Autora: Jaqueline Duarte Ramos
MANTIS
Madre
no sé cómo decirte que una bestia me come los pies
que me escondo bajo la cama para cobijarme con piel de monstruos
me visto de arañas para que la bestia no me encuentre
olvido respirar
no quiero ver
la bestia se come también a mi hermanita.
Madre, nunca supe querer a un hombre
me engendraste descompuesta
la marca de fracaso
en un vientre malgastado
quise cambiarme el sexo
la bestia no me creyó
volvió profano el tesoro
perlas de un collar roto pisoteado por los cerdos
madre, soy mantis comiéndose la propia cabeza
que asqueada del macho
camufla con flores el cuerpo incompleto.
VEINTISIETE AÑOS, NENA
Tres corazones partidos cenando en la misma mesa
dos niñas esperan sentir tu regazo
tú sólo quieres despertar antes de noviembre
veintisiete años, nena, la vida apenas empieza
tú sientes que ya las viviste todas
el dolor se te enraizó en el vientre
no sabes que te crece otro huérfano
también tiene sus ojos
pronto tendrá su nombre
tienes tan poca edad para dejar en la tierra al amor de tu juventud
tienes tan pocas ganas de llamarte sola
viuda
madre soltera
no sabes que el dolor se queda
las niñas no entienden
el que era padre fue primero amante
fue ilusión
y murió a tus veintisiete.
Perdona nuestras ofensas
no sabíamos lo que hacíamos
perdona nuestras ofensas
también tenías derecho de llorar.
RAMA DE GUAYABO
El cuerpo es rama de guayabo
no se mueve para que el zanate no se espante
no te muevas, árbol mío
para que el fruto no se seque
no te muevas
para que canten los cenzontles
para que no te rompas
para que no seas leña
pronuncia el zanate un nombre evaporado con el fuego de su lengua
desata un lazo
muerde un pétalo del fruto verde
l a s o m b r a e s l a r g a
no te muevas, amor mío
no te mesas
no me bailes
el cuerpo es árbol
quería ser bailarina.
ASFIXIA
Olvidé respirar, abuela
crecí con los mismos miedos
que eran tus decretos
el aire no sabe entrar al pulmón de una niña
que ha visto el color de la muerte tan temprano
el aire escapa
le pinta los labios de violeta
le dibuja hormigueros en los pies
el aire juega al papalote en su garganta
se atora
es bola de pelos
espina
hoja que regresa al árbol que la escupió
olvidé respirar, abuela
el aire siempre encuentra la forma de irse
acaríciame las sombras
líbrame de tus mandamientos.
SILENCIO, ORIGEN DE NUESTRA LOCURA
De haber nacido antes
me habrían recetado cocaína
electroshocks
o lobotomía
habrían dicho: tiene rabia
una puerta abierta en el alma
desde que una bruja me leyó la mano
habría sido yo como mi abuela que estuvo loca
loca como Juana
y Carmelita
como su madre
o sus hermanas
nerviosas
histéricas
el mal de ser mujeres
no se supo en el pueblo de una dama
que tuviera el valor, como los macho
de comer plaguicida para el maíz
esconderse en el mismo troje que las ratas
no sabiendo distinguir los cacahuates buenos
de los curados
donde los tlacuaches confunden la sal con el cianuro
y brincan los chapulines a un costal de fondo eterno
no se supo de una dama que supiera atar un nudo en una soga
volverlo corona, collar, sostén
la mano de Dios colgando de una viga
mecer a su hijo una última noche hasta quedarse dormido
mis abuelas mejor se llenaron las venas de azúcar o los pulmones de agua
mis tías mejor dejaron que la tristeza hiciera metástasis
que les amputaran un seno-un pedazo de tripa
prefirieron morir de frío que de vergüenza
de soledad que del diagnóstico de los exiliados por la religión
prefirieron irse cuando la vida quiso
para no abandonar a los hijos
a los huertos
los jazmines que plantaron y los perros que fueron recogiendo
porque si no
¿Quién les iba a dar masa a las aves?
¿Quién pondría el agua para el nixtamal?
¿Quién iba a sostener la casa con sus rezos?
¿A quién le tocaría atizar la leña
cuidar que no se sequen los naranjos ni se mueran las gallinas
hervir los remedios para la tos?
se quedaron lo que pudieron
lo que aguantaron
permanecieron hasta que el cuerpo les reclamó el silencio
se los devolvió en la tierra donde las plantaron
en la leyenda de amor eterno
mejor callaron
y sin embargo
nacieron flores
tallos de sus mudeces en el huerto de mis paredes
hicieron nido las golondrinas
en cuyo canto
escucho el grito
que no enterraron.
NO ESTÁS EN LA ORACIÓN QUE ME ENSEÑÓ MI MADRE
tampoco en la señal de la santa cruz que besa mis cuatro puntos cardinales
no te encuentro en el cielo que quiere llover
ujier de tu nombre
ennegrecido
como tu silencio
un agujero se me expande en cada rezo
lágrima
suspiro
preinfarto del desasosiego
por donde se escurre la esperanza
de escucharte pronunciar mi nombre
lluevo en este huerto
simulacro de tu Getsemaní
¿de qué árbol hicieron tu cruz?
¿quién es el carpintero que te hizo pájaro
que posa en una rama
señal de nuestra fe?
¿saben estos árboles su parentesco
con la madera que te volvió inmortal?
¿saben
de un tal tronco
vuelto ataúd de ocho esquinas
llamado santo
héroe
bendito
testigo
que también te vio dormir?
¿callan también las otras maderas
como callas tú?
brazos abiertos
condenados al ensayo de un abrazo
tres clavos
no te dejan consumar
lluevo sobre un árbol
le pregunto
también el traidor buscó el consuelo
en una rama
que calla
como tú.
Jaqueline Duarte Ramos
Nacida en Jalisco, México, en 1992, la escritora mexicana equilibra la precisión de la contaduría con la libertad de la creación literaria. De origen rural en Villa Guerrero y orgullosamente de rancho, su obra se nutre de la nostalgia por la tierra y una profunda obsesión por el mar. Fue ganadora del Premio Nacional de Cuento Escritoras Mexicanas en 2021 y ha participado activamente en el Taller de Novela de Guadalajara Capital Mundial del Libro. Además de trabajar en asesoría financiera, vincula la escritura con la formación lectora mediante talleres comunitarios para niños y niñas. Actualmente desarrolla sus próximos proyectos de poesía y narrativa, habitando la intersección entre la memoria del campo y la inmensidad del océano.
COMPILADO POR:
Víctor Munita Fritis, Atacama, Chile, 1980. Ha participado en ferias y encuentros literarios en España, Francia, Bélgica, México y Perú. Es autor de “México, Paisaje de Copiapó” (TC,2021), el poemario “Libro de Asistencia” (UANL,2024) y “Yo, entre todas las Mujeres” (Cinosargo, 2010; Emergencia Narrativa, 2013; Mago Ed., 2020), Un síndrome mesiánico y otras fuentes documentales de Franco Romero Román (Borde Libre, 2024), Zona de Sacrificios (Manofalsa, 2025) . Ha recibido dos veces la Beca de Creación Literaria de Chile (2017, 2024), Beca de Artista Destacado (2020, 2022, 2026), la Beca de Narrativa Breve en Cultura de Jalisco (2023), Premio al Mejor Libro de Poesía de Fútbol Chileno de la Fundación IHE (2018) y la Medalla Pedro León Gallo del Gob. Regional (2023), Premio Trayectoria Artística de Atacama (2025).
