Lo rojo, lo negro: Stendhal

kin ensayo

Lo rojo, lo negro: Stendhal

Autor: Kin Navarro

16 Agosto 2019

 

Rojo y Negro

Stendhal (traducción de Emma Calatayud)

Editorial Origen / Editorial OMGSA

México, 1983

“Un hombre de alma noble y generosa -que quizás hubiera sido amigo suyo-,

pero que vive a cien leguas, le juzgará a usted a partir de la opinión pública de su ciudad,

la cual la hacen los necios a quienes la casualidad hizo nacer nobles, ricos y moderados.

¡Desgraciado aquel que por algo se distingue!”

Stendhal

 

 

Esta obra pertenece al gran canon occidental, situada en la Francia de la primera mitad del siglo XIX, luego de las hazañas napoleónicas y durante el periodo conocido como restauración, Stendhal nos presenta un reflejo ambivalente de su sociedad. Por un lado, la vida en el campo con sus querellas e intrigas locales, por otro, la vida en la ciudad con sus ritos y tradiciones.

Mucho se ha discutido sobre el verdadero significado del título. ¿Rojo y negro? Quizás alarma y oscuridad. Cada capítulo es presentado mediante un epígrafe. Maquiavelo, Schiller, Hobbes, Lope de Vega, Shakespeare, son algunos de los nombres que engalanan el comienzo de cada nuevo apartado. Se demuestra así la amplia cultura del autor, aún más, la fascinación que sentía por el alma humana y su incansable búsqueda por iluminar esas zonas oscuras que escapan a la comprensión del ser humano sobre sí mismo. En pleno romanticismo y como precursor del realismo, Stendhal pone a prueba la movilidad social, el avance de la razón vista como progreso, el orden económico del capital, la jerarquía eclesiástica, la justicia  y la verdad como instituciones rectoras y el lugar de los sentimientos en una sociedad despiadada. Retrata las pasiones humanas siempre en función de lo que estas pueden revelar del estado de su sociedad.

En el libro primero o Rojo, la narración comienza en una pequeña ciudad de provincia, Verrières, de la que conoceremos a sus figuras principales. Los párrocos y la pujante burguesía que se hace de puestos políticos a diestra y siniestra.

Julián Sorel, su protagonista, es apenas un muchacho sombrío y ambicioso. El hijo menor de un maderero, que ha puesto toda su esperanza en la posibilidad de abrirse camino entre la burocracia eclesiástica, movido, no tanto por la fe como por la ambición. Julián es recomendado al señor de Rênal, burgués de la zona interesado, igual que los grandes terratenientes de la región, en aparentar opulencia invirtiendo en gestos significativos y superficiales. La razón de mayor peso para ser contratado es que Julián sabe capítulos enteros de la biblia, este detalle lo hace pasar automáticamente como una persona culta y estimable pese a que eso que sabe de memoria no significa mayor cosa. Rênal no tiene idea de lo que esta sencilla decisión provocará. En su casa, el joven Sorel aprenderá a conducirse con el decoro que impone la autoridad de sus patrones. Ahí conocerá la importancia de las apariencias, la forma de vestir, los modos y maneras de la buena crianza, los temas de conversación permitidos y el respeto absoluto al poder y al dinero. Julián encuentra problemas a cada paso. Todo le causa malestar, al haber nacido en posición humilde, conocedor de la carencia, el sufrimiento, el sacrificio y la renuncia; siente a todos en su contra, asume cualquier gesto como una afrenta desde el resentimiento. Deseoso de pertenecer a aquel mundo, cada pequeño aprendizaje le recuerda que ese no es su lugar. Siente un profundo desprecio hacia todo y todos pero, ambicioso al fin y al cabo, echa mano de la hipocresía para conservar ese rincón privilegiado. Desde ahí, observa con detenimiento cada detalle y espera.

El guía espiritual de Julián, el señor Chelán, es rápidamente desplazado por sus adversarios. Cualquier pretensión de justicia basada en una noción de cristiandad congruente es un estorbo para los negocios entre el Estado y la Iglesia. Si no se posee un título nobiliario, se debe sacar provecho de los puestos jerárquicos aunque ello signifique aprovecharse de recursos destinados a cárceles u orfanatos.

Pasado cierto tiempo, ya mejor acoplado, Julián terminará por cimbrar al mundo burgués a través de los sentimientos de la inocente esposade su jefe. La carrera eclesástica, con su voto de castidad, poco importan al momento de satisfacer los arrebatos que le obnubilan, parece saciar su ego demostrando su valía al arrebatar del camino recto a la mujer de su benefactor; se sitúa por encima de todo y de todos burlándose así de su sistema de creencias y, al mismo tiempo, intentando aprovecharse de él. Julián se ve obligado a escapar.

Luego de tomar algunos días de descanso junto a su amigo de infancia, Fouque, y de declinar su oferta de convertirse en empresario junto a él, Julián se dirige al seminario que lo acogerá para que finalice su formación teológica. Desde el comienzo se siente miserable, para él, los seminaristas son vulgares hijos de campesinos que apenas anhelan algo más que el pan que se llevan a la boca. Su ambición se ve ofendida. Todos sienten hostilidad hacia él y al ser visto como una amenaza es aislado. Sin embargo, encuentra aliados en el camino que le permiten ganar algunos reconocimientos y favores dentro del seminario. Esto lo lleva a ser recomendado para servir en casa de un noble parisino, el señor De La Mole. Un paso más hacia la realización de su sueño de riqueza.

Esta parte del libro se concentra en retratar los defectos y pretensiones de las clases acomodadas rurales de la época y los escalafones más bajos de la estructura eclesiástica: vanidosos, ignorantes, maliciosos, obedientes e hipócritas, igual que Julián.

El estilo de Stendhal es dinámico, parco en descripciones contextuales, directo y punzante. Su enfoque narrativo le permite navegar de la conciencia de su protagonista hacia la de cualquier personaje sin importar su importancia dentro de la trama. Sus agudas observaciones apelan directamente al lector, consciente de que éste se encuentra en la novela para recordarle que aquello que lle no es más que un artificio. Incluso resalta las propiedades novelescas de ciertos acontecimientos o actitudes que, de forma irónica, reconoce en sus congéneres como aprendidas de la literatura. Es notable el papel determinante del contexto histórico para identificar a la sociedad que busca problematizar, sin éste, no se explicarían   algunos rasgos del carácter de sus personajes. Por ejemplo, Sorel parece obsesionado con las ideas napoleónicas de grandeza mientras que aquellos que le rodean prefieren no hacerse una opinión respecto a ellas, ni siquiera mencionarlas por temor a contravenir a la opinión pública.

En el segundo libro o Negro, París, la grandilocuente capital de Francia, es retratada a través de la pequeña camarilla alrededor del palacio de los De La Mole. Ahí, Julián conoce un lujo superior al que le fascinó anteriormente. También se enfrenta a las buenas conciencias, a las costumbres rimbombantes de la aristocracia. Asiduos a bailes, óperas y reuniones en las que, en nombre del buen gusto, se han ritualizado los gestos, las conversaciones y hasta las emociones. Nada imprevisto pasará sin que sea rechazado de inmediato. Aquello que sorprende o agrada lo hace en tanto se conozca de antemano. Atestiguamos así, el estilo de vida de la más privilegiada casta del abolengo francés.

En Rojo y Negro, Stendhal retrata los grandes vicios de su época con ánimo feroz. El peso de las convenciones aplasta cualquier posibilidad de manifestar abiertamente los afectos que Sorel cultiva en su camino. El influjo de la educación sentimental y moral es palpable tanto en la opinión ajena como en el interior de cada personaje, así representa la aplastante rigidez de la época. Stendhal niega la bondad de la iglesia, en boca de su personaje, niega a Dios y al Estado. Dibuja, como muchos otros autores franceses que lo relevarán, ese malestar cultural de occidente que persigue quimeras hechas con ensoñaciones bobas de riqueza y lujo, de poder y dinero que prometen cierto bienestar a costa del tipo de humanidad autoproclamada que les oprime. Pero va más allá, mediante las peripecias del joven Sorel parece querer dinamitar la estructura de estas sociedades sin distinción y sin salvación posible. Izquierda o derecha serán controladas por políticos que perseguirán intereses propios. Con monarquía o sin ella, la riqueza seguirá concentrada en pocas manos. Al resto sólo nos queda obedecer. Las sociedades seguirán existiendo así, dominadas por sus prejuicios, limitadas por sus miedos, esclavizadas por sus costumbres. Aquel que se atreve a soñar con un futuro que no le corresponde terminará, tarde o temprano, empapado en sangre, envuelto en luto.

Comentarios

  1. Me encantó la reseña, ágil, informativa y bien usadas las palabras escogidas para narrar los pasajes de una novela histórica, que en la narrativa de este autor se vuelve vívida experiencia y clara idea. Gracias Kin Navarro por este breve regreso a aquella Francia casi olvidada.

  2. “Aquel que se atreve a soñar con un futuro que no le corresponde terminará, tarde o temprano, empapado en sangre, envuelto en luto.”

    Eso es precisamente lo que le sucede a otro Julian interpretado por Richard Gere en Gigolo Americano. Creo que Paul Schrader entendió a Stendhal de manera muy parecida. Y por eso tantas referencias a la novela en la película, especialmente la superficialidad, la ambición y la venalidad de los dos Julian.

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