Y LE LLAMABAN POETA

Y LE LLAMABAN POETA

Y LE LLAMABAN POETA

Autor: Noé Lima.

 

Me desplomaba poco a poco, era un ícono furtivo, mis manos ardían como aves revoloteando en el parnaso. En “Les tres diables”, me pregunté con sorpresa. Sí, de hecho, frecuentaba como todos el lugar de esas musas embriagantes, donde Ícaro, por su puesto, refrescaba la lluvia con sus alas. La barra tenía hormiguitas a su alrededor, estaban encantadas. “All my loving”, raro, me dije, si éste es un bar underground. Saboreo un trago, me acaricia el verano de L. A., sobre todo porque nunca he ido.

Se me acerca un personaje mítico… Habla con un acento extraño. Le avergüenza el hecho de no tener un manojo de libros, aquí se publica, aquí se publica… El extraño maldice, de hecho, ha de ser poeta “de puta madre”, “una fiera enjaulada en el centro de la ciudad, el cuerpo de su madre pudriéndose en la tierra de verano, con una extraña criatura gimiendo a su lado… El sudor rezumaba de su brillante piel”.

Un segundo trago de vodka acaricia el filo de la noche, sólo se escucha la música con el mismo lenguaje del extraño, la lluvia hiere las palabras, que poco a poco hacen eco en el fondo del vaso. Habló de una extraña puta con piel viscosa, o del lenguaje sexual de la inminente orgía dispersa entre cabelleras enhebrando líneas en el baño, “la serpiente era de oro pálido vidriosa y retorcida, nos daba miedo tocarla… Las sábanas eran insoportables prisiones desiertas, y ella estaba a mi lado, vieja ella no es… Joven, su oscuro pelo rojizo, la suave piel blanca… Ahora, ¡Corre al espejo del baño!”.

Desplomarse poco a poco… Acaricio el vidrioso suero de Morfeo, un inmenso nubarrón descarga su furia sobre el asfalto. En efecto, veo al baño, una oleada de humo sangra en la puerta. El extraño me observa con la simpleza de las cosas fútiles, no hablo, sólo él sigue dictando sus memorias; “LOVE” suena desgarrándole el sueño a la gárgola dormida en “Les tres diables”. El extraño tiene sus ojos con el susurro del llanto, “cada casa repite un molde, ventanas laminadas, un vagón de fieras encerradas hasta la mañana... Ahora todo duerme… Silenciosas alfombras, espejos huecos, polvo ciego bajo las camas de parejas legales envueltas en sábanas, e hijas presumidas con ojos de semen, en sus pestañas, pezones”.

Vuelvo la vista al techo, dudo en pedir otro trago; sólo pienso que el dolor hace más fuerte a la poesía, el poeta absorbe otras pupilas, la misma muerte teme a la hoz de diamante de Saturno, me decido e inundo verbos entre el hielo. El extraño se levanta, agita su cabello y musita “niña salvaje”, le sigue reclamando a la noche, a su manera, reclama la suave menta de las luciérnagas... En eso suena “The velvet underground”, el extraño suspira profundamente “luna, luna, luna, te alcanzaré ¡pronto!,  ¡pronto!, ¡pronto!... Soy el rey lagarto, puedo hacer cualquier cosa, deja sonar las campanas del carnaval, deja cantar a la serpiente, déjalo todo”.

Al escucharlo pienso en los buenos poetas, en aquellos a quienes la historia les queda corta, en aquellos que practican el onanismo con su musa prohibida, o se diluyen en el magro rostro de la  urbe. El extraño hablaba también de lo mismo. He perdido la cuenta de los vodkas, y pienso que hay poetas ploras que detestan a B. B., los que se comprometen con la fama y no con la palabra.

Pido el último vodka, el extraño murmura “aquí los poetas no tienen niñas salvajes, ni fornican con su propio infierno”, “de puta madre”. Mojo mis labios con la sangre de la hienas, creo que desplomarse con el abrazo de los árboles no es privilegio de poetas; juego con el hielo que se hace escarcha con la luna…

El extraño se pone de pie, “ahora llega la noche con su legión purpúrea, volved ahora a vuestras tiendas y a vuestros sueños… Mañana llegaremos a ciudad donde nací… Quiero estar preparado”. El extraño me mira y se marcha de súbito, yo quedo con la idea firme de que era poeta. Pienso que el día tres de julio la muerte juega llena de gracia, y que ese día definitivamente, “un anciano lunático reina en los árboles de la noche”.

 

Bar "Los Tres Diablos",  una noche de diciembre de 2003.

 

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