n, pero hab铆a cosas que no cambiar铆an nunca para ellas, as铆 el socialismo hubiera sido derrotado. Una de esas cosas era la 茅tica y la moral revolucionaria.

A su lado, otra mujer usaba toda la artiller铆a cosm茅tica extra铆da de su cartera, Era una mujer de unos cincuenta y cinco a帽os. Le dio pena verla tan afanada en tapar sus arrugas. 芦Pobrecita禄, pens贸, 芦no se da cuenta de que a pesar de su insistencia en embellecerse no podr谩 hacerlo, pues el espejo tiene memoria, sabe de sus a帽os y sabe que debajo de los polvos y cremas est谩 el verdadero rostro. Pat茅tica, no se da cuenta de que se aleja m谩s de su objetivo y solo tapa las se帽ales con las que el tiempo nos acerca a la muerte禄, la volvi贸 a mirar con l谩stima y volvi贸 a su mesa.

Distra铆das en sus especulaciones, sus compa帽eras no la vieron acercarse evitando a los borrachos que a esa hora de la noche ya pululaban entre las mesas y, al tenerla encima, cambiaron bruscamente el tema de la conversaci贸n. Sin embargo, en estos casos, siempre hay algo en el ambiente que delata a las traidoras: un cruce inteligente de miradas, un gesto de manos, de labios, un pesta帽eo, una frase o palabra cortada. A ella le pareci贸 o铆r que su mejor amiga les aconsejaba a las otras dici茅ndoles: 芦Paciencia y piedad禄. De cualquier manera, fue evidente y Mar铆a Julia no pudo evitar sonre铆r, logrando incomodarlas. En su ausencia hablaban de su hijo, ella lo sab铆a, y del proceso que el gobierno le hab铆a instaurado por presunta corrupci贸n. Sab铆a tambi茅n que las amigas hab铆an optado por no hablar de ese tema delante de ella. Si ni siquiera le reprochaban por la nuera enemiga, peor lo habr铆an hecho por el hijo, pues era su consentido, y ellas lo sab铆an, su 煤nico hijo, la prolongaci贸n del 煤nico hombre que la am贸 y que hab铆a desaparecido en la negra noche de las dictaduras.

Mar铆a Julia ya sospechaba que las denuncias contra su hijo pod铆an ser ciertas, porque en los 煤ltimos meses su nuera se hab铆a comprado abundante ropa fina y joyas caras; adem谩s del auto nuevo, el cual le hab铆an aclarado 芦fue una ganga禄. Se costearon un viaje a las playas de Cambori煤 a pasar la luna de miel que nunca tuvieron. Esas cosas se logran con mucho dinero y el sueldo de su hijo no era para tanto. 芦驴En qu茅 momento se hab铆a jodido su hijo?禄, se cuestion贸 en su 铆ntima solvencia.

Sintiendo el inc贸modo silencio en la mesa, la mujer de su lado izquierdo mir贸 su reloj y sugiri贸 que deb铆an retirarse porque ya se estaba haciendo tarde y la ciudad era cada d铆a m谩s insegura, el otro d铆a nom谩s hab铆an asaltado a su vecina a las ocho de la noche. Mar铆a Julia nunca hab铆a evadido una buena batalla, pero opt贸 por retirarse, pues sab铆a que entre las presentes hab铆a muchas jovencitas combativas, como ella lo fuera en su juventud. Esas muchachas no estaban interesadas en cosas que no coincidiesen con sus ideas y criticaban cruelmente sin tener en cuenta que todos sus privilegios se lo deb铆an a lucha de gente que hab铆a muerto y desaparecido; La cumplea帽era asinti贸 con la cabeza. Dividieron la cuenta, cada quien puso su parte y se dispusieron a salir.

La Abuela de la revoluci贸n y sus amigas dejaron el bar en silencio. Salieron al Prado pace帽o 鈥揺se territorio que hab铆a sido escenario de tantas manifestaciones, golpes de Estado y cr铆menes, como el de Marcelo Quiroga Santa Cruz, ah铆 mismo, a media cuadra del local, en la desaparecida Central Obrera Boliviana鈥. Ya era cerca de la medianoche y el insolente ambiente pace帽o ya hab铆a secuestrado a los vecinos en sus casas. Era viernes y, a esa hora, el fr铆o se mezclaba con el rancio olor de las frituras de chorizos, silpanchos, salchichas y hamburguesas que los puestos callejeros ofrec铆an a clientes eventuales; tambi茅n con el aroma caliente del or铆n de los borrachos que mean en las paredes. 芦Mezclando todo en uno, el mal olor de la mierda hist贸rica que ha hecho del Prado el centro de la pol铆tica boliviana禄, pens贸 Mar铆a Julia.

Tom贸 un taxi y pens贸 en su bons谩i seco, del cual no hab铆a dicho ni una sola palabra, record贸 que no deb铆a preocuparse por regarle agua. Tampoco tendr铆a que preocuparse por los chismes respecto a su hijo. Cortando de ra铆z la yerba mala, esta nunca vuelve a crecer. Por eso ir铆a a su casa para sacar la pistola con silenciador que le hab铆a regalado Inti Peredo (recordaba n铆tidamente la vez que se la obsequi贸, fue despu茅s de que ella lo extrajera de una casa de seguridad y lo llevara a otra donde estar铆a m谩s seguro, porque seg煤n la dirigencia guerrillera hab铆a que moverlo cada cierto tiempo. Esa vez Inti, en agradecimiento, tom贸 el arma que llevaba en su abrigo y se la entreg贸, 芦脷sala solamente si es necesario禄, le dijo y ella seguir铆a el consejo). Luego de recoger el arma, pasar铆a por el departamento de su hijo y usar铆a la llave que le hab铆an dado para que ingresara cuando ellos viajaban. Sab铆a que su hijo estaba en una reuni贸n con el grupo de disidentes del Movimiento al Socialismo, quienes, sinti茅ndose traicionados en sus rec铆procos sue帽os, cada semana, durante horas hasta el amanecer, entre trago y trago, supuestamente buscaban una alternativa a este gobierno que ellos supon铆an se hab铆a desviado del camino de la revoluci贸n. Por lo tanto, no estar铆a en casa. Al llegar al departamento se dirigir铆a al dormitorio de la hip贸crita de su nuera, la ver铆a durmiendo tranquila y le disparar铆a a quemarropa.

Despu茅s de recoger su pistola, lleg贸 al departamento, abri贸, penetr贸 en la oscuridad. Conoc铆a el lugar. Respir贸 profundamente frente la puerta del dormitorio, ajust贸 el silenciador y dispar贸 como cuando tuvo que hacerlo para escapar de los esbirros del ej茅rcito, en una casa de seguridad en Miraflores. Nunca tuvo miedo de matar, no si se trataba de una causa justa. Estaba entrenada para eso y esta era la mejor de las causas: su hijo y su nieto. Entr贸, dispar贸, mir贸 a la mujer muerta en la cama y no se explic贸 c贸mo fue que le hab铆a dado un tiro tan certero, tan mortal. Tal vez el odio lo puede todo.

Se sorprendi贸 al escuchar unos pasos detr谩s de ella, al darse la vuelta, vio una silueta, una sombra, la sombra del amante que le hab铆an dicho ten铆a Abigail (芦nombre de beata禄, se dec铆a a s铆 misma); dispar贸 y escuch贸 una voz, la voz de un herido. La reconoci贸; pero su ciega fe en la revoluci贸n, poderosa e irracional, segu铆a intacta y, aunque le pareci贸 entrar de nuevo a la pesadilla de la que cre铆a acababa de salir, no le doli贸 y ni siquiera se arrepinti贸 de haber herido a su hijo. Quiz谩 estaba buscando que as铆 fuera, porque en estos casos dram谩ticos se cree saber lo que se hace, lo que se est谩 buscando, pero solamente al final de los hechos, como si fuera una serendipia, se comprende qu茅 se buscaba en realidad.

Ella no ten铆a por qu茅 saber que la reuni贸n de los disidentes se hab铆a cancelado. Eso fue lo 煤ltimo que escuch贸, antes de que su nieto saliera de su cuarto y la viera llevarse el arma a la cabeza.

 

 

Homero Carvalho Oliva, Beni, Bolivia, 1957, escritor, poeta y gestor cultural, ha obtenido varios premios de cuento a nivel nacional e internacional como el Premio latinoamericano de Cuento en M茅xico, 1981 y el Latin American Writer鈥檚 de New York, USA, 1998; dos veces el Premio Nacional de Novela con Memoria de los espejos y La maquinaria de los secretos. Su obra literaria ha sido publicada en otros pa铆ses y ha sido traducida a varios idiomas; figura en m谩s de treinta antolog铆as nacionales e internacionales de cuento como Antolog铆a del cuento boliviano contempor谩neo, The fatman from La Paz e internacionales, como El nuevo cuento latinoamericano de Julio Ortega, M茅xico; Profundidad de la memoria de Monte 脕vila, Venezuela; Antolog铆a del microrelato, Espa帽a y Se habla espa帽ol, M茅xico; en poes铆a est谩 incluido en Nueva Poes铆a Hispanoamericana, Espa帽a; Memoria del XX Festival Internacional de Poes铆a de Medell铆n, Colombia y en la del Festival de Poes铆a de Lima, Per煤; as铆 como en la antolog铆a Poetas del Oriente boliviano. Entre sus poemarios se destacan Los Reinos Dorados y El cazador de sue帽os, inspirados en las tradiciones, leyendas y cosmogon铆as de los pueblos amaz贸nicos de Bolivia y Quipus en las tradiciones y leyendas andinas. El a帽o 2012 obtuvo el Premio Nacional de Poes铆a con Inventario Nocturno y el 2013 public贸 la Antolog铆a de Poes铆a Amaz贸nica de Bolivia y la Antolog铆a Bolivia. Tu voz habla en el viento, que re煤ne a cincuenta y cinco autores, entre ellos a tres Premios Nobel de Literatura hablando de Bolivia. Es autor de la Antolog铆a de poes铆a del siglo XX en Bolivia, publicada por la prestigiosa editorial Visor de Espa帽a. Premio Feria Internacional del Libro 2016 de Santa Cruz, Bolivia. En el 2017, La editorial El 脕ngel, de Quito, Ecuador, public贸 su poemario 驴De qu茅 d铆a es esta noche?; el a帽o 2019 la Editorial New York Poetry, de Estados Unidos, public贸 su antolog铆a po茅tica personal Memoria incendiada, al igual que Ediciones AndesGraund de Chile en el 2020, la editorial Buenos Aires Poetry, de Argentina, public贸 su poemario Reconstrucci贸n del vuelo. La alcald铆a de Lima, Per煤, public贸 Dimensi贸n del milagro, antolog铆a po茅tica personal y las Editoriales Cintra y ARC de Brasil publicaron la edici贸n biling眉e espa帽ol/portugu茅s de Los Reinos Dorados.