Diez novelas fundamentales sobre la Revolución Mexicana
Por Hugo Garcia Michel
Enero 2026
Una de las consecuencias más positivas, trascendentes e irreversibles de la llamada Revolución Mexicana fue su efecto sobre la cultura en general y sobre la literatura en particular. La manera como el país se trastocó a lo largo de los diez años que duró el conflicto armado hizo que el modo de escribir y el contenido de la narrativa cambiara de manera radical, con el surgimiento de una larga serie de nuevos narradores –novelistas, cuentistas, cronistas– que mostraron un notorio contraste con respecto a lo que había sido la literatura mexicana del siglo XIX y los primeros años del XX. El cambio se dio en la forma y el fondo, en el estilo y el contenido.
Si en el siglo XIX la novela mexicana se basaba en tendencias como el romanticismo y el costumbrismo, en las que estilísticamente predominaban las descripciones detalladas de paisajes y hábitos, con un uso demasiado formal y solemne del lenguaje y con personajes muchas veces idealizados, acartonados y hasta arquetípicos en sus virtudes y sus defectos (Los bandidos de río frío de Manuel Payno y Clemencia de Ignacio Manuel Altamirano son dos buenos ejemplos de ello), en cambio en la novela de la Revolución Mexicana la temática se enfocó en este movimiento, en sus causas y sus consecuencias y en los personajes que surgieron a partir del mismo. Los relatos dejaron a un lado el factor romántico para volverse mucho más realistas –incluso crudos y violentos– en los hechos narrados y en sus personajes y circunstancias. Se dio una representación sin disfraces de la vida urbana y rural, así como de la pobreza y la injusticia reinantes. Del costumbrismo se pasó al naturalismo y empezaron a utilizarse técnicas narrativas novedosas como el monólogo interior y la fragmentación del tiempo. El lenguaje se apartó de la solemnidad para volverse más coloquial y regionalista, lo cual se tradujo en una mayor autenticidad de los protagonistas y las situaciones, volviéndolos más creíbles.
A partir de la Revolución, la novela mexicana evolucionó entonces para reflejar y cuestionar las realidades políticas y sociales de los nuevos tiempos y se adaptó a las transformaciones históricas y culturales del inédito país que estaba surgiendo.
Veamos diez de las mejores y más representativas obras literarias que aparecieron al fragor de las batallas o una vez que México se apaciguó, sin que las brazas del movimiento armado acabaran de extinguirse.
1.- Los de abajo de Mariano Azuela (1915). Una de las obras pioneras de la novela de la Revolución Mexicana y posiblemente la más leída y renombrada. En ella, Azuela –médico y testigo directo del conflicto–, ofrece una visión cruda y realista, al narrar la historia de Demetrio Macías, un campesino humilde que se ve obligado a unirse a la revolución después de ser perseguido por las fuerzas federales. Al principio, Demetrio se une a la lucha con la esperanza de mejorar su situación y la de su familia. Sin embargo, a medida que avanza la guerra, la novela va retratando la desilusión y el desencanto de los personajes con el movimiento revolucionario. Demetrio y sus compañeros, un grupo de hombres que se han sumado a la lucha por diferentes razones, enfrentan numerosas batallas y dificultades. La novela destaca la brutalidad y la confusión de la guerra, al mostrar cómo los ideales revolucionarios se corrompen y se pierden en medio de la violencia y el caos. En las páginas del libro, Azuela detalla la violencia y la crueldad de la guerra y ofrece una visión realista y sombría de la misma, con un estilo directo y sobrio, valiéndose de descripciones y diálogos que capturan de manera magistral la esencia del conflicto armado.
2.- El águila y la serpiente de Martín Luis Guzman (1928). Obra clave de la literatura mexicana. La novela ofrece una visión muy personal y muy crítica de la Revolución Mexicana, basada en las experiencias del autor, quien fue un participante activo en el conflicto y un cercano colaborador de Pancho Villa. En su estructura, se trata de una serie de episodios, viñetas y relatos autobiográficos que reflejan las vivencias del narrador durante la lucha armada. Guzmán retrata las complejidades del conflicto, incluidas la traición, la corrupción y las contradicciones de los líderes de las diferentes facciones. El escritor describe su relación con diversas figuras prominentes, como el ya mencionado Pancho Villa, Álvaro Obregón y Venustiano Carranza. También retrata a numerosos personajes secundarios, entre los que destaca Rodolfo Fierro en el capítulo “La fiesta de las balas”, uno de los episodios más impresionantes y alucinantes no sólo del libro sino de la revolución toda. Pero quizá lo más valioso de la novela es la extraordinaria escritura misma de Martín Luis Guzmán, quien utiliza un estilo narrativo directo y dinámico, con un tono que mezcla lo periodístico con lo literario. La estructura, basada en episodios sueltos, permite una exploración profunda y multifacética de la revolución, mediante un lenguaje a menudo crudo y realista que refleja con exactitud fotográfica la dureza de la vida durante esos días.
3.- La muerte de Artemio Cruz de Carlos Fuentes (1962). Aunque fue escrito más de cuatro décadas después de que terminó el conflicto armado de 1910-1920, el ambicioso relato de Fuentes es uno de los más célebres y renombrados acerca del tema. Inscrito dentro del género de la novela de la Revolución Mexicana, pero también como parte del boom del realismo mágico iberoamericano, el libro cuenta la historia del poderoso y corrupto terrateniente y empresario Artemio Cruz, centrándose en sus últimas horas de vida y los recuerdos que sobre la misma van surgiendo en forma fantasmal y desordenada. De ese modo, sabemos que Cruz se había unido al movimiento de 1910 en su juventud y fue participando en él para ascender paso a paso hasta hacerse de un gran poder y una enorme riqueza, obtenida por medio de métodos por demás cuestionables y traiciones sin fin. Los recuerdos del corrupto personaje se intercalan con sus instantes de agonía, cuando se enfrenta a la muerte y a las consecuencias de sus acciones. Todo ello narrado por Fuentes con un estilo experimental y fragmentado, en el que emplea diferentes perspectivas y voces narrativas para contar la historia. Farragosa y complicada por momentos –el escritor emplea profusos monólogos interiores, cambios de tiempo y puntos de vista en primera, segunda y tercera personas–, se trata sin embargo de una obra cumbre de la novelística revolucionaria de nuestro país.
4.- Los recuerdos del porvenir de Elena Garro (1963). Al igual que sucede con el libro de Carlos Fuentes, también en este caso nos encontramos frente a un relato perteneciente tanto a la novela de la Revolución Mexicana como al realismo mágico. Ambientada en el ficticio pueblo de Ixtepec, durante y sobre todo después de la Revolución Mexicana, la obra nos presenta a una serie de personajes memorables (como Julia Andrade, como Felipe Hurtado), a través de los cuales Garro nos muestra las cicatrices dejadas por la revolución y las luchas internas del México post-revolucionario. El relato se centra en el general Francisco Rosas y su ocupación de Ixtepec y cómo su poder tiránico afecta la vida diaria de los habitantes del pueblo. De hecho, es el propio poblado el que funge como una especie de narrador colectivo y la autora acude a este recurso para crear una atmósfera onírica y simbólica que le permite explorar la realidad desde una perspectiva mística en la que lo cotidiano se mezcla con lo imposible (en ese sentido, Los recuerdos del porvenir se hermana con Pedro Páramo de Juan Rulfo). Una obra maestra de Elena Garro.
5.- Al filo del agua de Agustín Yáñez (1947). Otra novela fundamental sobre la Revolución Mexicana. Yáñez se centra en la vida de un pequeño poblado jalisciense, en la época inmediatamente anterior al estallido bélico. La historia se desarrolla en un ambiente de represión religiosa y social, en la que la vida de los habitantes del lugar está regida por la Iglesia y las rígidas normas de conducta social. El autor presenta una amplia galería de personajes, cada uno con sus propios conflictos y aspiraciones, desde el párroco cerrado y severo hasta las mujeres devotas y los jóvenes con inquietudes rebeldes. La narración va explorando la tensión entre las antiguas tradiciones y el cambio inminente, el miedo a lo desconocido y el anhelo de libertad y modernidad. De ahí el título Al filo del agua. La estructura de la novela es coral, con múltiples perspectivas y voces que se entrelazan para ofrecer una visión completa del pueblo y su gente, aunque al mismo tiempo Yáñez profundiza en la psicología de algunos de los personajes. Un gran libro.
6.- Vámonos con Pancho Villa de Rafael F. Muñoz (1931). Todo un clásico de la literatura de la Revolución Mexicana que incluso fue llevado al cine en 1936 por el legendario cineasta Fernando de Fuentes. La historia de un grupo de amigos de origen campesino (llamados los Leones de San Pablo) que con la esperanza de encontrar justicia y mejorar sus vidas decide unirse a las fuerzas de la División del Norte, a las órdenes de Pancho Villa. Por desgracia las cosas no salen como ellos pensaban y poco a poco se van dando cuenta de los horrores, la brutalidad y el caos de la guerra. Conforme la historia avanza, los personajes enfrentan las duras realidades del conflicto armado y tienen que enfrentar la muerte, la traición y la desilusión. La figura de Pancho Villa aparece como la de un líder carismático, pero al mismo tiempo complejo y a veces contradictorio. Una novela crítica sobre la realidad de aquello que fue lo que muchos llamaron “la bola”.
7.- Ulises criollo de José Vasconcelos (1935). Primer libro de la autobiografía de Vasconcelos que se complementa con los libros La tormenta (1937), El desastre (1938) y El proconsulado (1939). Ulises Criollo muestra en todo su esplendor el estilo narrativo del escritor, filósofo, historiador, educador, promotor cultural, político y funcionario que fue el nacido en Oaxaca en 1882, aunque criado más tarde en el norte de México. En este excepcional relato autobiográfico, el intelectual cuenta lo que fue su vida en los primeros años. La obra se divide en dos partes. En la primera, Vasconcelos describe su infancia y juventud, mientras que en la segunda se centra en sus años formativos como estudiante y joven adulto, incluidas sus primeras incursiones en la política y su participación en la Revolución Mexicana. Todo ello lo hace al tiempo que lanza una mirada íntima y detallada a su vida familiar, su educación y sus principales influencias intelectuales. También reflexiona sobre los acontecimientos políticos y sociales de aquel tiempo, con lo que proporciona una visión crítica y personal de la historia de México y de su propio papel en ella. El libro está narrado en primera persona, lo cual permite que como lectores tengamos una visión cercana y personal de los pensamientos y emociones del autor. Los cuatro volúmenes de la autobiografía vasconcelista son un obligado (un placentero obligado) para quienes amen y se interesen por la historia de México en la etapa revolucionaria o, simplemente, para quienes disfruten de la buena literatura.
8.- La sombra del caudillo de Martín Luis Guzmán (1929). Otra obra maestra debida a la pluma impecable e implacable del gran escritor chihuahuense. Los hechos se desarrollan en los años veinte, ya concluida la lucha armada con el triunfo de los generales sonorenses. Ahora, la guerra por el poder es sordamente política. Basada en la trágica y verdadera historia del general Francisco Serrano y sus ambiciones por llegar a la presidencia de la República, lo que lo enfrentó con los poderosos y peligrosos Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles, esta supuesta ficción, con nombres disfrazados, es sin embargo más que realista. Martín Luis Guzmán narra con enorme elegancia estilística los pormenores de ese terrible momento histórico que terminó con el asesinato de Serrano (llamado Ignacio Aguirre en la novela) en Huitzilac, Morelos. Otra absoluta obra maestra de la literatura nacional; para muchos, de hecho, la mejor novela jamás escrita dentro del género de la Revolución Mexicana.
9.- Cartucho de Nellie Campobello (1931). Ciertamente no estamos ante una novela sino frente a un libro de relatos, conectados entre sí por el tema común de las duras vivencias infantiles de la propia autora durante la Revolución Mexicana en los lugares donde vivió, al norte del país. De ahí el nombre completo del volumen: Cartucho: Relatos de la lucha en el Norte de México. Emparentada temática y estructuralmente con El águila y la serpiente de Martín Luis Guzmán (que en sentido estricto tampoco es una novela), esta obra de Nellie Campobello –escritora menospreciada en su tiempo y quien merece un mucho mayor reconocimiento– es un dechado de virtuosismo literario claro, sencillo y directo. Cada uno de los relatos cortos que la conforman nos da una cruda visión de lo que fue el salvaje día a día que vivió aquella niña y adolescente, al atestiguar la muerte con ojos al mismo tiempo ingenuos y maliciosos, con una frialdad infantil que más de una vez estremece. Una a una, esas estampas están cargadas de emociones intensas y reflejan también las vivencias de los soldados, las familias y las comunidades afectadas por la violencia y la brutalidad de la lucha entre facciones. Un libro impactante.
10.- Los relámpagos de agosto de Jorge Ibargüengoitia (1964). Cerramos la lista con una novela insólita. Una de las pocas narraciones que acude al sentido del humor para retratar con saludable ironía lo mucho que tuvo de absurdo eso que seguimos llamando, con toda solemnidad, la Revolución Mexicana. Es una extraordinaria parodia, una sátira con todo el desparpajo del estilo narrativo de Ibargüengoitia. Estamos ante las memorias de un general ficticio de nombre José Guadalupe Arroyo, quien narra sus experiencias durante los turbulentos años de “la bola”. A lo largo del relato, Ibargüengoitia se burla de los excesos, la corrupción y la demencial ambición de poder que marcaron ese periodo histórico. El autor utiliza el humor negro para desenmascarar las contradicciones y los defectos de los líderes revolucionarios, al mostrar cómo sus supuestos ideales a menudo se veían comprometidos por sus intereses personales. Ágil, mordaz y sobre todo divertidísima, con diálogos ingeniosos y situaciones hilarantes, nos hace ver lo que es la verdadera naturaleza humana y cómo el poder puede corromper incluso a los más idealistas. El humor como gran desacralizador de la maniquea historiografía oficial.
Otras diez novelas importantes sobre la Revolución Mexicana:
1.- El rey viejo de Fernando Benítez (1959)
2.- Memorias de Pancho Villa de Martín Luis Guzmán (1938)
3.- Las tierras flacas de Agustín Yáñez (1962)
4.- Campamento de Nellie Campobello (1931)
5.- Tropa vieja de Francisco L. Urquizo (1931)
6.- Campamento de Gregorio López y Fuentes (1931)
7.- Zapata de Pedro Ángel Palou (2006)
8.- La noche de Ángeles de Ignacio Solares (1991).
9.- Se llevaron el cañón para Bachimba de Rafael F. Muñoz (1941)
10.- La Revolución Mexicana, memorias de un espectador de José Fuentes Mares (1985)
