Revista Anestesia

饾櫞饾殨 饾殟饾殬饾殨饾殬饾殯 饾殰饾殠 饾殮饾殲饾殥饾殱饾殜 饾殞饾殬饾殫 饾殨饾殠饾殱饾殯饾殜饾殰

EN LA CALLE

Mesa de trabajo 1

En la calle

Autor: Jorge Negrete Casta帽eda聽

 

Llegaron en cuesti贸n de segundos desde el sem谩foro al centro de la plaza. Fue tan r谩pido que
pareci贸 la competencia ol铆mpica de su vida, la raz贸n; un sabroso pedazo de pan duro que se
disputaron.
Los dos lograron comer algo, pero la mayor parte qued贸 esparcida por el suelo. Eso
fue muy natural, pues el hambre siempre genera impulsos salvajes. Actuaban como si las
estopas de thinner de la remodelaci贸n, olvidadas o dejadas a prop贸sito en ese lugar, les
hubieran afectado la conciencia.
Sus cabezas ten铆an ese estilo mohicano muy de moda, y los colores les quedaban bien:
un rojo intenso con un negro m谩ximo, sin luz. De cierta manera hab铆a est茅tica, a pesar de que
lo oscuro predominaba como el presagio de un futuro impredecible.
El que los ve铆a pensaba que eran mellizos, gemelos o cuates, probablemente
hermanos, claro, de padre desconocido, aunque hijos de la misma hembra. Seguro su madre
andaba distra铆da o buscando por alg煤n lugar c贸mo proveerlos de sus necesidades b谩sicas, y
por eso, parec铆an hu茅rfanos. Debi贸 ser una madre trabajadora que no ten铆a quien cuidara a
los cr铆os, como tantas que existen. Fatal, pues.
Ellos fueron al jard铆n y deshojaron algunas flores en la cara del vigilante, quien fingi贸
demencia, como si no los hubiera visto. Es m谩s, sonri贸 con el destrozo, como si el desorden
fuera ajeno a la vida. 隆Ah!, virtuosa indiferencia.
Su apariencia y 谩giles movimientos llamaban la atenci贸n. La ruidosa parejita tra铆a un
buen desmadre. Con el esc谩ndalo, unos chamacos que se encontraban en el lugar los
corretearon. Ellos se refugiaron entre las plantas y flores del jard铆n; se miraban y parec铆an
sonre铆r. Pero siempre enfrentando el desprecio, la violencia y la compasi贸n de otros, como si
estuvieran condenados por su m铆sera existencia.
Se pusieron a cantar una extra帽a canci贸n, de una letra ininteligible, incognoscible,
pero eso s铆, muy entonaditos. Es probable que quisieran 鈥抍omo el mimo, el guitarrero y todos
los que le taloneaban en la plaza鈥 unas monedas, o quiz谩 simplemente unas galletas, a saber.
Hac铆an movimientos extra帽os y r铆tmicos, brincando de un lado a otro como si anduvieran
muy speeds.
Cuando lleg贸 su madre, de patas flacas y culo gordo, muy del sureste quiz谩, de
inmediato sintieron que la vida se les derrumbaba. Los ingratos temblaban de miedo. Bastante
molesta, les peg贸 un rega帽o y comenz贸 con la letan铆a del por qu茅 sin permiso y el choro de
la responsabilidad. Los dos bajaron la cabeza en se帽al de respeto y los tres volaron al nido,
donde les esperaban unas suculentas lombrices. La madre los cobij贸 con sus grandes alas.
Despu茅s de comer, se quedaron durmiendo y so帽ando con su diaria e incoherente aventura
en la calle. ANESTESIA LOGO 2