Revista Anestesia

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Habla, Memoria de Vladimir Nabokov

Por Ver贸nica Noyola

Toda fantas铆a de estirpe, transmitida y vivificada en el 谩mbito de una tradici贸n familiar, revela en su fragilidad la vocaci贸n fantasmal que la acomete. La fantas铆a de Nabokov cubre por entero la modernidad europea. Sus memorias son, hasta cierto punto, una historia estilizada del Viejo Continente y sus joyas literarias.

En el espesor de unas trescientas y tantas p谩ginas se condensa y se dilata, a capricho, la materia del tiempo, herencia no sangu铆nea de Proust. El conjunto de memorias comienza, parad贸jicamente, con una larga disertaci贸n sobre los no-recuerdos, es decir, sobre las historias y an茅cdotas ajenas que poco a poco le forjaron en la endeble conciencia infantil la noci贸n de un pasado no lejano en el que, un d铆a, 茅l no existi贸; conciencia que reconoce como traici贸n la vida aut贸noma de los otros capturada en una fotograf铆a que conserva tambi茅n intacta y para siempre la propia ausencia.

Le sigue una serie geneal贸gica que ubica en el siglo XIV el origen t谩rtaro de los Nabokov. Presenta aqu铆 una vertiginosa (aunque m谩s o menos cronol贸gica) legi贸n de terratenientes, funcionarios, militares, m煤sicos, recaudadores de impuestos, m茅dicos y un largo etc茅tera de personajes que en alg煤n momento hicieron esquina con la historia del mundo. Como aquella baronesa (esposa del t铆o bisabuelo de su abuela) que ayud贸 a Mar铆a Antonieta y a la familia real, con la disposici贸n de su elegante carruaje y su pasaporte, a que emprendieran la famosa huida de Varennes; o la historia de su bisabuelo, un h茅roe retirado de las guerras napole贸nicas que prestaba libros a un Dostoievski preso en San Petersburgo.

Nabokov sostiene la fantas铆a de su majestuoso pasado entreverando la descripci贸n detallada de juegos y enso帽aciones de la ni帽ez, en casas habitadas por al menos cincuenta sirvientes, con pasajes que enmarcan el cambio de suertes para la familia (la confiscaci贸n de los bienes por los bolcheviques, el exilio europeo y la muerte del padre). Los quince cap铆tulos que conforman esta autobiograf铆a abarcan s贸lo ese tr谩nsito de la Rusia prerrevolucionaria a la Europa asediada por las guerras -alrededor de cuarenta a帽os-, y s贸lo se menciona en ellos, como un breve esbozo a futuro, la promesa americana y el 茅xito de Lolita.

El cazador de mariposas tiene la paciencia artificiosa de demorarse en las experiencias 铆ntimas, en los recuerdos de los recuerdos, logrando pasajes de hermosa factura. A la manera del que zambulle una madalena en el pasado, crea reminiscencias de una plasticidad asombrosa:

“Las tinieblas sepia de la tarde 谩rtica de pleno invierno invad铆an las habitaciones e iban espes谩ndose hasta reducirlo todo a un opresivo color negro. Aqu铆 un 谩ngulo bronc铆neo, all铆 una superficie de cristal o de caoba lustrosa en medio de la oscuridad, reflejaban los restos de luz procedentes de la calle, en donde los globos de las altas farolas alineadas en el centro de la calzada hab铆an empezado a difundir su fulgor lunar. Sombras de gasa se agitaban en el techo. El seco sonido de un p茅talo de crisantemo cayendo en aquel silencio sobre el m谩rmol de una mesa ta帽铆a mis nervios.”

Pero tambi茅n tiene el pulso exacto para llevarnos al vislumbre de la ninfa y sus intempestivos escapes del hast铆o. En contraste con la infancia calma y palaciega, la juventud y el exilio se narran en atm贸sferas un tanto m谩s grises, con un acelerado ritmo que recuerda o justifica la existencia de un Leopold Bloom o de un Joseph K. Un minucioso balance entre frases que encierran en su brevedad el acre sabor de la vida y largos p谩rrafos que recrean la c谩lida sensaci贸n de reordenar mentalmente una vieja ilusi贸n hace de estas memorias un libro de amplios placeres.